En algunos puntos se han hecho esfuerzos parciales en el sentido de acelerar la realizacion de tan altos fines—El Señor Curtis, caballero americano que ha visitado á la República Argentina en 1884, se dirijió no hace mucho al gobierno de su pátria manifestando con verdadera sorpresa y franca simpatía cuales eran las conquistas de progreso hechas por aquel pais y mencionando que el Jeneral Julio A. Roca, su actual Presidente, le habia ofrecido otorgar una subvencion igual á la que dieran los Estados Unidos para sostener una línea de vapores entre Nueva York y Buenos Aires.—La proposicion le parece estraordinaria por hacerla una nacion de tres millones de habitantes á otra de cincuenta y cinco millones.
En Estados Unidos el Congreso se preocupa tambien con interés de facilitar y ensanchar el comercio jeneral del continente.—Ha dado el primer paso rebajando las escesivas tarifas de aduana sobre la introduccion de lanas; y continuará modificándolas para favorecer la importacion de los demás artículos americanos.—Esta iniciativa será secundada inmediatamente por todos los gobiernos liberales é ilustrados, que no podrán desconocer la importancia evidente de una liga económica.—Para señalar el desenvolvimiento de que es susceptible, solo es necesario recordar un hecho histórico de estraordinaria elocuencia en el caso presente. La nacion abatida y humillada cuando la planta de Napoleon 1º penetró en el santuario de Federico el grande organizó el Zollverein, union aduanera de los Estados alemanes, y fundó en ella la confederacion de reyes que triunfó en Sedan y constituye el primer centro político moderno.—Si ese ha sido el resultado de alianzas formadas en nombre de la monarquía, en paises viejos y en nombre de ideas caducas, ¿cual no será el que la Providencia le tiene reservado á la confederacion de los pueblos libres de América formada sobre una base análoga!
EPÍLOGO
Las naciones republicanas de América se encuentran, como hemos visto, impulsadas por su respectivo interés social, político y económico á seguir una línea de conducta uniforme en sus relaciones con las otras naciones del mundo. En la corta historia de todos esos paises no hay, á mi entender, acontecimiento alguno que contrarie de un modo fundamental la realizacion de tan altos propósitos.
El escritor arjentino Mariano A. Pelliza llama á la federacion social á todos los pueblos de oríjen español. Apoya sus ideas en los trabajos anteriores de publicistas distinguidos y cita la opinion de Juan B. Alberdi, espresada en las siguientes palabras:—«La Europa incoherente, hetereojénea en poblacion, en lenguas, en creencias, en leyes, en costumbres, ha podido tener intereses generales y congresos que los arreglen; la América del Sur, pueblo único por la identidad de todos estos elementos, no ha de poderse mirar en su grande y majestuosa personalidad, ni tener representantes generales, á pesar de que posée intereses comunes? La centralizacion americana, no será obra del Congreso, rigorosamente hablando, porque esta obra está ya hecha, y su trabajo es debido á la grandeza del pueblo español que se produjo él mismo, con todos sus atributos en cada uno y todos los puntos de la América meridional donde puso su planta.»
Acepto que la obra de la centralizacion americana está ya hecha, á pesar de no haber alcanzado hasta hoy una solucion práctica; pero es decir demasiado agregar que ella se debe á la grandeza del pueblo español, no solo porque, aun bajo el punto de vista etnolójico, la raza española no predomina en las mismas colonias que sus antecesores fundaron, sino tambien porque esa centralizacion, provocada por los sentimientos, por las ideas y por el interés de los ciudadanos, está ya hecha, sí, pero entre ambos continentes. Además, de la fraternidad humana puede hacerse cuestion de ideas, pero en modo alguno cuestion de idioma. Sin contar á los Estados Unidos, hemos visto en Europa realizada la fraternidad suiza en pueblos de idiomas distintos.—No creo, pues, como el Señor Pelliza que sea necesario fundar en América el gran imperio social de la raza latina sino el gran imperio social de la democracia; y como no encuentro antagonismo entre las razas civilizadoras del continente, considero que el Brasil mismo, cuando las exijencias características del progreso americano cambien su réjimen gubernativo y lleven á esa hermosa tierra, donde ya existen las ideas, las costumbres republicanas, se incorporará tambien á la gran confederacion social que debe formarse en el mundo de Colon.
Al mencionarse la poca afinidad que hay en los intereses seccionales del estenso territorio hispano-americano muchos piensan que la naturaleza liga entre sí y á los de la madre pátria esos intereses; otros hacen estensivo el concepto á todos los pueblos latinos, europeos y americanos. Si llegara para los pueblos de América el caso práctico de una alianza política necesaria, y aunque no fuera indispensable, si la prevision mas elemental la aconsejara, es claro que con otros pueblos de Europa seria inconducente é impracticable.—Inconducente porque ningun fin elevado se propondria amalgamando prácticas é ideas retrógadas al liberalismo americano; impracticable porque lo que es verdaderamente bueno no puede unirse á lo que es reconocidamente malo.—Señalo á priori esta distincion porque me dirijo á lectores para quienes esto debe ser axiomático.—No creo que en América haya muchos hombres eminentes capaces de decir como el orador hispano: antes soy patriota que republicano.
Es indudable que el beneficio mas inmediato de esta alianza lo obtendrán los Estados Unidos y la República Argentina puesto que, dado su clima, allí se dirijirán los emigrantes; pero muy luego y paulatinamente sino los europeos sus hijos se dirijirán á tierras mas templadas.—Los descendientes de estos podrán, á su vez sin peligro, poblar los paises de climas cálidos y esa encantadora rejion andina tan inculta hoy.