No habla Colón en su carta á los Reyes Católicos de esta vista de Tierra Firme hacia el Sur, ni siquiera se encuentra en ella nombrada la Isla Santa, sin duda porque en el viaje desde la Margarita á Haïti había tenido tiempo de reflexionar acerca de la semejanza y probable unión de las costas continentales de la tierra baja más meridional de la Isla Santa y de la tierra montañosa y más septentrional de la Isla de Gracia. «Creyendo que era otra isla (dice Herrera siguiendo á Las Casas) distinta de Isla Santa, le puso nombre de Gracia, y le pareció altísima tierra.»

El 2 de Agosto se pasó por la Boca de la Sierpe hoy Canal del Soldado, por cuya abertura comunica el pequeño golfo de Paria ó de la Ballena, al Sur, con la mar. El día 5 de Agosto fué cuando por primera vez se puso el pie en el continente de América, á 5 leguas de distancia de cabo de Lapa, donde Pedro de Terreros hizo la risible ceremonia, tan repetida en nuestros dias, de una toma de posesión. La oftalmía impidió al Almirante desembarcar, pero no el hacer la «pintura de la tierra», que envió á los Monarcas, y que después guió á Alonso de Ojeda cuando, desde las costas de Surinam, vino al golfo de Paria (Segunda pregunta del Pleyto del fiscal, 1513-1515, Navarrete, t. III, páginas 5 y 359). Cabe sospechar que la circunstancia de no haber desembarcado indujo al piloto de la expedición, Pedro de Ledesma, quince años después, á decir en el pleito malignamente, y contra todos los demás testimonios, «que Colón descubrió la Punta de la Galea de la Trinidad, pero no la Tierra Firme que se dice ser Asia».

La expedición salió el 15 de Agosto por la abertura septentrional del golfo de Paria, y á ésta es á la que únicamente llama el Almirante Boca del Dragón. He juzgado conveniente poner en claro estos hechos, por el conocimiento detallado que adquirí de las localidades durante mi estancia en las montañas de Paria y en las misiones de Caribe.

[185] Los historiadores contemporáneos describen en los siguientes términos el carácter de este hombre valeroso: «Tenía favor por ser gran cortesano y de buenos dichos, hombre hijodalgo, modesto y de blanda condicion, hombre de á cavallo, tañedor de vihuela y trinchante á Don Enrique Enriquez, tio del Rey Católico.» Herrera, déc. I lib. VII, capítulos 7 y 16.

[186] Doy aquí los verdaderos límites de la Castilla del Oro en la época en que la Tierra Firme estaba explotada como en arrendamiento en provecho de los conquistadores que la habían descubierto (Navarrete, t. III, docs. núms. 1, 2 y 28, páginas 116, 170, 337 y 343; Humbolt, Relat. hist., t. III, página 538). En el mapamundi de Ribero, de 1529, la denominación de Castilla de Oro, que sólo corresponde á Uraba y al Darien, se aplica á toda la parte septentrional de Tierra Firme, mientras hasta 1508, como antes he demostrado, la denominada Nueva Andalucía (provincia de Cumaná) comprendía desde el cabo de la Vela al golfo de Uraba. Cuando el rey Fernando encargó en 1513 á su embajador en Roma, Mosen Jerónimo de Vich, negociar con el Papa la creación de un nuevo obispado en Nuestra Señora de Antigua (de la provincia de Darien), la Castilla de Oro fué llamada, en la jerarquía eclesiástica, Bætica aurea.

[187] Véase mi Relation historique, t. I, páginas 699-713, y tomo II, pág. 224.

[188] Geogr., lib. IV, cap. 9; lib. II, cap. 5, donde á «la tierra desconocida» que rodea el mar de la India al Mediodía se la nombra dos veces, mientras á mitad del mismo cap. 5 al mismo mar de la India se le compara, como mar cerrado, al Caspio. M. Gossellin (Rech., t. I, pág. 45), atribuye á Hipparco esta hipótesis de una división del Océano en muchas cuencas y la prolongación oriental del África. Hasta ha publicado dos mapas del sistema de Hipparco, presentando la tierra desconocida que une África y Asia. El único pasaje que se puede alegar en justificación de esta identidad de la geografía sistemática de Ptolomeo y de Hipparco (la era del primero de estos geógrafos está separada de la del segundo por Strabón y Posidonio, que, como Eratosthenes, eran de opinión contraria), encuéntrase en Strabón, lib. I, pág. 10. Alm., pág. 5, Cas. Trátase en este sitio de la división del Océano en muchas cuencas separadas por istmos y de la influencia probable de estos istmos en la desigualdad de los fenómenos de las mareas. No se nombra á Hipparco sino por haber combatido, conforme al testimonio de Seleuco el Babilonio, la identidad general de los fenómenos de flujo y reflujo; y aunque por inducción, estas opiniones ponen á Hipparco en oposición con Cratés, que admite la posibilidad de una circunnavegación, confieso, sin embargo, que el pasaje citado no me convence completamente de la desigualdad de configuración que, á la extensión en latitud, deben haber dado al África Ptolomeo é Hipparco, cerca del mar Erythreo.

[189] Antes dije la poderosa influencia que en la dirección de las ideas de Cristóbal Colón ejercieron los pasajes de Strabón, repetidos por el cardenal d’Ailly. He aquí un pasaje de Solino que, por sus afirmaciones positivas, produjo grande efecto en la Edad Media. «Omne illud mare ab India ad usque Gades voluit (Juba) intelligi navigabile, cori tantum flatibus.» Llámase también fastuosamente «loca stationum et spatiorum modum» (Solino, Ex. Plin., págs. 874-879). San Isidoro era de la misma opinión de Cratés, de Eratosthenes y de Solino (Orígenes, libro XIV, cap. V). El pasaje de Solino está tomado de Plinio (VI, 29), que comienza el Atlántico en el cabo Mosylon de Etiopía y reune en un mismo capítulo (II, 67) cuanto podía excitar el ardimiento de los marinos portugueses del siglo XV. El viento NO. (caurus ó argestes de los griegos) no está acertadamente elegido para explicar una navegación desde la India ó del mar Rojo á Cádiz; es, sin duda, una reminiscencia de la expedición de Eudoxio, en la cual Posidonio (Strabón, lib. II, página 157 Alm., pág. 99 Cas.) hace intervenir «continuos vientos del Oeste»; pero también Eudoxio procuraba dar la vuelta al África del Oeste al Este.

[190] Gesta Dei per francos, ed. 1611, t. II, páginas 281, 296; Marino Sanuto, á quien no se debe confundir con Livio Sanuto, geógrafo del siglo XVI, y que se llama á sí mismo en un manuscrito de la Biblioteca Laurentina de 1321 «Marinus Sanuto dictus Torxellus, de Venecciis», predicó acertadamente una cruzada en interés del comercio, deseando destruir la prosperidad de Egipto y dirigir todas las mercancías de la India por Bagdad, Bassora y Tauris (Tebriz) á Kaffa, Tana (Azov) y á las costas asiáticas del Mediterráneo. Nacido en 1260, compatriota y contemporáneo de Marco Polo, el viajero de Oriente, Sanuto no conoció el Milione, pero sí, probablemente, la geografía de Abu Rihan (Albiruni), de la que tomó datos Abulfeda. De carácter elevado, expone grandes miras de política comercial. (Antonio de Capmany, Memorias históricas sobre la marina de Barcelona, 1779, t. I, pág 40.) Es el Raynal de la Edad Media, sin la incredulidad de un abate filósofo del siglo XVIII.

[191] Il Milione, 1827, t. I, pág. CLV.