Las estaciones intermediarias de Islandia y de la Groenlandia dieron lugar acaso, desde el año 985, al descubrimiento del Vinland, cuando con el intento de reunirse con su padre, recientemente establecido en la Groenlandia, el islandés Biarn Herjolfson conoció toda la violencia de los vientos de Noroeste y fué llevado hacia una tierra que, por la frondosidad de la vegetación, parecióle al primer aspecto muy distinta de las que hasta entonces había descubierto.

De vuelta á donde residía su padre, unióse Biarn con Leif Ericson (hijo de Eric Rauda, el fundador de los primeros establecimientos islandeses en la Groenlandia), y emprendió con él una expedición lejana, en la cual tocaron el año 1001 ó 1005 sucesivamente en Hallyland, Markland[289] y Vinland. Sabido es que á esta última comarca le dió dicho nombre, por la abundancia de vides silvestres que allí había, un alemán, Türker, que acompañaba á los normandos y les hablaba de la posibilidad de hacer vino.

Examinando atentamente las indicaciones de la longitud del día en los distintos Sagas, se ha deducido que los parajes visitados entonces por los escandinavos estaban situados entre los paralelos de 41° á 50°, lo cual corresponde á la costa que se extiende desde Nueva York á Terranova, costa en que vegetan más de siete especies de Vitis.

Mr. Rafn, que prepara una extensa é importante obra sobre la historia de los descubrimientos americanos, cree que los escandinavos llegaron hasta la Carolina del Norte, pero que la principal estación de estos intrépidos marinos fué la desembocadura del San Lorenzo, sobre todo la bahía de Gaspe, frente á la isla Anticosti, donde la abundancia y facilidad de la pesca podían atraerles. Afortunadamente la sociedad de anticuarios de Copenhague está reuniendo los materiales relativos á esta época tan memorable de la Edad Media.

Todo lo escrito fuera de Dinamarca acerca de los descubrimientos escandinavos en América, aumenta muy poco nuestros conocimientos; sólo cuando el conjunto de los hechos sea comprobado y sometido á sabia crítica, podrá intentarse con éxito el artificio de las opiniones y de las conjeturas.

En esta clase de acontecimientos, como en otros de antigüedad más remota, conócense, por decirlo así, las masas, la realidad de las comunicaciones entre la Groenlandia y el continente americano; pero el detalle de los sucesos es vago y á veces, en la apariencia, extraordinario. Sólo los sabios dinamarqueses y noruegos pueden hacer desaparecer las contradicciones de fechas y de distancias, y las dudas respecto á la dirección y duración de las navegaciones y al aspecto de las comarcas descritas por los Sagas.

Hay investigaciones y trabajos que sólo pueden realizarse junto á las mismas fuentes de conocimientos. Tales son las ventajas de la América española para el estudio de la historia de la civilización primitiva de Méjico, Guatemala y el Perú, y las de Italia para las cartas de marear de la Edad Media, que permanecen olvidadas en las bibliotecas públicas y privadas.

Los recuerdos de las expediciones al Vinland, denominación geográfica tan vaga como lo ha sido la de Terranova á fines del siglo XV, abarcan tan sólo un período de ciento veinte á ciento treinta años. El último viaje de que se ha conservado tradición cierta es el del obispo groenlandés Eric, que fué al Vinland á predicar el Evangelio. Los establecimientos de la Groenlandia occidental, muy florecientes hasta la mitad del siglo XIV, fueron arruinándose progresivamente por los monopolios destructores del comercio, por la invasión de los Esquimales (Skræellinger) en 1349 ó 1379 (porque no se sabe ciertamente el año), por la peste negra (schwarze Tod) que asoló el Norte desde el año 1347 hasta el de 1351, y por el ataque de una flota enemiga cuyo punto de partida se ignora. No se cree hoy en la fábula de un cambio súbito de clima, en la formación de una barrera de hielo que causó la separación total entre las colonias establecidas en Groenlandia y su metrópoli.

Como las colonias sólo ocupaban la parte más templada de la costa occidental, no es posible lo que se ha dicho de que un obispo de Skalhot viera en 1540 en la costa oriental, más allá del muro de hielo, pastores llevando á pastar sus rebaños. La acumulación de hielos[290] en el litoral frontero á Islandia depende, como antes hemos indicado, de la configuración del país, de la proximidad de una serie de montañas paralelas á la costa y de la dirección de las corrientes. Este estado de cosas no data de fines del siglo XIV ó principios del XV, y el mito de la formación de una barrera de hielo en los tiempos históricos, parécese bastante al de la supuesta destrucción de esta barrera en 1817, destrucción que debía cambiar por segunda vez el clima de todo el Noroeste de Europa.