[Nota 1: Esta costumbre de bailar delante de las procesiones, con la cabeza cubierta de plumas, es general en todo el Perú, y tambien sobre los altos llanos de los Andes.]
Es en la semana santa sobre todo cuando se puede tener una idea mas completa de la exageracion á que han llegado en Moxos los actos esteriores de la religion católica. El domingo de ramos todas las iglesias se encuentran dispuestas para los ejercicios de la semana, y adornadas con varios grupos de estatuas pintadas, representando las escenas de la pasion. La flagelacion, la coronacion de espinas, la via sacra y finalmente la crucifixion, representadas por estos grupos, ocupan el medio de la iglesia; mas, como los Españoles han exagerado siempre todo lo que es ostensible en materias de religion, apénas se descubren formas humanas entre la multiplicidad de llagas y entre la sangre de que se ven cubiertas las imágenes del Redentor.
Despues de las vísperas, una tropa de indios, vestidos como volatines con los colores mas vistosos recorren toda la mision haciendo de judíos que van en busca de Jesus. Divídense para ello en varios grupos, y por donde quiera que pasan, se prosterna el pueblo delante de ellos. Por la noche vuelve á reunirse la tropa y se pone en marcha, acompañada de la música mas triste. Los sonidos lúgubres de las cajas destampladas, y los tonos plañideros de las flautas y de otro instrumento que produce ciertos sonidos de trémolo, forman un acorde musical tristísimo. Este instrumento, que se sopla de una manera particular y que solo se emplea en esta circunstancia, se compone de un tubo largo, cuya estremidad está cubierta por una grande calabaza.
Llegado el miércoles santo, guardan todos los habitantes el ayuno mas riguroso, es decir, que se abstienen absolutamente de tomar un solo bocado; esto es á lo que llaman ayunar al traspaso.
El viérnes santo se agolpan todos á la iglesia para oir el sermon de la agonía que empieza ántes de las tres de la tarde: en el momento de sonar esta hora, llega el cura al punto en que espira el divino Salvador; la iglesia resuena entónces con los golpes de pecho mezclados á los ayes de dolor y á los arrebato de la desesperacion se dan contra el suelo, se tuercen los brazos, se arrancan los cabellos, se hieren el rostro ó se sacan sangre á fuerza de azotes. Por la noche sale la procesion llevando en andas los diferentes grupos de estatuas, y lodos todos los habitantes, sin distincion de edad ni de sexo, van con las espaldas desnudas dándose recios azotes con unas correas de cuero llenas de nudos: segun las penitencias que se les ha prescrito, algunos indios se azotan con disciplinas guarnecidas de pedazos de vidrio ó de clavos aguzados y en forma de gancho, que penetran en las carnes y que es menester arrancar con esfuerzos, haciendo correr la sangre en abundancia. Detras de la procesion, que da una vuelta muy pausada en torno de la plaza, marcha una multitud de penitentes; los unos arrastrando con sumo trabajo enormes y pesados leños por medio de sogas atadas á la cintura, y las que propósito están cubiertas de gruesos nudos que se meten en las carnes; los otros, andan de rodillas, llevando al mismo tiempo sobre los hombros gruesas vigas á las que van amarrados sus brazos abiertos en cruz. Muchos de ellos, en consecuencia de la pérdida de su sangre y de la total abstinencia de alimento, se quedan desmayados sobre el sitio. Los indios de San-Xavier y los de Trinidad son los mas fanáticos de toda la provincia: en esta última mision, un indio anciano se presta voluntariamente para representar á Jesus, y el jueves santo sale atado á una columna, y escoltado por una tropa de judíos armados de lanzas, de azotes y de otros instrumentos de suplicio, con que es torturado sin misericordia en las cuatro esquinas de la plaza. Don Matias Carrasco, gobernador que fué de la provincia, habla en estos términos, en su Descripcion sinóptica de Moxos, pág. 20. «En la época de la cuaresma hacen estos naturales penitencias públicas, y es tanto lo que se azotan, mortifican y maceran, que los mismos faquires de la India quedarian admirados. Las estaciones del jueves santo sigue un anciano que sacan de nazareno desnudo y amarrado á una columna escoltado de un piquete de judíos armados de lanzas, chicotes y otros instrumentes, que le aporrean, escarnian y lo azotan con mano feral.»
