—¿Es posible? exclamó Lucía.
—¡Cómo! dijo Inés, ¡sería cosa digna de verse, que en el espacio de treinta años que he pasado en este mundo, antes que vosotros nacieseis, no hubiese aprendido algo! La cosa es tal, cual os la digo; por señas, que cierta amiga mía que quería casarse contra la voluntad de sus padres, haciéndolo de dicha manera, obtuvo su intento. El cura, que lo había sospechado, estaba alerta, mas los diablos de los testigos y los novios, supieron hacerlo tan bien, y lo atraparon tan á propósito, que no tuvieron más que pronunciar las palabras, y quedaron marido y mujer, á pesar de que la pobrecilla se arrepintió á los tres días.
Inés decía la verdad, mirando á la posibilidad, y atendiendo al peligro de no poderlo conseguir de otro modo; pues así como no recurrían á semejante expediente sino las personas que habían encontrado algún obstáculo, ó sido rechazadas en las vías regulares, así también los párrocos ponían gran cuidado en evitar aquella forzada cooperación; y sin embargo, cuando alguno de ellos llegaba á ser sorprendido por una de aquellas parejas acompañada de testigos, hacía todo lo posible para escaparse, como Proteo de las manos de los que querían hacerle vaticinar á la fuerza.
—¡Si fuese cierto, Lucía! dijo Renzo mirándola con aire de atención suplicante.
—¡Cómo, si fuese cierto! replicó Inés. ¿Conque vosotros creéis que yo digo mentiras? Yo me afano por vosotros, y no soy creída: bien, bien; salid del apuro como podáis; yo me lavo las manos.
—¡Oh, no; no nos abandonéis! dijo Renzo; hablo así porque la cosa me parece demasiado buena. Me entrego á vos enteramente, y os considero como si fueseis mi propia madre.
Estas palabras desvanecieron el pequeño enfado de Inés, é hicieron olvidar una resolución, que á la verdad, no había sido formal.
—Mas, ¿por qué pues, mamá, repuso Lucía, con su modesto continente: por qué este medio no se le ha ocurrido al padre Cristóbal?
—¿Por qué no se le habrá ocurrido? respondió Inés: ¿piensas acaso que no le habrá venido á la imaginación? Mas no habrá querido hablarnos de él.
—¿Por qué? preguntaron á un mismo tiempo ambos jóvenes.