Mas que las anteriores ha tenido que lamentarse de la inclinacion desmembradora del caudillaje la Confederacion Centro-Americana, organizada despues del triunfo de la revolucion en el territorio de la antigua capitania general de Guatemala.
A poco de fundada la nacionalidad, un pronunciamiento que estalló en Honduras separó este Estado de la Confederacion, ejemplo que imitaron muy luego, San Salvador, Costa Rica, y Nicaragua.
La insignificancia de estas nuevas secciones impone constantemente, como es natural, la conveniencia de reunirse para formar un todo respetable. En época reciente pretendió el jeneral Zaldivar, Presidente de la República del Salvador, producir un movimiento político para lograr tan elevado propósito.
El mensaje de ese majistrado, leido en las Cámaras á principios del año 1883, decia: «La situacion favorable en la cual se encuentra la América Central, exenta de toda inquietud esterior y gozando de entera seguridad bajo el reinado de instituciones armónicas donde predominan las ideas liberales; el hecho de que todas las repúblicas están en comunícacion instantánea por medio del telégrafo, y el impulso que se dá á la construccion de caminos de hierro; en fin, el sentimiento que cada una tiene de su propia debilidad en tanto que persistan fraccionadas como lo están hace cuarenta años, todo hace presentir profundamente que se acerca el dia ardientemente deseado por el patriotismo, en que nuestras poblaciones, con la conciencia de sus grandes destinos busquen en la reconstruccion de nuestra nacionalidad los medios más razonables y eficaces de realzar el noble nombre y desenvolver la grandeza de nuestra querida pátria centro americana.»
El argumento de la falta de comunicaciones, que siempre se ha levantado como un obstáculo para toda union continental, se opuso tambien al restablecimiento de la Confederacion Centro-Americana.—Estas son ideas preconcebidas, pues las comunicaciones son acaso mas difíciles en Venezuela, Méjico, Colombia y el Brasil, todas naciones perfectamente organizadas.
Sin que pueda, pues, atribuirse á otra causa que á los temores de una preponderancia que no tiene razon de ser, el Gobierno de la República de Costa Rica opuso su resistencia á la union deseada; pero como esta determinacion era completamente impopular, se esperaba que el próximo cambio de gobierno produjera un cambio de política mas en armonia con los intereses de la América Central y la aspiracion de sus ciudadanos. Los violentos atentados de Barrios, dictador de Guatemala, para imponer por las armas y por su voluntad personal una trasformacion política que solo puede ser útil y duradera cuando se produzca por la voluntad espresa y manifiesta de los pueblos, ha retardado la solucion deseada.
Las otras repúblicas de la América Central se opusieron al tirano y algunos paises como Méjico y los Estados Unidos, que debian mirar en Barrios un vecino peligroso, pensaron intervenir en la contienda. Por fortuna los centro-americanos comprendieron que era llegada la hora del peligro, se aliaron y emprendieron con decision la campaña que les dió en breve una espléndida victoria contra las aguerridas tropas guatemaltecas.
La imposicion de Barrios fué vencida en los campos de Guatemala y solo hay que lamentar que tambien lo fuera la idea de la reconstruccion nacional.