Sorprende ciertamente tanta exaltacion religiosa entre los indios de la nacion de los Moxos al paso que en las otras naciones de la provincia se advierte mucho ménos fanatismo. En las misiones de Chiquitos, fundadas igualmente por las Jesuitas, la ceremonias de la semana santa se hacen con la misma simplicidad que en Santa-Cruz; y aun en las otras misiones de la provincia de Moxos, jamas han llegado á tanto semejantes escesos. La antigua religion de los Moxos pudiera tal vez esplicar esta circunstancia. Unos hombres que en su estado salvage hacian voto de castidad y se imponian el mas riguroso ayuno para obtener el cargo de sacerdotes del tigre; unos hombres á quienes la supersticion impulsaba hasta el bárbaro estremo de inmolar á sus hijos y mugeres, debian naturalmente ser fanáticos bajo el régimen de un culto exagerado: debian serlo mucho mas todavía, obedeciendo á unos eclesiásticos interesados en aumentar los abusos para tener sobre ellos mayor ascendiente que los mismos administradores, y para gobernarlos despóticamente por el temor de las rígidas penitencias que les imponian bajo los pretextos mas pueriles. Por desgracia son muy comunes hoy en dia semejantes abusos, y rara vez se encuentra un hombre de conciencia y de buen juicio entre aquellos que ocupan los empleos públicos de la provincia, donde por lo regular, el espíritu de especulacion se antepone al deseo de mejorar la posicion social de los indígenas. El sábado santo, el silencio mas profundo reina en las misiones. Todo cambia de aspecto el domingo de pascua: cada familia saca la chicha fabricada de antemano para celebrar el regocijo de aquel dia: se reparte doble racion de carne á todos los indios, que ántes de la misa, pálidos y estenuados por tanto ayuno y penitencia parecen unos esqueletos ambulantes, arrastrándose apénas en vez de caminar. Acabados los oficios, una alegría sin límites reemplaza á tantas escenas de dudo, y ya no se oyen por todas partes sino risa y voces de contento; empero, tal es el efecto que produce la cincha sobre unos estómagos debilitados por la prolongada abstinencia, que por la noche casi no queda un solo indio sin haber perdido la cabeza. Los funestos resultados de estos abusos de todo género, deben tener indispensablemente una grande influencia sobre la salud de los habitantes; muchos de ellos permanecen largo tiempo enfermos en consecuencia de las penitencias de la semana santa y de los escesos del dia de pascua.
La actual poblacion indígena de la provincia aun se divide en diez naciones diferentes, que han conservado sus respectivos idiomas. La nacion de los Moxos, con sus tribus adherentes (los Baures) no por ser la mas numerosa ha llegado á dar su idioma á la provincia, como han dado el suyo los Chiquitos en la provincia vecina, que lleva tambien su nombre. Los Jesuitas trataron, sin embargo, de confundir las naciones para reducir los dialectos; pero no habiéndolo consiguido, cada nacion conserva todavía su lenguage; de lo cual tambien resulta que á escepcion del cura, del administrador y de algunos indígenas intérpretes, nadie habla el castellano. Los curas y administradores se comunican con los indios por medio de intérpretes, á ménos que los primeros no se sirvan, para los deberes religiosos, de ciertos formularios que dejaron los Jesuitas, en los que las preguntas y respuestas se hacen en las lenguas indígenas.
Un autor[1] ha dicho: «Reducidos los Moxeños hace dos siglos á una vida comun y monacal, sujetos todos á un gobierno, con unos mismos párrocos, una misma religion, casi con iguales hábitos y costumbres, es muy estraño que no se hubiesen identificado en su lenguage. Los esclavos han hablado siempre como sus amos; y los pueblos conquistados, perdiendo su idioma han aprendido el de sus conquistadores…. Casi toda la Europa y la América forman el testimonio de esta verdad, y solamente los Moxeños hacen una escepcion y presentan un fenómeno muy raro en esta parte.»
[Nota 1: Descripcion sinóptica de Moxos.]
El autor sienta en este punto un principio falso, sin embargo de tener á la vista, en su mismo pais, numerosos ejemplos que destruyen su sofisma. Si los pueblos, como él cree, toman siempre el idioma de los conquistadores, cómo es que en el espacio de tres siglos, no han podido los Españoles estirpar las lenguas primitivas que hasta el presente se hablan en algunos puntos de América? Porqué, despues de la conquista y á pesar de una dependencia de trecientos años, los habitantes de Cochabamba, de Chuquisaca y de Potosí, hablan siempre la lengua quichua; así como los indígenas de La-Paz, de Oruro y de los altos llanos el dialecto aymará?—Sucede con las lenguas lo que con la civilizacion: es el número lo que determina su tardía ó mas pronta propagacion. En Chiquitos los dialectos de la minoría han sido reemplazados por la lengua de la nacion mas numerosa; mas para que sucediese otro tanto en Moxos, habria sido menester que una de las naciones se hubiese desparramado mucho mas que las otras, confundiéndose en cierto modo con todas ellas. En general, para que un idioma se pierda, es indispensable que sea doble mayor el número de los individuos que hablan aquel con que se halla mezclado, y que trascurran ademas algunos siglos. La provincia de Moxos no se encuentra en semejante caso respecto del castellano; pues apénas hay en ella de treinta á cincuenta personas que hablen este idioma europeo, entre mas de veintidos mil indígenas que se sirven hasta el presente de varios dialectos americanos.