—¿Y á las habladurías del mundo?
—Decid á todos que he cometido un yerro por un exceso de precipitación, por mi demasiado buen corazón; echadme toda la culpa.
—¿Y después no habrá otros impedimentos?
—Cuando os digo...
—Bueno: tendré paciencia una semana; pero mirad que pasada ésta, ningún caso haré de habladurías. En el ínterin, respeto la tregua. Dicho esto se fué, haciendo á D. Abundio una inclinación menos profunda que de costumbre, y echándole una mirada más significativa que respetuosa.
Y en la calle, mientras se dirigía medio enojado y el espíritu entristecido, hacia la casa de su prometida, repasaba en su imaginación la conversación que acababa de tener, y la hallaba cada vez más extraña. La fría y embarazosa acogida de D. Abundio, su hablar lento, é impaciente á veces; aquellos dos ojillos grises, que mientras conversaba se revolvían en todas direcciones, como si hubiese temido poner en armonía sus palabras con sus miradas; la ficción de tomar como una cosa nueva un matrimonio expresamente convenido ya hacía tanto tiempo, y sobre todo, aquella obstinación en crear obstáculos, y en no decir jamás nada claro: todas estas circunstancias, combinadas, hacían pensar á Renzo que detrás de aquello se encerraba un misterio en nada parecido á lo que D. Abundio le había querido hacer creer. Tuvo deseos de volver atrás, estrechar á D. Abundio y obligarle á hablar con más claridad; mas alzando los ojos, vió á Perpetua que caminaba delante de él, y entraba en un jardín que distaba pocos pasos de la casa del cura. La llamó en el momento en que abría la puerta; apretó el paso, llegó á ella, detúvola en el umbral; y con el deseo de descubrir algo de más positivo, tuvo con ella la conversación siguiente:
—Buenos días, Perpetua; yo esperaba que hoy estaríamos todos muy alegres.
—¡Oh, mi pobre Renzo! Hágase la voluntad de Dios.
—Hacedme un favor: el bendito del señor cura me ha dicho una porción de cosas que no he podido comprender bien; explicadme vos mejor, por qué no puede ó no quiere casarme hoy.
—¡Ah! ¿Creéis que sé los secretos de mi amo?