«Comuniqúese esta resolucion al Honorable Senado y al P. E. á fin de que este se sirva trasmitirlo al Ministro Argentino en Washington.»

En su feliz esposicion el Señor Calvo menciona que ha indicado al Señor Helper la conveniencia de comenzar los trabajos en el Cabo de la Vírjenes y no en el estrecho de Bhering, haciéndole notar cuanto importaria para la realizacion del gran pensamiento el que la compañia pudiera construir, á poca costa relativamente, mil quinientas ó mas millas en las llanuras que atraviesan de norte á sur la República Arjentina. Considera que el Señor Helper acepta la idea y que, halagado con la esperanza muy justa de que esa primera seccion comienze á dar á la empresa resultados apreciables, se propone prestijiarla en Estados Unidos. Los diplomáticos latino-americanos residentes en Washington y los hombres mas espectables del país han manifestado ardientes simpatías á favor del proyecto y el gobierno mismo no será estraño á él.

He mencionado anteriormente la mision oficial de los Señores Tacher y Reynolds que visitaron todos los paises de América haciendo estudios prácticos sobre el mismo proyecto del Señor Helper y buscando los medios de estender el comercio de los Estados Unidos y de fortalecer las relaciones de amistad y de principios entre unos y otros. En ella un espíritu suspicaz puede descubrir el objeto interesado de atraer á Estados Unidos el comercio considerable que todas esas repúblicas sostienen con Europa. De todas maneras la competencia conviene. La evidencia misma de la superioridad de la marina mercante europea ha sujerido á los americanos, como un medio de alcanzar su objeto, la idea de crear comunicaciones terrestres con esos pueblos. Para apreciar toda la importancia política y económica que ellos acuerdan al ferro-carril intercontinental, debe leerse la carta que con fecha 20 de Marzo de 1882 dirijió al Señor Helper el Señor Hiram Barney.—Dice asi: «Su plan de uniformar el sentimiento americano y los intereses comunes de los pueblos de ambos continentes y de suministrar medios de comunicacion comercial á todas las nacionalidades americanas parece enteramente factible, mas económico y seguramente mas productivo, por los grandes objetos que tiene en vista, que todos los otros de que tengo conocimiento.—Podemos gastar en subsidios marítimos tanto ó mas que en la construccion del ferro-carril propuesto sin alcanzar resultados ciertos ó permanentes. Nuestra marina estaría además en competencia con las de otras ricas naciones para las cuales el oceano es tan líbre como para nosotros; y en caso de una guerra internacional nuestro comercio marítimo y todos los intereses que él afecta estarán espuestos á la destruccion.—Su proyecto asegurará á las naciones de Norte, Centro y Sud América su propio comercio y todos sus frutos y beneficios á perpetuidad. La línea será inabordable para enemigos estraños mientras que servirá para unir por cintas de acero á nuestras repúblicas americanas, haciéndolas una en intereses, en pacífica comunion de industria y absolutamente invencibles contra fuerza enemiga.»

El autor del proyecto ha comprendido tambien todo el alcance que tiene la construccion del ferro-carril para realizar prácticamente la Doctrina de Monroe, es decir, para asegurar contra las maquinaciones europeas y monárquicas una invencible unidad de intereses americanos, «dando así mayor fuerza y preeminencia que nunca á las instituciones republicanas y democráticas.»

