Pero siempre se desconfía demasiado de los reyes.
CORO
Devuélvenos tú la alegría con tus palabras y con tus acciones.
REY
Vuestro padre no os dejará solas mucho tiempo. Yo convocaré a los Argivos y trataré de persuadir a la ciudad, y de ver cómo puedo ganarla en favor vuestro. Ya advertiré a tu padre lo que debe decir. Por tanto, espera aquí. Eleva tus preces a los dioses de Argos, y pídeles que se logren tus deseos. Yo marcho a disponerlo todo. ¡Asístanme la Persuasión y la Fortuna para alcanzar feliz suceso!
(Vase con su acompañamiento.)
CORO
¡Rey de reyes, santo de los santos, potestad altísima sobre todas las potestades, bienaventurado Zeus, escucha mis votos y haz que lleguen a cumplimiento! Aleja de nosotros a aquellos hombres insolentes; muéstrales tu justo enojo; hunde en las purpúreas olas del mar la nave fatal y sus negros remeros.
Mira por estas mujeres; mira por nuestro antiguo linaje, descendencia de una mujer que te fué cara. Renueva la memoria de tus amores; acuérdate bien cuando tu mano acariciaba la frente de aquella Io, por la cual nos gloriamos de ser oriundas de esta tierra donde nos amparamos hoy.
En ella estamos ahora marchando sobre los mismos antiguos pasos de mi madre. Aquí en los floridos campos y herbosos prados donde ella se apacentaba, siempre bajo los ojos vigilantes del pastor Argos; aquí de donde, perseguida por el tábano, huyó furiosa, atravesando pueblos y pueblos. Sumisa a su destino, pasa a nado el undoso estrecho, y demarca así entrambos continentes.