Vuelva a mí sus ojos la diosa Themis, patrona de los suplicantes e hija de Zeus, distribuidor de todo bien; proteja mi huída que no manchó crimen ninguno. Y tú, anciano, aprende lo que te avisa una tierna doncella. Sé piadoso con quienes te suplican, y no padecerás reveses de la fortuna; que siempre fueron aceptas a los dioses las ofrendas de un corazón puro...

· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·

REY

No es en mi hogar donde os habéis amparado suplicantes: no. Si aquí hay sacrilegio, será para toda la ciudad, y así al pueblo en común toca procurar el remedio. Yo no puedo hacer promesa ninguna sin comunicarlo antes con todos los ciudadanos.

CORO

Tú eres la ciudad; tú eres el pueblo; tú, que eres sumo juez a quien nadie juzga, e imperas en el altar, hogar común de la patria. Con sólo tu voto, a una seña tuya, todo lo decides desde lo alto de tu trono, donde no hay más cetro que el tuyo. ¡Guárdate de un sacrilegio!

REY

¡Recaiga el sacrilegio sobre mis enemigos! No puedo daros auxilio sin daño para mí, ni despreciar vuestras súplicas sin tocar en lo inhumano. No sé qué hacer, no sé qué partido tomar, y el alma se llena de temor lo mismo si quiero concederte lo que pides, que si quiero negártelo.

CORO

Piensa en aquel que desde lo alto está velando por nosotras; en aquel custodio de los mortales atribulados que acuden a sus prójimos y no consiguen ser oídos en sus justas súplicas. Nada hay que aplaque la cólera de Zeus, protector de los suplicantes, encendida con los lamentos del que padece.