Los poderes públicos aprobaron en Estados Unidos el proyecto en cuestion y enviaron á los paises hispano-americanos varias comisiones encargadas de estudiar las dificultades con que la empresa tendria que luchar y los recursos materiales de los paises que el ferro-carril debe cruzar.—El Señor Curtis, miembro de una de ellas, se dirijió muy recientemente al gobierno de su pátria lamentando la falta de medios fáciles de comunicacion entre los Estados Unidos y todas esas repúblicas y mencionando de un modo especial la importancia actual y el porvenir inmenso de la República Arjentina. De vuelta á Estados Unidos publicó en el Railway Age» de Chicago lo siguiente: «Está próximo el dia en que un ciudadano de la República Arjentina pueda ir al Ecuador en un parlour car, continuar su jornada hasta Colombia y Estados Unidos atravesando el istmo de Darien, las pequeñas repúblicas de Centro-América y visitando de paso la histórica ciudad de Méjico.—Mucha oposicion ha encontrado la idea del Señor Hinton Rowan Helper de unir todas las capitales del hemisferio por medio de una línea férrea; pero ella no es impracticable. Las dificultades técnicas del trabajo no son tan grandes como las que se han vencido por la compañia de Denver y Rio Grande en Colorado. Los argumentos del Señor Helper no son mas absurdos que los de Thomas H. Benton al defender el año 1856 en el Senado Americano nuestro gran proyecto de ferro-carril trascontinental. Treinta años de tiempo han bastado para probar que Benton era el hombre mas progresista de su jeneracion.»—Deduce el Señor Curtis que Helper se habrá adelantado treinta años á su época, pero que el éxito de su empresa no es dudoso. Asegurado el concurso moral de todos los paises que la línea debe cruzar, la realizacion del pensamiento no ofrece, á la verdad, tan sérias dificultades porque en Estados Unidos sobran los capitales necesarios para su ejecucion.

El comercio del continente americano debe promoverse, además, por todos los medios razonables, porque la variedad de sus productos naturales es tal, que el intercambio de ellos satisfará, sin duda, las necesidades económicas de todas y de cada una de las naciones que lo componen. Independientemente de que este es un hecho incuestionable en lo relativo á productos naturales, debe tenerse en cuenta que por lo que hace á manufacturas los Estados Unidos pueden competir hoy con cualquier país.

Está en el interés de todas las naciones americanas buscar esta solucion, aun en el caso de que perjudique á las de Europa.—En el interés de los Estados Unidos porque, siendo su produccion mayor que su consumo, necesita buscar mercados para la venta de sus productos y no hay otros mejor preparados para ello que los que pueden enviarles materias primas de que carecen allí, como son la mayor parte de los artículos de la zona intertropical y algunos de la zona templada sud-americana.—En el interés de los otros países de América porque tendrán mercado consumidor en la gran nacion del norte como lo tienen ahora en Europa y al mismo tiempo adquirirán un continjente enorme de actividad con los capitales americanos, que impulsados por las necesidades mismas del comercio contribuirán de un modo eficaz al desarrollo de todos sus elementos naturales de riqueza.

Pero aun hay algo de mas trascendencia, que afecta á los americanos de una y otra raza.—Estas relaciones, facilitando y promoviendo la riqueza comun, dañarán indirectamente la riqueza europea, aumentando así los muchos motivos que tienen aquellos pueblos para buscar en la emigracion el bienestar que les niega esa tierra trabajada.

Este daño, como se comprende, será relativo por que se verificará lentamente la modificacion y por que Europa tiene ámplio mercado en Asia para la venta de sus manufacturas; pero una vez que él se produzca es evidente que los trabajadores intelijentes y los hombres de miras elevadas se dirijirán á esta tierra de promision, donde todo el que siembra uno recoje ciento, donde se encuentra la igualdad social y la libertad política, donde la accion del hombre, en fin, solo está limitada por la barrera que la sociedad impone en su lejítima defensa.

Se obtendrán estos resultados en un porvenir que no hay porqué suponer lejano.—¿Compensarán ellos en el concepto de los hombres públicos las desventajas inmediatas que pueda ocasionar la concesion de franquicias y privilejios recíprocos?—¿Comprenderán los mandatarios, á trueque de perder algunas entradas de sus aduanas, la inmensa bondad del libre cambio y la pondrán en práctica entre los paises de América? Nada puede anticiparse; pero la verdad es que en la union de los intereses debe buscarse el mejor orijen de toda union americana futura.