Con todo, los Estados Unidos insistieron en que si no se retiraban las tropas francesas en un término dado, se romperian las hostilidades.
En el mismo orden de ideas que el Poder Ejecutivo, el Congreso Americano habia sancionado por unanimidad el 4 de Abril de 1864 esta proposicion: El Congreso declara que no conviene á la política de los Estados Unidos el reconocer un gobierno monárquico establecido en América sobre las ruinas de un gobierno republicano y bajo los auspicios de un gobierno europeo cualquiera que sea.
Terjiversando con habilidad sobre los principios proclamados solemnemente mas de una vez por los Estados Unidos é invocando los procedimientos históricos de la nacion en ese punto, los diplomáticos franceses trataron de probar que el Señor Juarez no ejercia el gobierno de Méjico en el hecho, insinuando, además, que podria producirse un cambio, con anuencia de ambas naciones, sin incluir, por cierto, en él al lejítimo Presidente Señor Juarez.
El Señor Seward, inspirándose en una sana política y conquistando lejítima gloria para su pátria, contestó, que indudablemente el Señor Juarez no ejercia un gobierno de hecho, teniendo el poder de derecho, pero que si eso sucedia solo debia atribuirse á la presencia de las tropas francesas en el territorio mejicano. Manifestó así mismo, que los Estados Unidos no podian desconocer al gobierno reconocido ya del Señor Juarez, quien seguramente tendria los medios de ejercer su autoridad una vez retiradas esas tropas.
Las negociaciones arribaron al resultado que se deseaba, la evacuacion de las tropas francesas. Es indudable que sin el temor de romper abiertamente con los Estados Unidos, en una época en que Napoleon tenia bastante con las preocupaciones de su propio gobierno, ellas hubieran retardado su retirada dilatando con su odiosa presencia el triunfo de la causa nacional.
Apenas se alejó el mariscal Bazaine, Jefe á la sazon de las tropas y faltó al raquítico Imperio el auxilio de fuerza que ellas le daban, este se derrumbó con una rapidez mayor de la que se habia requerido para crearlo.
Perdido el primer apoyo era necesario buscar uno nuevo. La Archiduquesa, valiente compañera de Maximiliano, fué á Europa con el propósito de solicitarlo para el trono de su esposo; pero la intervencion diplomática de los Estados Unidos impidió nuevamente el envío de los contingentes de tropas con que Austria y tal vez Bélgica pensaban auxiliar al desgraciado príncipe en su incierta posicion y este tuvo que esconder su impotencia en Queretaro donde el ejército republicano lo sitió, lo venció y pronunció, en consejo de guerra, la terrible sentencia de muerte.
No es esta la oportunidad de hacer un juicio detenido sobre la debatida cuestion de si fué ó no conveniente para Méjico el lamentable fin del Archiduque, pero merece consignarse la opinion espresada entonces por los Estados Unidos.
El Señor Seward, antes de conocer el fatal desenlace, dirijió al representante americano acreditado cerca del Señor Juarez una nota en la cual significaba que la severidad ejercida con los prisioneros republicanos capturados en Zacatecas hacía temer como represalia una severidad semejante para con el príncipe y sus soldados estrangeros, consumándose asi un hecho que pudiera ser perjudicial á la causa nacional de Méjico y al sistema republicano en todo el mundo. Indicaba, por lo tanto, la conveniencia de hacer conocer al Presidente el deseo de los Estados Unidos de que el príncipe y sus secuaces recibieran un tratamiento humano.
El Señor Seward demostró, pretendiendo impedir la ejecucion de Maximiliano, que su pátria se preocupaba de los intereses republicanos. No ignoraba el célebre estadista que, en todas las épocas de la historia, la consecuencia lójica del sacrificio de los reyes ha sido la rehabilitacion del trono.