CORO

Parécenos que Hermes no habla fuera de propósito, pues que te exhorta a deponer tu pertinacia y seguir la sabia cordura. Escúchale; que es vergonzoso para un sabio aferrarse en su falta.

PROMETHEO

Ese ha vociferado su embajada a quien ya la sabía. Pero en que un enemigo padezca malamente bajo el poder de su enemigo, no hay afrenta. ¡Caiga, pues, sobre mí el afilado rizo del fuego; conmuévase el éther con el estampido del trueno y el huracán de los vientos desatados; que la tormenta sacuda la tierra en la raíz misma de sus hondos cimientos; que invadan las olas del mar con bárbara furia los celestes caminos de los astros; que arrastre mi cuerpo el irresistible torbellino de la necesidad hasta el fondo del negro Tártaro! ¡Como quiera no podría darme la muerte!

HERMES

¡Esas son las palabras y razones que es posible oír de los mentecatos! ¿Qué le falta a tu demencia? ¿Por ventura a tratarte mejor se calmarían tus furores? Pero a lo menos vosotras, que os doléis de sus miserias, alejaos de estos lugares al punto. El horrendo rugir del trueno os dejaría atónitas.

CORO

Dime, aconséjame cualquiera otra cosa, y serás obedecido; pero esas palabras que has pronunciado no las puedo tolerar. ¿Cómo? ¡Tú me mandas rendir culto a la cobardía! En los males que haya de padecer, con él quiero entrar a la parte; que yo aprendí a odiar a los traidores, y no hay ruindad que más me repugne que esa.

HERMES

Pues acordaos de lo que a tiempo os he advertido, y cuando os asalte el mal no acuséis a la fortuna, ni digáis jamás que Zeus os hirió con improviso golpe. En verdad que no, sino vosotras mismas, que a ciencia cierta, y no a deshora ni con cautela, seréis cogidas por vuestra locura en la red del infortunio, de la cual nadie se desenvuelve.