Debe igualmente equivocarse el mencionado autor en creer que los Jesuitas hayan empleado este medio por que—«era de temer en efecto que pueblos salvages y feroces entendiéndose y comunicándose mutuamente, conociesen sus cadenas, y las rompiesen muy presto:»—al contrario, enseñaron el español estos religiosos en cada una de sus misiones, de lo que dan testimonio los documentos de aquella época; y no solamente esto, sino de que trataron de generalizar una de las lenguas indígenas, como lo practicaron en la provincia de Chiquitos estinguiendo los diversos dialectos que se hablaban en ella. Si no pudieron hacer otro tanto en Moxos no ha sido pues por falta de voluntad y de reiterados esfuerzos.

Halléme por acaso en Trinidad en una de las ocasiones en que bajan á esta capital todos los administradores de la provincia, conduciendo los productos anuales de sus respectivas misiones. Esta reunion fortuita de indígenas de todas las naciones del pais fué la única oportunidad que se me presentó para poder comparar de hecho los rasgos y demás circunstancias físicas que caracterizan á las diferentes naciones establecidas en el territorio de Moxos. El cobarde Itonama parecia mas enjuto al lado del robusto y feroz Canichana, al paso que el Cayuvava se distinguia por su fisonomía dulce y por su grave porte, hasta entre los Moxos y Baures que tienen los mismos rasgos. El lenguage tan diverso de estos indígenas, naturales todos ellos de un territorio bastante limitado, presenta un fenómeno singular y misterioso. ¿Cómo esplicar en efecto el que unos hombres, habitando una misma llanura cruzada en todos sentidos por caudalosas corrientes, vehículos naturales de comunicacion, hayan podido aislarse tan completamente los unos de los otros, para que hablen unos idiomas, no solamente distintos, sino agenos de la mas pequeña analogía hasta en sus palabras? Si esta raza proviene, como es de creer, de las antiguas emigraciones que vinieron de diversos puntos del continente, cómo es que no se encuentran en sus variados dialectos algunas palabras que nazcan de las lenguas mas generalizadas en otra parte? Semejantes reflexiones me han ocupado muy á menudo al oir producirse á la vez los distintos idiomas de estas naciones; el dialecto, duro y lleno de sonidos compuestos de consonantes, que hablan los Movimas, y el lenguage dulce y armonioso de los Baures. Por lo demas, los vocabularios que yo mismo he redactado de cada una de estas lenguas, me han ayudado á conocer mejor sus grandísimas diferencias.

Hay actualmente en cada mision un maestro de escuela que enseña á leer y escribir el castellano; pero bien se calcula cuanto deben ser ineficaces sus esfuerzos, entre gentes que hablan un idioma distinto. Encuéntranse, sin embargo, algunos intérpretes que hablan el castellano con bastante facilidad y aun con cierta correccion, y entre ellos uno que otro que sabe escribirlo.

En general son aptos los indígenas de Moxos para toda clase de adelantos, y tienen muchísima habilidad para imitar las obras manuales, siendo por otra parte muy capaces de alcanzar á la mas alta perfeccion moral. Hoy en dia son poco próvidos; pero las relaciones comerciales y el contacto de la civilizacion no tardarán en hacerles conocer que deben serlo, forzándolos á dar este primer paso hácia la vida social. Todos ellos son por lo demas, activos, industriosos, de costumbres pacíficas, y sumamente dóciles cuando se les trata con bondad.

Muchas personas, no queriendo ó no pudiendo estudiar los idiomas y las costumbres de los Americanos, se han contentado con adoptar, sin discutirlas siquiera, las ideas erróneas y sistemáticas de ciertos escritores. Cuando sepultaban los Españoles, por la mita, millares de indígenas en el seno de la tierra para el laboreo de las minas, despoblando el suelo del nuevo mundo por enriquecer á la península, era menester que de algun modo justificasen este acto de inhumanidad y de avaricia, demasiado ventajoso á la metrópoli para que fuese jamas abolido. En ese entónces publicó Diego de Avalos y Figueroa su Miscelánea austral[1], en la que consideraba á los pobres Americanos como á verdaderos brutos. Antonio Ulloa copia y exagera en sus Noticias americanas[2], siempre con igual objeto, las mismas ideas, y presenta á los indígenas, como unos seres del todo irracionales, moviéndose y ejecutando las cosas maquinalmente. Dos autores europeos del siglo pasado, sin estar al cabo de los motivos que tenia el autor de las Noticias americanas para hablar tan poco lisongeramente de los naturales de América, adoptaron sin exámen sus mentirosos asertos. Pauw (Recherches sur les Américains) y Robertson (Histoire de l'Amérique) no solamente copiaron al pié de la letra las ideas de Don Antonio Ulloa, sirio que las exageraron aun, hasta el estremo de hacer de los Americanos unos entes, tan nulos en lo moral como en lo físico. Si tales ideas han prevalecido en el viejo continente, entre los llamados filosofos sistemáticos, poco solícitos en indagar por si mismos la verdad, debe parecer ciertamente mucho mas estraño verlas caer de la pluma de un Americano, protector el mas celoso de la libertad individual de los habitantes de Moxos. Para juzgar con la debida cordura sobre el estado de un pueblo, es menester vivir con él y seguirlo constante en todos sus pasos, familiarizándose para mayor acierto con sus costumbres y hasta con su lenguage. Esto es por desgracia lo que no ha practicado el autor á que me refiero, dando una prueba de ello en la demasiada facilidad con que adopta el parecer injusto de Robertson.

[Nota 1: Impresa por la primera vez en Lima, 1602.]

[Nota 2: Impresas en Madrid, 1772.]

No solamente se hallan dotados los indígenas de talento natural, sino que se reconocerá en sus lenguas, si se quiere tener el trabajo de estudiarlas, un grado de perfecion, nada inferior á la esfera de sus conocimientos actuales.

Estos indios, escelentes padres de familia, soportan todos los ultrages que se les quiere hacer, y cediendo á la autoridad despótica de los mandatarios que los rigen, se prestan muchas veces á ejercer actos inmorales, no sin escandalizarse y sentir amargamente la triste necesidad á que se ven sujetos. Son por lo regular sumamente sóbrios, pero gustan de reunirse entre ellos para buscar la alegría, bebiendo con algun esceso la chicha de yuca ó de maiz. Reina siempre la mejor armonía en el interior de las familias, que son sumamente hospitalarias para con los estrangeros; poro se han visto ya tantísimas veces correspondidas con procederes inicuos, que hoy en dia desconfian de ellos con sobrada razon. Las mugeres, generalmente bonitas, tienen casi siempre la sonrisa en los labios.

Las viviendas de los indios forman cuerpos de edificio cuadrilongos, llamados cuarteles, donde se alojan muchas familias en cuartos separados por simples tabiques. El maiz, la yuca, los plátanos, los sapallos, algunas frutas silvestres y un poco de pescado componen los alimentos ordinarios de estos naturales, á mas de la racion de carne que se les da cada quince dias. Los hombres se ocupan alternativamente, ó en conducir á los viageros y trasportar de un punto á otro los productos de las misiones, ó en hacer tegidos y labrar los campos del Estado. Las mugeres hilan, tegen las hamacas, preparan el cacao, el algodon y el tamarindo, sin perder de vista sus quehaceres domésticos. Si no tuviesen que temer constantemente estas infelices los castigos y el azote de sus directores, gozarian, á pesar de lo mucho que se les hace trabajar, de una vida mas blanda y llevadera que la de las mugeres de la clase artesana en la Europa civilizada.