A impulsos de tal propaganda se podrá contrariar el hecho desconsolador de que las instituciones hispano-americanas sean, á lo menos en la práctica, como esos conciertos que se forman en las casas de vecindad entre el violinista del primer piso, el clarinete del segundo y el corneta del tercero, ó como los ferro-carriles de Colombia, donde por construirse muchos no se ha llegado á tener uno bueno.
La comparacion es vulgar, pero es exacta.—En la tierra de Bolívar la estructura del país opone sérios obstáculos al desenvolvimiento material; pero como las ideas no reconocen en la topografía valla alguna y los colombianos han seguido siempre con interés los progresos que la industria moderna realiza en otras naciones, natural era que pensaran en hacer ferro-carriles en su pátria.—Solo que si el Gobierno encontraba oportuna la construccion de una vía en el Estado de Santander, por ejemplo, el del Cauca reclamaba haciendo valer derechos semejantes en razon de que las leyes nacionales acuerdan á cada uno de los Estados la misma capacidad política y los mismos derechos ante los recursos jenerales del país; y si este último obtenia alguna proteccion en favor de su deseo, el del Tolima hacia notar á su vez, que no habia razon ni justicia en abandonarlo al atraso eterno de la mula.—Resultado de tan variadas exijencias tenia que ser el espectáculo que presencia hoy el viajero en aquella república, ridículo, si se quiere, por el momento, pero grandioso tal vez en lo futuro. Es indudablemente poco sério eso de encontrar varias veces por dia durante la penosa navegacion del rio Magdalena, rodeando á los mas miserables ranchos de indíjenas, estaciones de ferro-carril con aparatosos continjentes de rieles amontonados, locomotoras, coches, carros, etc., que no prestan servicio activo ó que recorren á lo sumo una estension de diez á quince millas. Estiéndanse todos esos trabajos comenzados, comuníquense unas vías con otras formando una red jeneral y uniforme y entónces Colombia será uno de los paises mas avanzados y ricos del nuevo mundo.
En materia de instituciones hágase otro tanto entre todas las repúblicas de oríjen español, imítese uniformemente la lejislacion que tan grande y poderosa ha hecho á la república del Norte; entónces todas y cada una en su esfera, habrán conquistado la estabilidad, la paz y el adelanto, contribuyendo así al bienestar propio y al de todos los hombres que de otras partes del mundo vengan á buscar esos beneficios y los que son inherentes al suelo americano.
Los resultados que se esperan de llamar todas las fuerzas de la civilizacion á su verdadero centro, deben buscarse sin el ánimo de colonizar esas tierras con una raza dada, porque la observacion de que la raza sajona pretende apoderarse del comercio del mundo puede ser pertinente en lo relativo á las actuales nacionalidades, pero en manera alguna á la influencia que pudieran traer al nuevo mundo, donde los elementos de asimilacion son tan poderosos que absorberán á todos los hombres y á todas las razas que se establezcan en su suelo.—Eduardo Laboulaye, el injenioso escritor que con tanta penetracion ha estudiado los progresos de los Estados Unidos, dice: «Para demostrar al mundo que el nuevo principio de civilizacion no depende ni de la raza ni de la sangre, los americanos han abierto su país á todos los pueblos del universo sin que semejante afluencia cause pertubacion alguna en su marcha regular.»—El principio á que él se refiere es el democrático, característico del sistema político fundado en América y contrario á todas las formas de gobierno republicano ideadas en Europa. Aplicándolo con verdad es como los Estados Unidos han alcanzado su apojco actual y es como, en mi concepto, obtendrán los otros países del nuevo mundo el puesto que les corresponde á la cabeza del progreso moderno.—En efecto, la historia de la civilizacion es la historia de las migraciones; y la prueba de que América es el asiento de la que se desenvuelve en el presente, está gráficamente espresada en la circunstancia de haberla elejido como nueva pátria los emigrantes asiáticos y los europeos: aquellos dirijiéndose en cantidades á los Estados Unidos, á Colombia y al Perú; estos estableciendo una séria corriente hácia los mismos Estados Unidos, la República Arjentina y el Brasil.—Y si los intereses del progreso están en estas jóvenes naciones, nada tienen que buscar en Europa, ni es razonable suponer, como se ha significado algunas veces, que se formen entre ellas pactos ofensivos.—Deben, si, alcanzar todo jénero de garantías á fin de obtener la estabilidad y de consolidar para siempre la paz internacional de unas con otras; deben con especial empeño, aspirando á tan altos fines, prestijiar y realizar la armonia institucional.
