PROMETHEO
Cierto, que entonces no te dirigiera yo la palabra, siervo.
HERMES
¿No piensas decir nada de lo que padre desea?
PROMETHEO
Y en verdad que debiéndole tanto debería corresponder al beneficio.
HERMES
¿Te burlas de mí como si fuese un niño?
PROMETHEO
Pues que, ¿no eres tú un niño, y aun más cándido todavía, si esperas que has de saber algo de mí? No hay tormento ni artificio con que Zeus me reduzca a hablar si antes no suelta estas afrentosas cadenas. Por tanto, que caiga sobre mí la llama abrasadora y la nieve de cándidas alas; que rujan los truenos habitadores de las entrañas de la tierra; que todo se conmueva y se confunda todo, que nada me doblará para que declare a manos de quién ha de caer Zeus de su tiranía.