Ademas, asi como es dificil que los inmigrantes europeos ó asiáticos modifiquen totalmente las costumbres sociales y las prácticas politicas de América, es siempre de temer que los gobiernos de Europa procuren contrariar el desenvolvimiento de las ideas liberales que en el nuevo mundo predominan.—El tema se ha debatido ya muchas veces en los gabinetes, en los Parlamentos y hasta en los Congresos internacionales del viejo mundo. La reunion diplomatica de Troppau estableció á principios de este siglo el derecho de intervenir á mano armada en paises estraños, especialmente al tratarse de poner obstáculos á toda tendencia contraria á la monarquia. En vista de estas manifestaciones, en presencia de las declaraciones posteriores de otros gobiernos; á sabiendas de que Francia é Inglaterra han debatido públicamente sobre cual de ambas razas ó potencias debe influir con su intervencion en los destinos del nuevo mundo; si muchos diarios de Italia han llegado á insinuar que en época no muy remota los paises del Rio de la Plata deben convertírse en colonias de sus nacionales; si el Ministro Robilant ha tenido la audacia, muy recientemente, de espresar torpes amenazas contra la integridad territorial de varias naciones de América; si cada dia se significan en todas partes de Europa pretenciones mas ó menos encubiertas en el mismo sentido ¿no es inconcebible que los defensores de la república en América no hayan buscado aun los medios de ponerse á cubierto de tales peligros?
Estos dichos y estos hechos demuestran, pues, que setenta años de independencia, entre la vergüenza de la anarquía y la tarea de la organizacion, no han desarraigado del cuerpo político americano el mal que su fraccionamiento orijina ¿Por qué? ¿Porque los gobernantes han procedido siempre como el curandero inesperto que emplea remedios perentorios y locales para atacar un vicio que es de naturaleza orgánica? El Congreso de Troppau, la Santa Alianza, las espediciones de los piratas, las intervenciones en Méjico y en el Rio de la Plata, las violaciones frecuentes del territorio americano, como en la costa de Mosquitos, en Colombia etc, comprueban la existencia de un mal periódico y demuestran que los remedios aplicados hasta hoy solo producen efectos transitorios.
La necesidad de alcanzar de un modo eficiente la solucion definitiva que requiere esa constante amenaza de reclamaciones injustas y arbitrarias por parte de los gobiernos fuertes y el interés de conservar y propagar las instituciones libres, debe necesariamente reunir á los pueblos de América impulsándolos en la misma corriente de ideas.—De un modo ó de otro, aunque la evolucion sea paulatina, la tendencia natural del progreso y la bondad del principio democrático hará que se realice en América la armonia institucional.
CAPÍTULO XI
INTERÉS ECONÓMICO
La inmensa estension territorial comprendida entre el estrecho de Bhering y el cabo de Hornos es la parte del mundo mas favorecida por la naturaleza.—Asia ocupa una rica zona y tiene tambien climas variados, pero su poblacion, decadente y decrépita por la idolatría y la poligamia, no se encuentra en condiciones de trabajar con enerjia en el desarollo de su comercio y de su industria.—Europa, cuyos habitantes son inteligentes y laboriosos, ha obtenido ya el mas alto grado de adelanto; y no puede continuar marchando en una via próspera porque la densidad de su poblacion, en término medio de doscientos cincuenta habitantes por milla cuadrada, es escesiva para tierra tan exhausta y cansada de dar frutos. Africa ocupa una fecunda rejion intertropical; mas ¡qué diferencia con la de América! Allí las soledades del Sahara y de la Etiopia, los arenales de la Nubia y los sistemas orográficos é hidrográficos mas pobres; aqui los inmensos valles, la vejetacion portentosa, las grandes montañas, los mas caudalosos rios del mundo y las altiplanicies con sus climas primaverales.—Por lo que hace á las dos zonas templadas del nuevo mundo, pueden sostener comparaciones ventajosas con las de Europa ó Asia, donde no hay rios como el Missisipi ó el Plata, ni llanuras fertiles y estensas como las del Far west en los Estados Unidos ó las pampas arjentinas.
Se observará con razon que el trabajo es uno de los elementos indispensables de la produccion y que todas estas ventajas naturales de América no compensan el inconveniente que ocasiona la falta de brazos. Es cierto; en Estados Unidos, donde la poblacion sube á sesenta millones, se calcula como término medio una densidad de diez y ocho hombres por milla cuadrada; y las otras naciones del nuevo mundo son tan estensas y tienen una poblacion tan poco compacta que considero inconducente hacer el cálculo de su densidad media. Pero todo esto ¿qué prueba? Que durante mucho tiempo todavia el comercio de América debe pagar un tributo relativo al trabajo intelijente del manufactor europeo; de ninguna manera que el comercio de Europa deba absorber eternamente la produccion americana. Por el contrario, es patriótico y necesario restrinjir tal monopolio, concediendose las nacionas americanas recíprocas franquicias y facilidades para el intercambio de sus productos. Se comprende, por ejemplo, que la República Arjentina mande su lanas á Europa y vuelva á recibirlas despues convertidas en jéneros y en telas diversas; y esto mismo porque la riqueza pecuaria y la agricultura satisfacen ampliamente las necesidades económicas de los habitantes.—Lo que no es aceptable, es que los productos naturales de algunos paises de América vayan á Europa á pagar un simple tributo de tránsito; que el comerciante arjentino ó chileno busque en Londres tabaco de la Habana, cacao de Venezuela ó café de Centro América. Lo que debe considerarse inadecuado es que se consuman en aquellos mismos paises ciertos artículos manufacturados en Europa que se fabrican en mejores condiciones de precio y de calidad en los Estados Unidos.