La época de la residencia de Colón y de Behaim en Lisboa era aquella de verdadera gloria y entusiasmo nacional en que el hijo de Alfonso V, al subir al trono, continuaba la serie de descubrimientos á lo largo de la costa de Africa, interrumpida por la muerte (1460) del infante D. Enrique, duque de Viseo, tío de Alfonso V.

Pero conviene no olvidar que los trabajos de los marinos catalanes fueron para el Africa occidental lo que los de los marinos normando-escandinavos habían sido para el Norte del Nuevo Continente. Unos y otros precedieron á los descubrimientos que han ilustrado los nombres de D. Enrique y de Isabel de Castilla.

La isla de Mallorca fué desde el siglo XIII un centro de conocimientos científicos en el difícil arte de navegar. Sabemos por el Fénix de las maravillas del orbe, de Raimundo Lulio, que los mallorquines y los catalanes[157] usaban cartas de marear mucho antes de 1286; que se fabricaban en Mallorca instrumentos, groseros sin duda, pero destinados á determinar el tiempo y la altura del polo á bordo de los barcos. Desde allí los conocimientos, que en su origen fueron aprendidos de los árabes, se extendieron á toda la cuenca del Mediterráneo. Las ordenanzas de Aragón prescribieron desde el año 1359 que cada galera debía ir provista, no sólo de una, sino de dos cartas marinas[158]. Un marino catalán, D. Jaime Ferrer, llegó en el mes de Agosto de 1346 á la desembocadura de Río de Oro[159], cinco grados al Sur del famoso Cabo de Non que el infante D. Enrique se vanagloriaba de que lo hubieran doblado por primera vez los barcos portugueses en 1419. Los marinos de Dieppe habían ido en 1364 á Sierra Leona y á Río Sestos (Sesters River), llamado entonces Río del Pequeño Dieppe. En 1365 llegaron á la Costa de Oro, según la relación de Villaut, señor de Bellefonds[160]. Un mallorquín, maese Jacobo, fué elegido por el Infante para presidir la célebre Academia de Sagres.

En los descubrimientos geográficos ha ocurrido lo mismo que en los de las ciencias físicas. Las tentativas con buen éxito, pero que permanecen aisladas largo tiempo, ó no se saben ó son condenadas al olvido; sólo cuando los descubrimientos se suceden y relacionan entre sí, se coloca el primer eslabón de una serie en el punto en que comienza á no ser interrumpida. Llena está la historia de la geografía de estos errores sistemáticos que comprenden hasta el siglo XVI las navegaciones á Nueva Guinea, Nueva Holanda y á muchos archipiélagos del Océano Pacífico[161]. Atribúyese el descubrimiento de las Azores, que son las Cassiterides de Pedro Mártir de Anghiera[162] y de Behaim, el de la isla de Madera[163], el de las islas de Cabo Verde y de las costas equinocciales del Africa occidental á los navegantes del siglo XV. Confúndense los marinos que reconocieron tierras con los primeros que las descubrieron; y no aludo ahora á la relación tan debatida del viaje de Hannon que Rennell y M. Heeren (II, I, pág. 520) llevan hasta más allá del Gambia, situando «la región ardiente de Thymiamata» en Cabo Verde y tomando por el Senegal, no el Chrestes, que creo muy distinto de Chremetes, «uno de los mayores ríos del mundo», según Aristóteles (Met., lib. I, pág. 350, Bekk), sino el río sin nombre, poblado, según Hannón, de cocodrilos y de hipopótamos; limitaréme á nociones más ciertas y recientes.

