¡Ay! ¡verdad! ¡Qué grande piélago de males se ha precipitado sobre los Persas y sobre toda la raza de los bárbaros!

MENSAJERO

Pues bien puedes creer que eso no es ni la mitad de nuestras desgracias. Otra calamidad ha venido sobre los Persas, tal, que pesa tanto como aquéllas, y también dos veces más.

ATOSSA

¿Y qué desdicha más funesta pudiera haber ya? Habla. ¿Qué calamidad es esa que dices que ha venido sobre el ejército, y que supera los más terribles de los males?

MENSAJERO

Toda aquella juventud persa, sin iguales en el valor, por su generosa sangre insignes, y en la fidelidad a su señor siempre los primeros, toda ella pereció con infame y miserable muerte.

ATOSSA

¡Ay de mí sin ventura! ¡Oh calamidad desdichada! ¡Amigos! — ¿Con qué muerte dices que perecieron?

MENSAJERO