Martín Behaim y Magallanes.

«No hablaré, dice Voltaire en el Estudio sobre las costumbres, de ese ciudadano de Nuremberg, de quien fabulosamente se asegura que fué en 1460 al estrecho de Magallanes.» Pretensión tan absurda, y sin embargo, tan repetida, merecería escasa atención, si no hubiera en la vida de Magallanes y hasta en el relato que de la expedición de este marino hizo Antonio Pigafetta algo tan extraordinario que, al parecer, obliga al historiador á someter el problema á concienzudo examen.

Creo que arrojará nueva luz sobre hechos que á primera vista parecen singularmente enigmáticos, un dato que he tomado de una antiquísima edición de la Geografía de Ptolomeo.

Dos obras de cuya autoridad no puede dudarse: las Décadas de Antonio de Herrera, y el Manuscrito de Pigafetta, conservado en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, y publicado por el Sr. Amoretti en 1800, dan á conocer la influencia que ejerció Behaim en el descubrimiento del estrecho patagónico. Merece preferencia la autoridad de Pigafetta, por ser uno de los diez y ocho compañeros de Magallanes que tuvieron la dicha de volver á Europa el 6 de Septiembre de 1522. «Prætore Portugallico Fernando, ab insularibus bello exagitatis in regione aromatum æquatori vicina interfecto, quatuorque reliquis é classicula quinque navium deperditis, una tantum regressa est, dicta Victoria, cribro terebratior», escribe el mismo mes Pedro Mártir de Anghiera al Obispo de Cosenza[174].

Pero la obra que poseemos de Pigafetta no es el mismo Diario que tan cuidadosamente redactó día por día hasta el 9 de Julio de 1522 en que llegó á la isla de Santiago de Cabo Verde, y supo que los portugueses habitantes de dicha isla llamaban jueves al mismo día que según su Diario era miércoles. «Mi sorpresa, dice Pigafetta, fué tanto más grande[175], cuanto que por no haber estado enfermo durante el viaje, tenía indicados sin interrupción todos los días de la semana. Posteriormente advertimos que no había ningún error, y que, viajando siempre hacia Occidente y siguiendo el camino del sol, al volver al mismo sitio debíamos haber ganado veinticuatro horas.»

El verdadero Diario de Pigafetta fué presentado al emperador Carlos V. Lo que existe en la Biblioteca Ambrosiana es el extracto de otro Diario enviado al Papa Clemente VII y al gran maestre de Rodas, Felipe de Villiers de Lisle Adam.

Indudablemente López de Castanheda, Barros y Herrera tuvieron á la vista las notas originales del piloto más instruído de la expedición, Andrés de San Martín. Herrera, que pudo disponer libremente de los archivos de Felipe II desde 1596, y que en 1601 había publicado ya las cuatro primeras décadas de su historia, encontraría el Diario del piloto entre gran número de documentos que después se han perdido, y ha dado, desgraciadamente sin comprenderlos, extensos detalles de observaciones astronómicas, tanto respecto á las latitudes, como á las tentativas, bastante infructuosas, de aplicar los preceptos que Ruy Faler ó Faleiro (ó del demonio familiar de este astrónomo) le había enseñado para encontrar las longitudes por la declinación[176] de la Luna, las ocultaciones de las estrellas, la diferencia de altura de la Luna y de Júpiter[177] y las oposiciones de la Luna y de Venus[178].

Las nociones publicadas por Herrera sobre la primera expedición alrededor del mundo, son las más circunstanciadas: las de los autores portugueses, por lo demás muy recomendables, no podían ser igualmente detalladas, porque se debían á comunicaciones parciales y clandestinas llegadas de la India. El embajador veneciano Contarini habla también desde el año 1522 del día perdido.