La corriente del rio Chaparé me ha enseñado por todas partes aluviones modernos arenosos; he creido notar sin embargo, sobre muchos puntos, que bajo estos aluviones se ocultaban arcillas cenagosas, pero sucede esto tan solo á una gran distancia de las montañas. Los primeros quijarros se manifiestan en la confluencia de los rios Coni y de San-Mateo. He visto realizado esto mismo en el rio Securi. En todos los parages donde la corriente no transita por sobre los terrenos ya recorridos por las aguas, he visto una espesa capa de terreno de aluvion, formada de arena muy fina ó de arcilla parda, hornaguera, la cual encubre una arcilla cenagosa, amarilla ó rojiza, de una época bien distinta y que anunciaba evidentemente provenir de causas anteriores al actual estado de cosas. Un documento histórico sobre la edad de los aluviones me lo aseguró completamente. Sobre un ribazo del rio Securi, algo mas abajo de su reunion con el rio Sinata, llegué á descubrir una barranca, poco mas ó ménos, de ocho varas de alto, que habia quedado á descubierto por estar las aguas enteramente bajas. Esta barranca se componia; de dos varas de arcilla cenagosa amarilla rojiza, un poco untuosa y en la que no vi resto alguno de cuerpos organizados; de una capa de seis varas de arena muy fina, frecuentemente entremezclada con arcilla y con arcilla hornaguera negruzca. En la parte inferior de estas últimas capas, y en un pequeño trecho lleno de carbon de leña, encontré gran número de fragmentos de vagilla de barro cocido, cuyas formas revelaban aun el uso á que estaban probablemente destinados los vasos y demás útiles que tales tiestos debieron componer. Estos vestigios de una morada antigua de la raza indígena, que descubrí enterrados como cinco varas mas abajo del terreno actual, sobre el cual se alzan hoy en dia árboles corpulentos y que cuentan muchos siglos, dióme un seguro testimonio de que la existencia de toda aquella arena menuda ó de esa arcilla hornaguera debia ser posterior al establecimiento del hombre en aquellos lugares; siéndome permitido por lo tanto, considerar con evidencia esas capas de aluvion como enteramente análogas á las capas formadas por los fenómenos todavía existentes.
La corriente del rio Grande me ha presentado aluviones hasta la confluencia del rio Piray; pero muy luego hame ofrecido este por todas partes arcillas cenagosas, ó levemente pegajosas, amarillentas ó rojizas, las cuales componen todo el álbeo del rio y sus ribazos. Son estas arcillas las que toda vez que las aguas se encuentran bajas determinan esa especie de cachuelas, en donde la diferencia súbita del nivel haciendo que la corriente sea mas rápida, obliga á los navegantes á retirar del agua sus canoas y á trasportarlas por tierra hasta salvar la cachuela, para volver á emprender su marcha por el rio. Esta especie de resaltos de media vara á dos varas de altura se componen totalmente de arcilla amarilleja poco cenagosa y en la que no están muy marcadas las capas. He notado en esta arcilla concreciones calizas, análogas á las de las pampas; y he descubierto ademas, en el álbeo mismo del rio, osamentas de grandes mamíferos fósiles en un estado algo desmenuzable, las cuales me dieron una prueba inequívoca de que todas esas arcillas, mas ó ménos cenagosas, ó los limos de la provincia, pertenecen evidentemente al mismo periodo geológico que el gran depósito de las pampas, y que por lo tanto deben resultar de una causa comun.
Para dar un resúmen sobre la composicion geológica de la provincia de Moxos, voy á pasar sucesivamente en revista las diferentes épocas geológicas, que se ven marcadas en el vasto recinto que ella forma.
En ninguna parte se encuentran allí vestigios de rocas de orígen ígneo.
Los gneiss y los filados de la época siluriana, son igualmente desconocidos.
El terreno devoniano, representado por piedras areniscas compactas, es la parte mas ínfima que allí se advierte. Estos terrenos no presentan grandes superficies: dos pequeños retazos que pertenecen á series ocultas bajo los aluviones, se muestran tan solo, la una inmediata á la mision del Cármen, la otra al este de Magdalena; ámbos dos al este de la provincia.
Los terrenos carboníferos presentan en medio de aluviones, y bajo la forma de piedras areniscas rojas y desmenuzables, dos pequeños morones, el uno cerca de San-Ramon, y el otro no léjos de Exaltacion. Estos terrenos constituyen, por la parte del norte, la cerranía de Beira, inmediata al rio Iténes, y que se dirige de oestenorueste á estesudeste: ellos componen tambien, por el sud, las últimas colinas de la vertiente oriental de la cordillera, que forman la otra estremidad de la provincia. Es ciertamente una circunstancia muy notable el que esas dos estremidades de la gran llanada de Moxos[1] estén formadas par cerranias. La primera de estas, que es la de Iténes, va á perderse hácia el sudoeste, al paso que la otra se inclina al nordeste; de lo cual debiera acaso inferirse que ántes de las dislocaciones que han colocado á estos terrenos en el sitio donde hoy se encuentran, no formaban ellos sino un solo depósito. Dichos terrenos carboníferos se hallan cubiertos, ya por aluviones modernos, ya por conglomeraciones ferriferas pertenecientes á los terrenos terciarios.
[Nota 1: Véase en la lámina 10, fig. 1, el corte geológico trasversal de la provincia, y el mapa geológico de Bolivia.]
Entre tanto no he visto en Moxos una sola capa que pueda corresponder á los rangos, triásico, jurásico, ó cretáceo.
Los primeros depósitos, que han nivelado las dislocaciones del rango carbonifero son conglomeraciones ferruginosas de hierro hidratado ó de arcillas llenas de ese mismo hierro en pepitas. Estos depósitos, de que se ven á descubierto algunos retazos en San-Ramon, San-Joaquin y sobre las riberas del rio Iténes, cerca del fuerte de Beira, me han parecido idénticos á mi terreno guaraniano, que tan desenvuelto se manifiesta en Corrientes sobre el rio Paraná; y en efecto, él se compone tambien de conglomeraciones ferriferas ó de arcilla llena de pepitas de hierro hidratado. Como quiera que sea, estos terrenos forman capas perfectamente horizontales, las que en el fuerte de Beira se sobreponen inmediatamente á las piedras areniscas de los terrenos carboníferos. En todas las otras partes, ellos se encuentran encubiertas por arcillas cenagosas.