[63] Siempre que arde, como vulgarmente se dice, en contacto del aire una materia carbonosa, de la naturaleza de los huesos de las aceitunas, se produce ácido carbónico y óxido de carbono, cuya proporcionalidad relativa varía según la mayor ó menor cantidad de aire y de la masa combustible. En los braseros, dicha combustión es siempre incompleta por escasez de aire, originándose entonces mucho óxido de carbono cuyas propiedades deletéreas son terribles, bastando que una atmósfera determinada contenga 4 ó 5 por 100 de este gas para tornarse mortífera, al paso que para que sea irrespirable con el ácido carbónico es menester que encierre al menos un 33 por 100 de este cuerpo.
Oigamos lo que acerca del particular consigna monsieur Girardin:
«Se cree generalmente que la brasa inflamada no ofrece los mismos peligros de asfixia que el carbón ordinario; este es un error que importa disipar, con tanto más motivo cuanto que todos los años cuesta la vida á muchas personas. Es también otro error la creencia de que, colocando un pedazo de hierro en el brasero ó cubriéndole bien de ceniza se impide la producción de gases nocivos. Algunas personas entienden que para evitar todo peligro basta con abandonar la habitacion tan pronto como la brasa levanta llama, volviendo á entrar cuando esta llama se apaga, lo que es igualmente otro error.» (Leçons de Chimie Elementaire applique aux arts industriels, par Girardin, pág. 391, tomo I.)
[64] El hidrógeno no es un componente del aire atmosférico; esto lo sabe todo el mundo, por más que exista en él, ora combinado con el nitrógeno, bajo la forma amoniacal; ora con el oxígeno en el vapor acuoso; ora con el azufre en el sulfido hídrico; ora con el carbono en el gas de los pantanos, etc.
[65] Esta tarifa anula y sustituye á la de igual número, edición 15 de Agosto de 1893, y á la especial temporal (serie T, n.º 3), edición 22 de Enero 1895.