«Cuando se ve que las bellas colecciones, hechas antiguamente por Commerson y por Dombey en paises vecinos á los visitados por el señor de Orbigny, están todavía en gran parte inéditas, y que algunas porciones solamente han sido descriptas en veinte obras diferentes, no es nada estraño el temor que manifestamos.
«Si se reflexiona, por otra parte, en la suerte que cabe al mayor número de jóvenes doctos á quienes la pasion por el estudio de la naturaleza arrastra á esos viages peligrosos; si se recuerda que en diez y ocho años corridos desde que la paz general ha vuelto á abrir los mares, sobre ocho viajeros naturalistas del Museo de historia natural que han emprendido largas espediciones, cinco, Godefroy, Havet, Plée, Duvaucel, y ha muy poco todavía, el infortunado Jacquemont, han perecido léjos de su patria; que Lalande y Leschenault sucumbieron al cabo de pocos años á las enfermedades contraidas en sus penosísimos y largos viages, y que por tanto el señor de Orbigny es acaso el único, entre los que han vuelto á Francia con sus colecciones, que tiene la posibilidad de hacer conocer por si mismo los resultados de sus investigaciones, se convendrá en que es muy justo esforzarse, cuanto sea posible, para hacerle gozar de la recompensa mas dulce que él debe esperar despues de tan larga peregrinacion; tal es la publicacion de materiales conseguidos á costa de tantos riesgos y fatigas; sobre todo, cuando una profunda y vasta instruccion de parte del viagero anuncia de antemano toda la utilidad que las ciencias habrán de sacar de tan importante trabajo.»
GEOGRAPHÍA.—Relator, el señor Savari.
«Es bien raro que un naturalista viagero dé su atencion, con el mismo interes que á los objetos tan variados de sus estudios especiales, á un asunto de investigaciones no ménos útil, pero mas árido, la configuracion exacta y detallada de los parages que recorre. Es mas raro que este viagero extienda así voluntariamente el circulo de sus tareas, cuando sin preparacion, sin guia y casi sin instrumentos arrostra nuevas dificultades. Esto es lo que con un celo infatigable ha hecho el señor de Orbigny.
«A la llegada de este señor á Bolivia da principio en cierto modo su segundo viage. La república de Bolivia, compuesta de la mayor parte del antiguo alto Perú, es un pais poco mas ó ménos igual á la Francia en superficie: pais notabilísimo bajo su aspecto geográfico. Un lago inmenso; grandes ciudades casi tan elevadas sobre el nivel del mar como la cima de las mas altas montañas de Europa; montañas que dominan este lago como el Monte-Blanco domina el Ródano y Ginebra; sobre esas montañas, ricas minas y las mas encumbradas de cuantas beneficia el hombre: de la otra parte de las cordilleras, vastas llanuras cruzadas por grandes rios, navegables en una extension de unas de doscientas leguas, y cuyas corrientes, poco conocidas hasta de los habitantes mismos, en nada se asemejan á las representaciones trazadas al acaso en nuestros mapas; un clima frio en la proximidad del ecuador: sobre una vertiente de las montañas, tempestades periódicas cada dia durante una parte del año, en el resto de él un cielo constantemente despejado; sobre la otra vertiente, una humedad perpetua; tal es el pais para la formacion de cuyo mapa detallado el señor de Orbihny ha recogido allí mismo los elementos minuciosos.
«Estos elementos son reconocimientos ejecutados, para las direcciones, con ayuda de la brújula, para las distancias recorridas, con el relox en la mano. Las formas del terreno, dibujadas sobre una grande escala, han sido hechas á pincel con un talento admirable. No trepido en comparar estos reconocimientos con lo que el depósito de la guerra posee de mejor, en este genero, sobre muchos puntos de España.
«Para dar, en cuanto á la configuracion del pais, una idea de las rectificaciones que, segun el señor de Orbigny, requieren los mapas actuales mas desparramados, bastará citar la posicion de una grande ciudad (La Paz) trasportada de un lado de la cordillera principal sobre el lado opuesto. Esto es lo mismo, poco mas ó ménos, que si un mapa de Europa presentase á Turin sobre la vertiente de los Alpes que mira á la Francia.
«Un asunto de investigaciones, que toca ménos directamente á la Academia de ciencias, pero que será siempre de un interes general, esto es, el estudio de las lenguas y de las antigüedades del pais, ha dado resultados muy curiosos al señor de Orbigny: mas de treinta y seis vocabularios distintos; rastros de sistemas de numeracion, cuya base es unas veces el número cinco, otras el doce; singularidades sorprendentes y características, tales como una lengua hablada en una extension considerable del pais, y en la que cada objeto tiene dos nombres exclusivamente empleados, el uno por los hombres, el otro por las mugeres: todos estos datos, de los que muchos se ligarán tal vez á las conexiones y á las grandes emigraciones de los pueblos, darán probablemente mas realce á la narracion que debe esperarse del señor de Orbigny. La historia de las artes encontrará tambien en ella algunos documentos preciosos.
«Volviendo al objeto especial de este informe, y para hacer apreciar en una palabra el trabajo que me ha sido sometido, diré que los materiales topográficos del señor de Orbigny unidos á las posiciones determinadas por el señor Pentland, harán que pueda construirse el mapa detallado de un pais, que es tan grande como la Francia, con una exactitud comparable á la de nuestros mapas de la España; yo expresaré el deseo de que las minutas de este trabajo, que acaso no volverá á ejecutarse jamas, sean conservadas en una de nuestras colecciones nacionales: el autor se encuentra en el caso de terminar la redaccion y el dibujo, de publicar en fin sobre una escala reducida, aunque bastante grande todavía, el mapa de las regiones que ha recorrido. Semejante publicacion seria ciertamente la mejor y mas propia demostracion de agradecimiento que la Francia dirigiese al gobierno de Bolivia, por la proteccion ilustrada que ha prestado este al señor de Orbigny, poniendo constantemente á su disposicion todo genero de recursos[1].»
[Nota 1: Se nombró igualmente una comision en la Sociedad de geografía, la que segun el informe de sus comisarios, tuvo á bien acordarme, en 1834, la medalla de oro del gran premio annual de 1832.]