Entre tanto, mi empresa habia sido mal vista por algunos empleados de Moxos, los que siendo mandados de Santa-Cruz de la Sierra, no dejaban de inquietarse con el establecimiento de una comunicacion mas abreviada por via de Cachabamba. Despertáronse las antiguas rivalidades; y un triste acontecimiento vino entónces á desbaratar todo la proyectado.

El coronel Dávila, á quien yo habia dejado en Cochabamba, ya pronto á partir para Moxos con la mision de operar las numerosas reformas, que de concierto con el señor Carrasco le habiamos indicado en beneficio de los infelices habitantes de esta provincia, acababa de sucumbir á impulsos de un fuerte cólico que le habia sobrevenido en la antevíspera de su salida, á las pocas horas de estar en su casa de regreso de una tertulia. Tal fué la triste nueva traida por las canoas, que habian ido á buscarlo á Isiboro. Vi pues con sentimiento que se inutilizaban tantos esfuerzos como habia yo hecho para conseguir la mejora de la condicion de los indígenas que habitan esas lejanas comarcas.

El 8 de setiembre, siguiendo el curso del rio Piray, encontré al señor obispo de Santa-Cruz, que iba encargado por el gobierno á visitar la provincia de Moxos, para estirpar en ella los abusos religiosos. Un banco de arena nos sirvió de retrete por veinticuatro horas, en cuyo período tuvimos una larga conferencia con el illustrísimo señor Córdova, personage instruido y muy amable, sobre el lamentable estado de la provincia de Moxos, indicándole yo los medios que me parecian as conducentes á la refría de abusos de todo género, que iban diariamente en auento. Probé entónces un momento de satisfaccion, encontrando en este digno prelado un protector solícito de la humanidad, dispuesto á poner en juego todos los resortes para llegar al fin que tanto deseabamos, la mejora de la condicion de los indígenas.

Hallándome en Moxos en 1832, don Carmelo Rivera, gobernador interino de la provincia, trató de reprimir los desórdenes y purgar el pais de esos empleados especuladores y poco honrados, tomando para ello una medida enérgica. Mandó apostarse, sobre todos los caminos, emisarios encargados de apoderarse de las canoas cargadas, para luego verificar en la capital los productos del año que ellas conducian. Esta medida no dejó de producir el efecto deseado. Todos los administradores fueron sorprendidos con mayor cantidad de frutos en su propiedad, que la parte destinada para el Estado; no se necesitaba testimonio mas claro del uso inicuo que hacian de sus funciones, y del partido que sacaban de los pobres indios, valiéndose de la autoridad que tenian sobre ellos para hacerlos trabajar como á esclavos. Convictos plenamente de tamaña culpabilidad, fueron todos destituidos en el acto.

ESTADO ACTUAL DE LA PROVINCIA

Division política.

Es de creer, por lo acontecido con las misiones del Paraguay[1], que la conservacion de las instituciones de los Jesuitas, bajo los diferentes gobiernos que se han sucedido en el periodo de sesenta y cinco años, ha evitado la destruccion de las misiones de Moxos; así, al visitar yo la provincia en 1832, hallé, con otros hombres por gobernantes, con diferentes costumbres y una prosperidad bien inferior, intactas todavía todas las instituciones administrativas y religiosas que aquellos misioneros habian dejado en 1767, época de su espulsion.

[Nota 1: Véase lo que digo á este respecto al ocuparme de la provincia de Chiquitos, que dependia del Paraguay.]

Con la supresion de cuatro misiones, bajo la administracion de los curas[1], y la creacion del Cármen y de San-Ramon en tiempo de los gobernadores[2], la provincia consta actualmente de trece lugares habitados, que se dividen generalmente en dos partidos, el uno denominado Mamoré y Pampas y el otro Itonamas y Baures. El primero se compone de Trinidad, de Loreto, de San-Xavier, de San-Ignacio, de San-Pedro, de Exaltacion, de Santa-Ana y de Reyes. El segundo encierra las misiones de San-Ramon, de San-Joaquin, de Magdalena, de Concepcion y del Cármen.

[Nota 1: Véase la pág. 192.]