Mucho antes de los nobles esfuerzos del infante don Enrique, duque de Viseo, y de la fundación de la Academia de Sagres (Tercanabal en el Algarve ó villa do Infante), dirigida por un piloto cosmógrafo catalán, maese Jacobo de Mallorca[164], los cabos Non (Nam) y Bojador habían sido ya doblados[165] (el último es el cabo Buzedor de Andres Bianco y de Livio Sanuto). El Portulano Mediceo, obra de un piloto genovés, que el conde Baldelli nos ha dado á conocer (Polo, t. I, página CLV), indica desde 1351 el Cavo di Non. Marinos catalanes, como lo prueba el Atlas de 1374 examinado por M. Buchon, habían estado al jorn de Sant Lorens, qui es a X d’agost de 1346, ochenta y seis años antes que el almirante portugués Gilianez[166] en Río de Oro (Río do Ouro, lat. 23° 56′). El valeroso Juan de Betancourt sabía que antes de la expedicion de Alvaro Becerra, es decir, antes de terminar el siglo XIV, los marinos normandos habían llegado hasta Sierra Leona (latitud 8° 30′), y procuraba seguir sus huellas. Pero antes que los portugueses, creo que los de ninguna nación de Europa fueron más allá del Ecuador[167]. La región al Sur de la bahía de Biafra, notable por el encuentro en ella de dos corrientes opuestas (del NO. y SE.), llegó á ser desde 1471 á 1474, ocho ú once años después de la muerte del infante D. Enrique, el centro del comercio (rescate) del oro, dado en firme á un activísimo mercader de Lisboa, Fernando Gómez.

En esta época fueron sucesivamente descubiertas la isla de Fernando Pó, llamada primero Ilha Formosa, y las de S. Thomás, do Príncipe y d’Anno Bom[168]. Esta última isla (lat. aust. 1° 24′ 18″) fué la primera que encontraron los portugueses al Sur del Ecuador; pero en las dos expediciones, inmediata una á otra, que emprendió Juan Cam al reino del Congo en 1484 y 1485, en una de las cuales tomó parte Martín Behaim, fué descubierto (no me detengo en las latitudes, referidas con bastante corrección por el mismo Barros) un espacio de costa comprendido entre los paralelos de 1° 50′ (cabo de Santa Catalina), y 22° de latitud austral (la señal de piedra[169], Manga de Areas, al Sur de cabo Frío). Entre estos dos puntos extremos se encuentra situada la señal (Padrao de San Jorge) de la desembocadura del río Zaire ó «Río do Padrâo do Reyno de Congo» (latitud aust. 6° 5′) y la señal del cabo San Agustín (Padrâo do Sancto Agostinho, lat. aust. 13°)[170].

Behaim no nombra nunca á Diego Cam, ni en sus cartas, ni en las aclaraciones de su globo; pero repito que cita claramente y muchas veces esta expedición[171], «en la cual el que ha construído este globo tomó parte y fué enviado por el Rey de Portugal para descubrir lo que Ptolomeo no había visto», llamándola la expedición de dos carabelas de 1484 y 1485. Indica el gran río Zaïre con el nombre que le dió Diego Cam á causa de la señal de piedra (Padrâo de San Jorge), pero tan poco correcto en la antigua ortografía portuguesa, como en la de su propia lengua, llama al Zaïre, no río de Pedrâo, sino río de Patrón. Todos nuestros mejores mapas modernos han conservado la costumbre de nombrar al cabo al Sur de la embocadura del Zaïre Cabo Padrón.

El conocimiento que Behaim tenía de la factoría de Angra de Gato[172] y del santo personaje[173] que sólo enseñaba la punta del pie por detrás de una cortina de seda, y de quien los misioneros cristianos enviados á Asia y Africa se sirvieron durante tres siglos para mixtificar á los soberanos de Europa, prueban también, al parecer, la existencia de relaciones íntimas entre Martín Behaim y Diego Cam. Como este último hizo dos viajes («descubrió por duas vezes», dice Barros), podría suponerse que Behaim sólo le acompañó en la primera expedición de 1484, lo cual no explicaría, sin embargo, ni el error de una señal colocada, según el globo de Nuremberg, el 18 de Enero de 1485 en la bahía de la Tabla, ni la posibilidad de que Behaim fuera el 18 de Febrero de 1485 al convento de Alcobaça para recibir la orden de caballero del Cristo.


VII.