[178] Barros, déc. III, lib. V, cap. 10 (t. III, párrafo 1.º, página 657). El historiógrafo portugués no cita, como Herrera, los elementos numéricos; pero con amargas quejas, y bien injustas por cierto, contra las Efemérides de Regiomontanus, da las fechas de cuatro observaciones de longitud, sacadas de un libro que Duarte de Rezende (Feitor de Maluco) se procuró furtivamente en la India y le envió á Lisboa. De igual procedencia poseía también Barros el cuarto capítulo de los treinta que forman un tratado de longitudes («vulgarmente llamadas distancia de meridiano fijadas por la altura de leste oeste»), compuesto por Ruy Faleiro para el uso particular de Magallanes (t. III, p. 1.ª, páginas 660 y 661). Barros, que nació en 1496, encontrábase en África, en el fortín de la Mina, cuando llegaron á España los restos de la expedición de Magallanes, en 1522 (t. III, p. 1.ª, pág. 235).

[179] Déc. II, lib. II, capítulos 20 y 21; lib. IV, cap. 10 (t. I, páginas 103, 195 y 338).

[180] «Hombre hablador y de poca sustancia.» Parece que la diplomacia fué más activa cuando vino un embajador á Zaragoza á negociar el matrimonio de la hermana de Carlos V (doña Leonor) con el rey D. Manuel. «Se avisó á Magallanes que él y su amigo, el astrónomo Ruy Falero, serían asesinados (diplomáticamente), lo cual obligó al obispo de Burgos á ocultarles todas las noches en su palacio.

[181] Primo viaggio, pág. 36, y la Introduzione del señor Amoretti, páginas XX-XXVI.

[182] Antes hemos visto que estos testimonios contemporáneos nada nos enseñan acerca del lugar donde se encontraba el mapa. Pigafetta cita solamente los archivos (el tesoro) del Rey de Portugal. Gozaba de tan grande reputación un mapa veneciano, traído de Italia en 1428 por el infante D. Pedro, duque de Coimbra, hermano del famoso infante D. Enrique, duque de Viseo, y colocado en el convento de Alcobaça, que Francisco de Souza Tavares suponía haber visto indicado en él, como cola del dragón occidental de las Hespérides, el estrecho de Magallanes. (Antonio Galvano, Trat. dos descubr., página XV; Manuel di Faria y Sousa, Europa Portuguesa, tomo III, cap. I, pág. 554; Zurla, il Mappamondo di Fra Mauro, páginas 7, 86, 87 y 143; Vincent, Periplus of the Erythr., páginas 197 y 199.) Además, se creyó que era en el convento de Alcobaça donde Magallanes debió haber visto un mapa de Behaim. (Stuven, De vero Nov. Orbis inv., pág. 41; Tosen, Der wahre Entd., pág. 14). Aunque Behaim nació en 1430 y hasta 1479 ocupóse en comerciar en Alemania, no se temió atribuirle, sea el mapa veneciano de 1428, sea la copia del gran mapamundi del convento de los Camaldulenses de San Miguel de Murano, que el rey Alfonso V había hecho dibujar en 1459 en el taller de mapas de Fra Mauro y de Andrés Bianco (Zurla, pág. 85).

[183] Cosmographica disciplina, cap. II, pág. 22; De Universitate liber, pág. 37. Este hombre raro, perseguido por los teólogos, nació en 1510 y murió en 1581. Es uno de los pocos que antes de Bochart se ocuparon de la lingüística comparada, ciencia que, gracias á la filosofía y á los conocimientos más extensos en nuestro siglo, ha llegado á ser tan importante para la historia de los pueblos y su mutua filiación.

[184] Los cambios que ha sufrido la nomenclatura de los diferentes cabos de la isla de la Trinidad y la supuesta identidad de las partes del continente americano que Colón, en su tercer viaje, designó con el nombre de Isla Santa y de Tierra ó Isla de Gracia, han hecho dudosa la cuestión de saber si fué la parte de tierra firme vista por primera vez. He discutido este problema antes de la publicación de los documentos de Navarrete en la Relation historique, t. II, pág. 72, nota 3.ª La costa primeramente descubierta fué la oriental de la provincia de Cumaná, al este de Caño Macareo, cerca de Punta Redonda, parte baja llamada Isla Santa, y no la parte montañosa de la costa de Paria, que forma la costa NO. del golfo de las Perlas ó de la Ballena, paraje que Colón designaba con el nombre de Isla de Gracia. Cuando su primer viaje, en Noviembre de 1492, á las costas de Cuba, estaba persuadido el Almirante de que se encontraba en un continente («es cierto, dice, que ésta es la tierra firme», Diario, 1.º de Noviembre). Esta opinión, confirmada en el segundo viaje y solemnizada por el juramento de toda la tripulación el 12 de Junio de 1494, la conservó Colón hasta su vuelta de Paria á Haïti en 1498. Dice terminantemente: «En el viaje que yo fuí á descubrir la tierra firme estuve treinta y tres días sin concebir sueño, pero no se me dañaron los ojos ni se me rompieron de sangre y con tantos dolores como agora.» (Carta á los Reyes Católicos, conservada en el archivo del Infantado.) (Navarrete, t. I, páginas 46 y 252.)

Este convencimiento de Colón de no haber descubierto en 1498 sino un punto más meridional y más oriental del continente de Asia visto en 1492 y 1494, ha contribuído quizá á privarnos de una relación más detallada escrita por el mismo Almirante.

El martes 31 de Julio de 1498, un marinero de Huelva, Alonso Pérez, descubrió desde lo alto de un mástil una tierra de tres mogotes. Era el cabo SE. de la isla de la Trinidad, hoy Punta Galeota, llamada entonces Punta Galea según la carta del Almirante, y Punta Galera según su hijo D. Fernando. La Punta Galera de los hidrógrafos modernos, el cabo NE. de la Trinidad, nunca llegó á verla el Almirante.

El miércoles 1.º de Agosto, después de haber hecho aguada en la Punta de la Playa, en la costa meridional de la isla de la Trinidad, al este de la Punta del Arenal (cabo SE. de la isla, acaso en la embocadura de los arroyos Erin y Moruga) «vieron sobre la mano izquierda (la proa al oeste) la Tierra Firme á 25 leguas de distancia (esta valuación, como las siguientes, están aumentadas en la mitad), aunque pensaron que era otra isla, y creyéndolo así el Almirante, la puso por nombre Isla Santa.» Así lo dice el hijo de Colón (Vida del Almirante, cap. 67. Herrera, déc. I, lib. III, cap. 10, t. I, pág. 67. Véanse también los testimonios en el pleito del Fisco contra los herederos de Colón, Navarrete, doc. LXIX, t. III, págs. 539-551 y 579-583, entre los cuales se descubre la existencia de un manuscrito, en el que un marinero, Pedro Mateos, de la villa de Higuey, marcó en 1498 todas las montañas y los ríos, y se lo quitó Cristóbal Colón.)