—¡Hoy no podéis! ¿Pues qué ha sucedido?
—En primer lugar, no me siento bien; mirad.
—Mucho me pesa; pero lo que tenéis que hacer es una cosa que requiere tan poco tiempo y tan poca fatiga...
—Y después, y después, y después...
—¿Y después qué?
—¿Y después si hay embrollos?
—¡Embrollos! ¿qué embrollos puede haber?
—Sería necesario que os hallaseis en nuestro pellejo para conocer cuántas dificultades surgen de esa clase de negocios, y qué de cuentas se han de rendir. Yo soy muy blando de corazón; no pienso más que en quitar obstáculos del medio, en facilitarlo todo, en hacer las cosas al gusto de los demás; traspaso mi deber, y después me llenan de reproches.
—Pero, en nombre del cielo, no me tengáis en ascuas, y decidme claro y neto lo que esto significa.
—¿Sabéis cuántas y cuántas formalidades se requieren para verificar un matrimonio en regla?