[192] Dissert., t. II, pág. 397.
[193] Il Mappamondo di Fra Mauro Camaldolese, descritto de lacido Zurla, 1806, párrafo 54.
[194] Zurla, párrafos 38, 39, 116-118.
[195] Ed. de Marco Polo, nota 1.419. Behaim ha figurado también estos islotes en el globo de Nuremberg, y pretende que no empezaron á ser habitados hasta 1285. (Murr, pág. 34.) La situación cerca del cabo de Guardafui no conviene en manera alguna con el dicho de Polo «verso mezzodi di Chesmacoran», que es la parte más occidental de l’India maggiore, á 500 millas de distancia.
[196] Diario del primer viaje, 13 y 15 de Enero (Navarrete, t. I, páginas 134 y 138); y cuarto viaje ( Nav., t. I, página 282). Matinino es Santa Lucía; Borodoni, Isolario, edición de 1547, pág. 15. La isla Matitina de Procacchi, Isole più famose, 1576, pág. 106, y del mapa de las Antillas de Wytfliet en las Descriptionis Ptolemaicæ argumentum sive Occidentis notitia (1597), paréceme que coincide mejor con la posición de la Martinica.
[197] Este archipiélago contiene Socotra (Socotora), Serendiv (Ceylán) y Kemr (Madagascar), situada al E. de Ceylán, según el mapa árabe que acompaña al hermoso manuscrito de Edrisi, de la Biblioteca Bodleyana, en Oxford. Por esta configuración extraordinaria dada al África oriental, á la costa de Zengis y á la de Sofala, Asia y África formaban un golfo inmenso (mar de Sind ó Hind), que en dirección, como el archipiélago, de O. al E. se extendía desde la desembocadura del mar Rojo hasta las extremidades orientales del mundo desconocido.
El globo de Behaim presenta la parte de esta serie de islas que traspasa el meridiano de Cathay, de Gog y de Magog, siendo la más próxima á las costas de España. Socotora y Zipangu son los puntos extremos de este archipiélago por el lado de la India. Antes de 1492 creíase que continuaba hacia el Este por medio de jalones apartados que formaban la Antilia, San Borondón y las Azores. Tal era la opinión de Toscanelli y de Colón, y puede formarse exacta idea de la esperanza de dichos grandes hombres de entrar por el Atlántico en esta zona continua de islas, cuando se conoce el tipo imaginario de la geografía árabe é italiana del siglo XV.
En el mapa de Edrisi queda abierto el mar de Hind hacia el Este; pero como reminiscencia del sistema de Ptolomeo, se prolonga la costa de Sofala hasta el meridiano de Cathay. Es verdaderamente extraordinario que, en oposición directa con el mapa del manuscrito de Oxford y de muchos textos de Edrisi, el sabio maronita Gabriel Sionita, en su comentario marginal del geógrafo nubiano, haya atribuído á éste la misma opinión de Ptolomeo, según la cual el mar de la India sería una cuenca cerrada (Edrisi, ed. de 1619, pág. 3, nota b). Esta falsa interpretación á que ha podido contribuir un pasaje algo obscuro de Edrisi (pág. 37) acerca de una tierra que está unida á la costa de Zengis (¿ó cercana?), ha sido copiada en otras obras, por lo demás, muy estimables (Sprengel, Gesch. der geogr. Entd., página 156). Hay siete mares, dice el Nubiano, de los cuales seis son como golfos del Océano Homerico (mare ambiens), y uno completamente separado, nulli parti prædictorum marium juncta. Ahora bien; como este solo mar, separado de los otros (Edrisi, pág. 243, repite las mismas palabras) es el Caspio ó mar de Tabarestán, y que, comparado al antiguo estado del Mediterráneo, es el mismo al cual llama (pág. 147) Stagnum undique clausum, no puede quedar duda alguna de que Edrisi creía el mar de la India abierto hacia el Este y en comunicación libre con el Océano. Lo dice claramente en la pág. 36, donde habla del enlace del mare piceum, la parte más oriental del mar de la India, con el mar de las Tinieblas, ó sea el Océano Atlántico, que baña (páginas 6, 39) las costas occidentales de África, la extremidad oriental (Vac-Vac) de dicho continente y las tierras septentrionales de Gog y de Magog.
[198] Baldelli, Milione, t. I, pág. 33. La sospecha de las adiciones fúndase en datos, al parecer, debidos á un monje, Talián, que recorrió la Etiopía. La conjetura de Ramusio y de tantos geógrafos modernos, de que Fra Mauro había copiado un mapa traído por Marco Polo del Catay, ha sido, en mi opinión, victoriosamente refutada por el cardenal Zurla (párrafos 136-143). La orientación del mapamundi de Mauro, en el cual el Mediodía, como en el planisferio de Velefri (del siglo XV), publicado por el sobrino del cardenal Borgia, está situado en la parte superior del mapa (cayendo, por tanto, el Oriente á la izquierda), choca, sin duda, cuando se recuerda que en China, donde, según las nuevas é ingeniosas investigaciones de M. Kalproth, los marinos se guiaban por medio de la brújula desde el siglo III de nuestra era, la aguja imantada lleva el nombre de aguja que muestra el Sur, Tchinantchin.
La dirección del comercio del Norte al Sur y al Suroeste daba especial importancia á la región meridional; pero las orientaciones de los mapas fueron, al parecer, por largo tiempo bastante arbitrarias. En el mapamundi circular de Andrés Bianco, mucho más antiguo que su Portulán de 1436, y hasta quizá copiado de un mapa del siglo XIII, el Sud está á la derecha, como también en el mapamundi de la Biblioteca de Turín, anejo á un comentario del Apocalipsis compuesto en el año 787 y transcrito en el siglo XII (Cod. manuscripti. Bibl. Taurín, 1749, t. II, página 29, Col. XCIII). El mapa fragmentario del monje Cosmas Indicopleustes, lo mismo que el mapa general de Edrisi, de la Biblioteca Boldeyana, que con frecuencia he citado, están orientados como acostumbramos á orientar nuestros mapas, el Oriente á la derecha. La antigüedad siguió generalmente el ejemplo de Homero (Iliada, XXII, 239; Strabón, lib. I, página 34 Cas.), que hace volar el águila á la derecha hacia la aurora y á la izquierda hacía la estancia de la noche (el Poniente). Sólo Empedocles trastorna, por decirlo así, los puntos cardinales en sentido diametralmente opuesto al método de Bianco, nombrando «la derecha del mundo el Norte y la izquierda el Sur (Plutarco, Plac. phil., II, 10; Stob., Ecl. phys., XVI, pág. 358). Esto es, como observa M. Lommatzsch, un reflejo de la doctrina egipcia (Plutarco, de Isid., c. 32), que considera el Oriente como «la cara del mundo»; lo cual, no para quien mira al Oriente, sino para quien vuelve el rostro al Occidente, sitúa (como dice Empedocles) el trópico del invierno, ó sea el Sur, á la izquierda. (Lomm., Weisch. des Emp., 1830, página 200.)