REY

Pero si los hijos de Egipto alegan derecho sobre ti por las leyes de su pueblo, a título de tus parientes más próximos, ¿quién querrá oponerse a su demanda? Preciso que será que excepciones con las leyes de Egipto, probando que conforme a ellas no tienen sobre ti autoridad ninguna.

CORO

¡Jamás me vea yo en manos de esos hombres! Por huír de tan odioso himeneo me aventuré a esta larga travesía y me puse a merced de las estrellas del cielo, que me guiaron. Toma, pues, por aliado a la Justicia, y decreta como pide la piedad que se debe a los dioses.

REY

La causa no es tan fácil de juzgar. No me tomes por juez. Ya dije antes que yo no haría nada sin el pueblo. Cuando tuviera potestad para ello, no querría yo que el pueblo pudiese decir nunca, si teníamos algún desastre: por favorecer a unos extranjeros has perdido a Argos.

CORO

Zeus es el juez de esta causa entre mis parientes y yo; Zeus, que se inclina siempre del lado de la justicia, y a cada cual le da lo que se merece: castigo a los inicuos, y premio a los justos. Siendo la balanza igual para todos, ¿qué mal temes tú que te avenga por hacer justicia?

REY

Negocio es éste que pide reflexión profunda. A modo del buzo que desciende al fondo del abismo, necesito yo un ojo perspicaz y nada turbado de la embriaguez, porque estas cosas sin daño para la ciudad ni para nosotros felicísimamente se rematen. No quiero que las reclamaciones de los Egipcios nos traigan una guerra; pero tampoco que por entregaros a vosotras, después que habéis buscado asilo en las aras de nuestros dioses, nos granjeemos el tremendo castigo de aquel dios vengador, huésped terrible que no se aparta del culpado ni en la muerte, sino que le persigue en el seno mismo del infierno. ¿Os parece, por ventura, que no necesito considerarlo para llegar a una buena resolución?