(Vase el ESPÍA.)

CORO

¡Oh Eteocles, para mí el más querido de los hombres! ¡oh hijo de Edipo, no quieras hacerte semejante en condición a quien tan feamente has denostado! Que Argivos y Cadmeos vengan a las manos; baste con esto. Sangre es que puede expiarse. ¡Pero la muerte de dos hermanos así suicida!... No hay vejez para tal mancha.

ETEOCLES

Cualquier mal que me aviniere, como sea sin ignominia, venga en buena hora; que en la muerte está el único bien. Mas no dirás que hay gloria en lo que sobre desdicha es vergüenza.

CORO

¿Y aún lo intentas, hijo? No te arrastre esa funesta y loca ansia de pelea que llena tu alma. Desecha de ti ese primer impulso de una mala pasión.

ETEOCLES

Pues que el cielo da prisa por el desenlace, láncese viento en popa a las ondas del Cocyto, que son su herencia, toda esta raza de Layo aborrecida de Febo.

CORO