En la provincia de Moxos, los resultados máximos de los fallecimientos han tenido siempre lugar durante los meses de mayo, junio y julio; es decir, en el período de los tres meses mas secos y frios del año, época subsecuente á aquella en que las aguas que cubren la provincia se evaporan dejando superficies inmensas llenas de pantanos y de charcos estancados y fétidos. Bien pudiera por lo tanto atribuirse el resultado máximo de los fallecimientos, durante la estacion de seca; 1° á los vientos del invierno, naturalmente frios para unos hombres acostumbrados á un temperamento tan caluroso y que andan siempre casi desnudos; 2° á las enfermedades (fiebres intermitentes) que determinan los miasmas mortíferos de que se halla entónces recargado el aire.

Es ciertamente curioso que el resultado máximo de los fallecimientos se produzca en Europa, de igual modo que bajo la zona tórrida, en la estacion mas fria del año. (Véase la obra ya citada del señor Quetelet, t. II, pág. 310 y t. I, pág. 188.) Así pues, haciendo abstraccion de las influencias locales que acabo de indicar, acontece en Europa, respecto de los fallecimientos, lo mismo que se observa en América.

En Moxos, la época del resultado mínimo de los fallecimientos concuerda con el momento en que abundan las lluvias; es decir, con el período en el cual las faenas del navegante son ménos penosas, siendo mas cortas las comunicaciones, y en el que cesan tambien las exhalaciones pútridas de los lugares pantanosos.

Salubridad de la provincia.

Si como corolario de lo que acabo de decir relativamente al movimiento de la poblacion y á los fallecimientos, se quiere echar una rápida ojeada sobre la salubridad de la provincia, veremos que su dilatada superficie es mucho mas sana de lo que pudiera suponerse en vista de la gran cantidad de pantanos que por el tiempo de seca exhalan todos los años vapores corrompidos: y efectivamente, no se conoce en la provincia una sola enfermedad especial; y el número de personas atacadas por las fiebres intermitentes, en los meses de marzo y abril, es ciertamente muy reducido, sobre todo en las orillas del Mamoré. Estas fiebres no presentan jamas un carácter maligno y son mucho ménos intensas que en las provincias de Mizqué y de Valle Grande.

Algunas veces el esceso de humedad suele causar disenterias. Esta enfermedad, en otro tiempo muy temida por los indígenas, es hoy en dia mucho ménos frecuente, y pasa fácilmente con los refrescos.

La estraordinaria mortandad que se advierte en Moxos proviene de dos accidentes; ó del frio, tan pernicioso para las criaturas; ó de alguna de las muchas fiebres eruptivas, como las viruelas, el sarampion y la escarlatina que hacen sus estragos entre las personas de todas edades. Todos los indígenas atacados por la fiebres de invasion, sintiendo interiormente un calor que los abrasa, creen hallar algun alivio con ir á tomar un baño; de donde resulta desde luego una repercusion hácia el interior, que ocasiona la muerte. Entre tanto, para hacer cesar semejante mortandad bastaria que los curas y administradores ejerciesen una vigilancia activa.

Una gran parte de las criaturas mueren á los diez dias de haber visto la luz, ya por la falta de cuidados, ya por la accion demasiado fria de los vientos del sud. Las mugeres entregadas sin descanso á las faenas que les imponen los administradores, sea por su propia cuenta, sea por cuenta del gobierno, se ven obligadas á desatender á sus reciennacidos, que mueren por los sufrimientos á que los espone su edad y esta especie de abandono.

Administracion de la provincia.

Hasta 1842, la provincia estubo regida por gobernadores subordinados al prefecto de Santa-Cruz, y que ejercian sus funciones tan despóticamente como se le antojaba. Un gobernador tiene bajo sus órdenes, en la capital, un administrador general que hace las veces de secretario, y en cada poblacion, un administrador particular investido de ciertos poderes de que abusa con tanto mas descaro cuanto que se encuentra apartado de los que pudieran reprender su conducta, no haciendo caso de las órdenes que les transmiten los superiores. Son ellos los jueces y árbitros de los indígenas á quienes hacen castigar algunas veces sin escuchar mas voz que la de sus caprichos. Bajo las órdenes de cada uno de estos administradores hay un cacique indígena y varios otros gefes subalternos que existian en tiempo de los Jesuitas, no habiéndose alterado á este respecto, como ya lo dije, las instituciones de aquellos religiosos.