HERMES
Considera tú si eso puede remediarte.
PROMETHEO
De antes está todo ello visto y determinado.
HERMES
Ante los males presentes resuélvete, temerario, resuélvete a pensar cuerdo una vez siquiera.
PROMETHEO
En vano me importunas exhortándome; como si hablases a las ondas del mar. Que jamás se te ponga en mientes que por temor a sentencias de Zeus me he de hacer de ánimo femenil y he de tenderle las manos como una mujer, suplicando a ese aborrecidísimo que me suelte de estas cadenas. Lejos de mí eso.
HERMES
Mucho he hablado, lo sé, y que hablaré en vano, porque tu corazón no se mueve ni ablanda con ruegos, antes como potro recién puesto al yugo, así tú tascas el freno, y te resistes violento, y forcejeas contra las riendas. Pero en vano sacas fuerzas de tu necio consejo; menos que nada puede la pertinacia del desaconsejado. Considera qué tempestad y grande ola de males caerá sobre ti sin remedio de no rendirte a mis razones. Hará padre saltar en pedazos esa áspera cumbre con la fulmínea llama en medio del estampido del trueno, y sus despojos cubrirán tu cuerpo y te estrecharán con pesados y roqueros brazos. Después de largo espacio de tiempo volverás a la luz; pero el can alado de Zeus, el águila carnicera vendrá a ti, convidado importuno, todos los días, y voraz te arrancará la carne a pedazos, y se cebará con el negro manjar de tus hígados. Y no esperes el fin de este suplicio hasta que un dios no se preste a substituirte en tus trabajos, y quiera bajar a la obscura morada de Hades y a las caliginosas profundidades del Tártaro. Con que así, determina. No es esto fingida baladronada, sino dicho muy de veras; que la boca de Zeus no sabe decir mentira, y todas sus palabras se cumplen. Mira bien, pues, en derredor tuyo, y reflexiona, y no tengas nunca la arrogancia por mejor que la prudencia.