PRIMER SEMICORO
Hasta la que fué su morada envían sus ecos mis desconsolados ayes; ayes por ellos; ayes por mí, y por mis propias desventuras. Duelo cruel, que huye toda odiosa alegría, y hace que con no fingida pena desfallezca el corazón, y se deshaga en lágrimas por los dos príncipes hermanos.
SEGUNDO SEMICORO
Mas sea lícito decir de los tristes, que ellos fueron causa de grandes males para sus conciudadanos y para esas invasoras haces de extranjeros que en inmensa muchedumbre han perecido en la pelea.
PRIMER SEMICORO
¡Infeliz de la que los parió, sobre todas cuantas mujeres llevaron nombre de madres! Que recibió por esposo a su propio hijo, y de él concibió a los que así acabaron ahora matándose el uno al otro con aquellas manos nacidas de un mismo seno.
SEGUNDO SEMICORO
Sí, los dos a quienes un mismo seno había concebido, muertos quedan a la vez por una herencia amarga, en furioso combate que ha puesto fin a su querella.
PRIMER SEMICORO
Ya la enemistad cesó, y en la sangrienta y empapada tierra se juntaron sus vidas. ¡Ahora sí que son de una sangre!