(Vanse HERMES y las OCEÁNIDAS.)

PROMETHEO

Ya las palabras son obras. La tierra se agita, y el eco del trueno ruge en sus hondas entrañas; y las inflamadas vueltas del rayo fulguran en el aire; y el polvo se levanta en revuelto torbellino, y los ímpetus todos de los vientos se desatan, y en encontrados soplos se chocan en porfiada pelea; y el mar y el aire se encuentran y confunden. Contra mí a no dudar, y de parte de Zeus, viene esta furia poniendo espanto. ¡Oh deidad veneranda de mi madre!, ¡oh éther, que haces girar la luz común para todos, viéndome estáis, cuán sin justicia padezco!

LOS SIETE SOBRE THEBAS

Aparece ETEOCLES, el CORO y PUEBLO.

ETEOCLES

Ciudadanos de Cadmo: menester es que en la ocasión hable quien vela por la república, sentado en la popa de la ciudad, timón en mano, y sin rendir los ojos al sueño. Porque si salimos con bien se dirá: ¡un dios lo hizo!; pero si, lo que no suceda, sobreviene un desastre, sólo Eteocles será el infame que andará en coplas entre los ciudadanos, y contra él irán los ayes y clamores. ¡Líbrenos de ello Zeus, defensor, y haga con la ciudad de los cadmeos según su nombre! Hora es esta de que vosotros todos, el que aún no ha llegado a la flor de la mocedad, y el que ha tiempo que salió de ella, y el que sustenta un cuerpo lleno de vigorosa lozanía, cada cual, cuidadoso como debe, defienda la ciudad y las aras de los dioses patrios, porque jamás sean privados de sus honores; y a los hijos, y a la tierra madre, amorosa nodriza que tomando sobre sí toda la fatiga de vuestra infancia, os criaba cuando de niños os arrastrabais por su propicio suelo, como a quienes habíais de ser sus habitadores fieles, que la han de cubrir con sus escudos en este trance. Hasta el presente día sin duda que algún dios se inclina a nosotros benigno. Asediados, durante ese tiempo, gracias a los dioses, las más veces nos ha sido la lucha favorable. Pero hoy, el adivino, ese pastor de las aves, que sin ayuda del fuego pesa en su oído y ánimo con no engañoso arte los agoreros signos; ese dueño de los augurios nos anuncia que anoche se juntaron los Aqueos, y determinaron el ataque decisivo contra la ciudad. Ea, pues, lanzaos a las almenas y a las entradas de las torres; corred, armaos de todas armas, poblad las defensas, manteneos firmes en las plataformas de los baluartes, y apostados en las avenidas tened buen ánimo, y no temáis a una turba de extranjeros. El dios, que lo ha comenzado bien, lo acabará. Por mi parte he enviado espías y exploradores del campo. Espero que no han de perder la jornada, y en oyéndoles no seré tomado de sorpresa.