En cuanto al General francés Forey, fué insolente en su contestacion y en su conducta arbitrario; dijo que el Señor Almonte era un proscrito y que la bandera francesa siempre protegia bajo sus pliegues á los desgraciados.
Despues de este incidente, las tropas españolas é inglesas se retiraron y las francesas continuaron la campaña interventora ejerciendo todo género de crueldades contra los nacionales que pretendian poner un dique á su irrupcion y ocupando militarmente á Puebla, Orizaba y la capital.
Por entonces manifestó Napoleon III cuales eran sus ideas respecto á la invasion que habian practicado sus tropas en el nuevo mundo. En carta dirijida al general Forey espresaba que tan inusitada intervencion respondia: 1º Á poner un obstáculo á la absorcion de esa parte de América por los Estados Unidos—2º Á impedir que la gran confederacion anglo-sajona llegara á ser la única intermediaria para el comercio del continente norte-americano—3º Á restablecer el prestijio de la raza latina en América.—4º Á acrecentar la influencia de Francia por medio del establecimiento en Méjico de un gobierno mas simpático á sus intereses.
Si el documento que contiene tan atrevidos conceptos no fuera privado, pareceria hasta inverosímil que un monarca europeo tuviera la audacia de insinuar su intencion de cambiar el sistema de gobierno en un pueblo amigo, á mérito de restablecer el prestijio de la raza latina! Como si tal prestijio pudiera alcanzarse buscándolo en el pasado y no en el porvenir, en instituciones y en prácticas contrarias al progreso y no en aquellas que siguen su camino de adelantos para responder á aspiraciones que son tambien las del pueblo frances: la libertad, la igualdad, la fraternidad.
Calumnia Napoleon á los Estados Unidos al manifestar el temor de que estos absorban á las demas naciones de América; pero aunque así no fuera, siempre su observacion se miraría como impertinente y ridícula, pues llegado el caso, seguramente muy remoto, de que los Estados Americanos se sometieran á un poder estraño, preferirian subordinarse al sistema republicano federal de Washington antes que al centralista de Paris.
Pueden aparecer en la república modelo gobernantes ó muy torpes ó demasiado ambiciosos para buscar en la conquista el engrandecimiento de su pátria; mas ¿en qué puede afectar eso á los vecinos, si el carácter y la índole de aquel pueblo lo alejan de la violencia y le inspiran el deseo y el interés, que impone á sus mandatarios, de influenciar tan solo con sus ideas y sus prácticas?
Cuando la bandera francesa flameaba en los edificios públicos de la capital mejicana, Maximiliano, que habia rechazado las proposiciones de Almonte, obedeció las insinuaciones de Napoleon y renunciando á todos sus títulos y derechos como principe austriaco aceptó el Imperio, si bien bajo la condicion de que el cambio de gobierno fuera solicitado por la mayoria de la nacion.—Entonces se produjo esa farsa de adhesiones y de llamadas que, bajo la presion de las bayonetas estranjeras y las inspiraciones de los cabecillas del partido reaccionario, dió por resultado el viaje del nuevo monarca á Méjico, donde llegó, acompañado de su esposa, el 29 de Mayo de 1864. La apoteosis de que fué objeto, en medio de arcos de triunfo y de entusiasmo comprado á peso de oro, engañaron por completo á Maximiliano, haciéndole concebir ideas exajeradas sobre la popularidad de que gozaba su nombre y la simpatía que merecia el nuevo sistema en el pueblo mejicano. Comenzaba ya á ser víctima el noble príncipe del partido conservador y de la política maquiavélica de Napoleon III.
Sorprenderá que llegaran las cosas á este punto sin que los Estados Unidos hicieran un solo acto de protesta. Debe observarse, sin embargo, que en esa época la Union se encontraba dividida por la lucha mas ardiente que ha presenciado su territorio y que el Gobierno no podia distraer ni fuerza ni atencion en tan graves circunstancias.
Una vez que este, reconstituido despues de la guerra, pudo contar con el próximo y definitivo restablecimiento de la paz interna, envió instrucciones al Señor Adams, Ministro en Francia, para que manifestara al Emperador que cualquier intervencion hecha con el propósito de imponer nueva forma de gobierno á la República de Méjico se miraria como una declaracion de guerra.
Muchas y muy especiosas razones dió el gabinete francés para probar que la invasion solo tenia por objeto exijir el cumplimiento de las obligaciones contraidas por la República y que la presencia del Archiduque en Méjico se debia al espontáneo llamamiento de la mayoria del país.