CORO

¡Bien, aquí nos tenéis! ¡Heridnos el rostro; maltratadnos; cortadnos la cabeza; derramad nuestra sangre toda!

HERALDO

¡Corre, infeliz, corre a la nave! ¡Ven conmigo por el dilatado espacio donde se agitan las saladas ondas! Cede por fin al deseo de tu señor y al poder de su férrea lanza. Bañada en sangre te arrojaré en la nave. Allí, tendida en el fondo, podrás gritar cuanto quieras. Ceda, mal que te pese, tu obstinada locura. ¡Lo mando!

CORO

¡Ay, ay de mí!

HERALDO

Deja esas aras; anda a la nave. Ven a adorar a los dioses que venera nuestro pueblo.

CORO

¡Nunca más vuelva yo a ver el almo río, el de las crecidas fecundantes, el de las aguas vivíficas que vigorizan la sangre de los hombres! Mi patria, anciano, mi antigua y sagrada patria es la tierra donde se alzan las aras de estos dioses.