¡Oh tierra montuosa, de mí con tanta justicia venerada! ¿Qué va a ser de nosotras? ¿Dónde refugiarme en esta tierra de Apis? ¿Habrá alguna sombría y caliginosa caverna donde nos ocultemos? ¡Que no me volviera yo negro humo para subir hasta las nubes de Zeus y allí desvanecerme; o bien, que no pudiese yo volar sin alas como el polvo y desaparecer en el aire!
¡Alienta, corazón, ten fuerzas para huír de aquí! Pero ¡ay! que mi corazón tan sólo las tiene para palpitar, cubierto con las negras sombras del espanto. Estos lugares, donde mi padre vió mi salvación, serán mi ruina. ¡Me muero de terror! Echémonos un lazo al cuello y quitémonos la vida antes que nos lleguen las manos de esos hombres abominables. ¡Antes muertas y sometidas al imperio caliginoso de Hades!
¡Quién me diera a mí un lugar en aquellos etéreos espacios donde la nieve se engendra en las acuosas nubes, o la escueta cima de altiva, tajada y áspera roca, que se pierde en las alturas; yerma, cerrada a las cabras, y sólo de los buitres apetecida! Siquiera me aseguraría caída de muerte, antes que pasar por un cruel himeneo que rechaza mi corazón.
Y luego, sea yo pasto de los perros y aves de esta tierra; no diré que no: el morir libra de lágrimas y males. ¡Venga la muerte antes que la consumación de esas bodas! ¿Dónde, si no, encontrar camino que de ellas me liberte?
¡Alza hasta el cielo tu triste voz; rompe en doloridas letanías que te alcancen de los dioses auxilio y remedio contra tus penas! Padre celestial, tú cuyos severos ojos aborrecen la iniquidad, mira la bárbara fuerza que se me hace. ¡Sé benigno con tus suplicantes, soberano señor de la tierra, Zeus omnipotente!
Porque los hijos de Egipto con insolencia intolerable corren tras de mí, y me persiguen y acosan con grandes voces por ver de lograrme, siquier tengan que usar de la fuerza. Pero sobre todo está el fiel de tu balanza. Sin ti ¡qué pueden los mortales!
¡Oh, oh, oh! ¡ah, ah, ah! ¡Nuestro raptor, que dejó ya la nave y saltó en tierra! ¡Así mueras a mi vista antes de llegar aquí, raptor inicuo! ¡Socorro, socorro! ¡Por todas partes se oyen mis gritos de terror y angustia! ¡Principios de los males y violencias que me aguardan, ya os veo! — ¡Pronto, pronto, venid a favorecer nuestra huída! — ¡Por tierra y por mar resuenan los brutales y odiosos alaridos de la lascivia de nuestros perseguidores, codiciosa de satisfacerse! ¡Protégenos, señor del universo!
(Sale un HERALDO egipcio con acompañamiento de soldados.)
HERALDO
¡Corriendo, corriendo, a las naves! ¡Pronto!