[199] Rennel, Inv. on Current., páginas 98, 138.

[200] Vies de personnages célebres, t. I, pág. 336. Recordaré, que en la punta austral de África abunda una especie particular de lobo, el chacal mesomelas; pero no es probable que el Junco de la India tocara en el cabo Diab.

[201] Dvipa (contraído en dip y div) es en sanscrito, según M. Bopp, hablando con propiedad, un compuesto posesivo, teniendo dos aguas, rodeado de agua por dos lados. Dvis pierde fácilmente la v, como lo prueba el adverbio numeral griego δὶς, en el cual el epiceno vau queda suprimido. En la explicación del nombre griego de Socotora (Dioscoridis Insula) fué donde Bochard procuró por primera vez, hace doscientos años, encontrar las palabras sanscritas Diu Socotra, impulsado quizá á ello por la palabra Iabadiu (isla de la Cebada) de Ptolomeo (VII, 2). No insistiré en la transformación de Diu Socotra en Dioscoridis Insula, conforme en rigor á la tendencia de los Helenos de formar mitos históricos por la alteración de nombres geográficos; pero cuéstame trabajo participar de la opinión de un sabio ilustre, cuyas opiniones causan generalmente profunda convicción en el ánimo del lector, de que Socotra sea una corrupción del apócope de Dioscórides. (Letronne, Materiaux pour l’histoire du Christianisme en Abyssinie, 1832, pág. 138.)

La isla de Socotora, habitada desde antiguos tiempos por colonos árabes é indios, era, no sólo por su posición á la entrada del mar Erythreo, importante para el comercio, sino también porque se la creía fértil en aloes, cuya especie, muy buscada en la antigüedad, se la llama aún en las farmacias Socotrina, adjetivo de Socotra, como se ve claramente en García, ab Horto Aromata, t. I, 2, pág. 14, ed. de 1567. «Insula Socotra (dice el geógrafo de la Nubia, pág. 23) nitida tellure, ferax arborum et pleraque ipsius germina sunt arbores aloës. Atque hæc aloë superat bonitate reliquas omnes, ut illam quæ colligitur in Hadhramut terræ Yemen.» Esta descripción recuerda la fábula árabe de que Aristóteles indujo á Alejandro á descubrir la isla de los Aloes, y el consejo de que, cuando el rey macedonio fuera personalmente á Socotora «telluris præstantia et aëris temperiem approbans», expulsara á los antiguos colonos y les reemplazara con griegos que cuidarían las plantaciones de aloes.

Creo que una isla que tanta celebridad gozó durante largo tiempo, muy bien podía merecer el nombre (sanscrito) de Sukhadhara, sitio de la felicidad ó isla felicísima, dvipa Sukhatara, que los Sres. Bopp y Bohlden reconocen casi sin ninguna alteración en Socotora. (Das alte Indien, t. II, pág. 139; Patt., Etym. Forsch. aus dem Gebiete der Indo German. Sprachen, 1833, pág. 80.) Al aloe, al jugo purgante, llámasele en sanscrito tarani. (Wilson, Lex., y Ainslie, Mat. med. Indica, t. I, pág. 10.) Creo encontrar esta palabra en el tarum de Plinio (XII, 20), sustancia aromática que se recibía por medio del comercio con los Nabatheos (García, ab Horto, lib. I, capítulo 16), sin haber conocido esta analogía con un nombre sanscrito, conjetura ya que el tarum de Plinio es la madera odorífica del aloes, el agallochon de Dioscórides, que el botánico de Anazarbe no confunde con ἀλόη. Mi sabio amigo M. Letronne recuerda que cerca de Suaken, en Abisinia, hay una montaña, Dyab, y ha hecho derivar este nombre como el de la isla Diabus y el de Dibus (probablemente la isla Dahlak), patria de Teófilo el Ariano, según Philostorgos, de una raíz árabe que significa oro (Christ. d’Abyssinie, pág. 139). Esta raíz es dseheb.

[202] «Parece que estas tierras de Ciguare, que son á diez jornadas de Río Gangues, están con Veragua como Tortosa con Fuenterrabía.» Estas palabras, bien expresivas para pintar dos mares opuestos uno á otro, sólo se encuentran en la carta rarísima de 7 de Julio de 1503 (Morelli, páginas 11 y 30; Navarrete, t. I, páginas 299 y 309), y no en la biografía escrita por el hijo de Colón.

[203] Déc. II, lib. I, cap. 7. En los despachos diplomáticos del embajador de Portugal Juan Méndez de Vasconcelos, correspondientes á los meses de Agosto y Septiembre de 1512, encontrados en los archivos de Lisboa (en la Torre do Tombo), las islas de las especias (Melucos) reconocidas desde 1511 por Antonio de Abreu, se confunden siempre con la península de Malaca. Háblase en ellos de la herejía de Solís, «que mostrara que Malaca está no demarcaçao de Castela».

[204] Reales cédulas de 28 de Julio de 1500 y de 8 de Junio de 1501 (Navarrete, t. III, páginas 41, 86, 88, 543 y 590). Parece probado que los ingleses, que llamaban la atención de la corte de España, no formaron parte de una expedición á Maracaybo que se cree realizada en 1499 y que se atribuye á Sebastián Cabot (Mem. Seb. Cabot, 1831, pág. 91-96 y 307-310). La península de Chichivacoa, que en el pleito con los herederos de Colón nómbrase generalmente Coquibacoa, y aun Quinquibacoa, está frente á la península de San Román, á la entrada del golfo (y no del lago) de Maracaibo. Es hoy un terreno casi completamente despoblado que, por su posición, gozaba de alguna celebridad política al principio del siglo XVI. El obispo Fonseca recomienda especialmente á Ojeda que le traiga «en cuanto pueda» piedras verdes, de las cuales tenía ya el prelado algunas muestras. Como sé por propia experiencia la gran distancia á que los indios del Orinoco y del Amazonas hacen pasar los productos que estiman de mucho precio, no me atrevo á resolver si estas piedras verdes eran esmeraldas de Muzo (de la meseta de Nueva Granada) ó las sassuritas (piedras del Amazonas), que Diego de Ordaz llama «esmeraldas gruesas como el puño» (Rel. hist., t. II, páginas 481-485, 571 y 689).

[205] Navarrete, t. III, páginas 24, 320.

[206] Docum. dipl. núm. 139; Navarrete, t. II, pág. 257.