¿Para qué hacer, ahora, la historia política de los Estados Unidos? ¿Para qué buscar razones en favor de su sistema, si los resultados que el mundo contempla admirado tienen una elocuencia superior á todas las fraces? Nada puede, por cierto, desvirtuar el hecho inaudito de que un siglo de trabajo y de libertad dentro de la ley haya bastado para convertir á una simple colonia en la nacion mas poderosa y civilizada de la tierra!
Las repúblicas hispano-americanas, que tan ligadas están en el pasado por su oríjen y por sus luchas, en el presente por sus costumbres y por su idioma; que tantos motivos tienen de uniformar tambien sus aspiraciones en lo futuro ¿donde deberán buscar esa útil cohesion de prácticas y de propósitos? ¿En el estudio y en el ejercicio de las instituciones que se ha dictado esa gran nacionalidad ó en la observancia de leyes añejas que nada bueno han producido? La respuesta no puede ser dudosa.—El interés bien entendido de cada una de ellas debe inclinarlas á imitar las primeras para conquistar los mismos beneficios adquiridos á su amparo; el de todo el continente consiste en desenvolver esas mismas instituciones, porque marchando en un mismo sentido es como sus diversas secciones alcanzarán la fuerza que debe ponerlas á cubierto de los ataques y la paz continental, aspiracion suprema de la civilizacion americana. El interés de la humanidad, en fin, exije, del mismo modo, la unidad de accion en el nuevo mundo, pues solo en ella puede fundarse el desarrollo del principio republicano.
La elaboracion del perfeccionamiento político es sencilla para los pueblos de América; y no hay motivo de suponer que ocasione como en Europa revoluciones terribles, porque el privilejio fué para siempre vencido en la tremenda guerra de secesion, cuando el Sud en nombre de las prácticas aristocráticas sostenia el eterno sometimiento de los esclavos y el Norte en apoyo de la idea democrática defendió é hizo triunfar la santa causa de su emancipacion.—Sostengo que fué definitivamente aniquilado en América el espíritu reaccionario porque algunas repúblicas se habian anticipado á los Estados Unidos otorgando al hombre negro las prerogativas y derechos del hombre blanco y porque las otras imitaron muy luego tan noble ejemplo.
La América del Norte, la del Centro y la del Sud, á pesar de tener incuestionables distinciones en su progreso material, se encuentran en condiciones morales semejantes; ni en unas ni en otras hay nobles, príncipes ó marqueses; no hay esclavos, no hay párias: solo hay ciudadanos que trabajan por su bienestar propio y contribuyen al de la sociedad en que viven.—En tan favorables circunstancias ¿no es tiempo ya de hacer pesar en la balanza política á pueblos que tan altos fines persiguen? Es claro; y en ese sentido es de fundamental importancia prestijiar sus instituciones por la simultaneidad de sus procedimientos.
Asi que los hombres públicos de la América hispana se interesen con decision en el perfeccionamiento de sus leyes, tiene que acontecer lo que sucedió en Estados Unidos al organizarse la nacionalidad; que se conquisten una por una las prácticas mas sábias, á medida que la educacion política adquiera mayor ensanche.—En la pátria de Washington los primeros trabajos de organizacion lejos de halagos solo ofrecian decepciones. Se quiso fundar una série de nacionalidades pequeñas en los territorios de las antiguas colonias, que protejidas por un Congreso comun de delegados cumplieron los fines esternos é internos; pero este cuerpo era una quimera sin la fuerza de accion que corresponde al representante de la soberanía nacional: no podia hacer empréstitos, ni crear impuestos; debia garantizar la paz y no tenia los medios de sostener un ejército; debia hacer frente á los gastos de la Nacion sin tener otra fuente de recursos que los subsidios voluntarios de los Estados. Los americanos buscaron entonces los medios de equilibrar los poderes subalternos y sostenerles una relativa independencia otorgando, no obstante, al poder central la fuerza y las facultades que le imprimieran carácter de tal. El resultado que la prudencia y habilidad de sus estadistas produjo, todos lo conocemos: es la Constitucion, son las prácticas mas adelantadas que conocen los fastos de la humanidad. Ahora, es indudable que en las otras repúblicas hay que luchar contra hábitos adquiridos y leyes dictadas ya en un sentido opuesto, porque algunas han querido fundar grandes nacionalidades con peligro de la libertad y centralizando el gobierno como en las viejas naciones de Europa y otras han ensayado el sistema federal sin la preparacion necesaria para adoptarlo, por falta de recursos en las subdivisiones respectivas y por carecer estas de elementos de vitalidad y de educacion política en sus habitantes.
No importa, los errores cometidos han recibido ya la inevitable leccíon de la historia y las conquistas realizadas asumen una importancia tal, que todas las naciones de América sentirán la necesidad de imitar, y de imitar bien, las instituciones de los Estados Unidos.