HERALDO
Que quieras que no, a la nave irás; a la nave, y pronto. Sucumbirás a la fuerza; a la fuerza de tu señor, que es poderosa; y después de haber recibido miles de ultrajes de sus manos crueles, tendrás que sufrir su lecho.
CORO
¡Ay, ay! ¡Ojalá hubieses perecido miserablemente al cruzar la movible selva de los mares, arrojado por desecha borrasca contra el arenoso promontorio de Sarpedón!
HERALDO
Grita; vocifera; llama a los dioses. No escaparás a la nave egipcia. Grita, clama; puedes quejarte de tu miseria con más amargura todavía.
CORO
¡Ay cielos! ¡Perezcas tú frente a esas costas dando voces y ladridos; tú que tan jactancioso me escarneces! ¡Que el caudaloso Nilo, que te crió, te haga desaparecer a ti, insolente, y a tu insolencia!
HERALDO
Andad, os digo. La nave ya se balancea en las ondas. ¡Pronto! Nada de tardanzas, y así no seréis llevadas de los cabellos.