CORO
Mira solícito por nosotras; sé nuestro piadoso patrono, como es justo.
No hagas traición a una fugitiva a quien una impía violencia ha sacado de tan lejanas tierras.
¡Oh, tú, absoluto señor de esta comarca, no quieras ver que me arranquen de las aras de todos estos dioses a cuya sombra busqué un asilo! Reconoce la insolencia de aquellos hombres, y guárdate de la cólera del cielo.
No sufras que a tus ojos esta suplicante sea arrancada del pie de estos divinos simulacros, con agravio de la justicia, y que tiren de mí como de una yegua, asiéndome de las cintas que adornan mi frente y de los velos que me cubren.
Porque ten por cierto que, según como obrares, así les aguardará la recompensa a tus hijos y a tu casa. Tales son los justos juicios de Zeus. Considéralo bien.
REY
Ya está considerado; ahí vienen a dar todos mis pensamientos: o pelear con los hijos de Egipto, o pelear con los dioses. Fuerza es lo uno o lo otro; no hay salida. Ya está claveteada y carenada la nave, y rueda sobre los rodillos. Dondequiera que me vuelva me he de encontrar con el mal. Puede el que perdió su casa y su hacienda, levantarse a mayor fortuna que antes tuvo y juntar grandes riquezas, si así place a Zeus, dispensador de todo bien. Las heridas que abrió en el ánimo una lengua indiscreta, ella misma puede curarlas; conque una palabra vendrá a ser el bálsamo de otra palabra. Pero que corra la sangre de los nuestros... calamidad como ésta es necesario que no suceda. Hagamos espléndidos sacrificios; ofrezcamos a los dioses miles de víctimas, que éste es seguro remedio contra los males. Quizá me engaño por completo acerca de esta contienda; pero quiero más bien ser agorero ignorante que no sabio previsor de desdichas. ¡Ojalá contra mi juicio tengamos buen suceso!
CORO
Escucha una palabra para fin de tantas súplicas.