De lejos oí una voz que me imploraba; desde las riberas del Escamandro donde tomaba posesión de la tierra que me dedicaron los príncipes y caudillos Aqueos en absoluto y perpetuo dominio: porción magnífica de los ricos despojos de la guerra y para los hijos de Teseo recompensa selectísima. De allí vengo con presuroso e incansable paso. No hube menester de alas: tendí al viento mi égida haciendo gemir los aires, y uncí a este carro mis poderosos corceles. — Extraña gente es la que se ofrece a mis ojos aquí reunida, la cual cierto que no me espanta; pero me asombra. ¿Quién podéis ser? A todos vosotros me dirijo; a ese peregrino que está abrazado a mi imagen, y a vosotras, que ni os asemejáis a casta ninguna de criaturas, ni los dioses os vieron jamás entre las diosas, ni tenéis figura humana. — Mas echar a uno en cara su deformidad ni es justo ni piadoso.

CORO

Con una palabra lo sabrás todo, hija de Zeus. Somos hijas de la lúgubre Noche; en las mansiones subterráneas nos llaman las Imprecaciones.

ATENA

Conozco vuestro linaje y vuestro nombre.

CORO

Pues ahora sabrás cuál es mi ministerio.

ATENA

Lo sabré si me lo explicáis.

CORO