¡El que nos trajo con bien a esta tierra, nos reciba en ella piadoso!
DANAO
Este otro es Hermes, según le presenta la tradición entre los Helenos.
CORO
¡Sea para nosotros mensajero de libertad y bienandanza!
DANAO
Rendid culto a todos los dioses que tienen aquí un altar común. Acogeos al lugar santo bandada de palomas espantada por voladores gavilanes, por enemigos incestuosos, afrenta de su propia raza. Ave que devora a otra ave ¿cómo quedará pura? ¿Cómo quedar puro tampoco quien fuerza a una virgen, y a pesar de ella y de su padre la desposa? Quien tal hiciese, ni aun después de muerto en el mismo infierno escapará al castigo de su temeraria culpa. Sabido es que ahí hay otro Zeus que juzga sin apelación los delitos de los que murieron. Considerad bien lo que os digo, y responded de esta suerte porque tengáis buen suceso en este trance.
(Sale el REY con acompañamiento de guardias.)
REY
¿De dónde podremos decir que sois, extranjeras, que así venís tan lujosamente aderezadas, con esas túnicas y esos velos a estilo bárbaro? Porque ese no es el traje de Argos ni de ningún otro de los pueblos de la Hélade. Pues cómo os habéis atrevido a llegar con intrépida resolución a esta comarca, sin mensajeros que os anuncien, ni huéspedes que os amparen, ni guías que os encaminen, cosa es también que verdaderamente asombra. Veo junto a vosotras unos ramos de suplicantes, depositados en las aras de los dioses de nuestra ciudad; sois, pues, suplicantes, y esto es sólo lo que Grecia afirmaría que ha comprendido; pero en lo demás pudieran hacerse con razón muchas conjeturas si yo no hubiese venido aquí y vosotras no tuvieseis palabra que me explicara todo vuestro suceso.