La expedición que Colón hizo por cuenta del rey Renato debió corresponder necesariamente al intervalo entre los años de 1459 y 1470, y creo que fuera desde 1461 á 1463, cuando, con ayuda de los genoveses, procuró Juan II, duque de Calabria, conquistar á Nápoles, donde reinaba Fernando, de la casa de Aragón. Esta circunstancia es, en mi concepto, un motivo más para considerar exacta la opinión de los que sostienen que Colón nació en 1436 y no en 1446; porque á la edad de diez y siete años no se tiene el mando de un buque de guerra, ni se representan los intereses de un soberano extranjero.
Más difícil es determinar la época que Colón navegó en las galeras de Colón el mozo. Muñoz es el primero en probar, por medio de los anales de Marco Antonio Coccejo (Sabellico), que la novelesca aventura descrita por Fernando Colón para explicar la llegada de su padre á Lisboa en 1474, no pudo realizarse hasta 1485, es decir, cuando éste había salido ya de Portugal. Fue, pues, en otra época cuando Colón navegó («durante largo tiempo») con Colon el mozo, cuyo parentesco estimaba en mucho, porque, hijo de un fabricante de paños (su padre vivía aún en 1494, y su nombre figura entre los testigos en un testamento de esta época, textor pannorum), dice con orgullo en un fragmento de sus escritos que ha llegado hasta nosotros. «Yo no soy el primer almirante de mi familia.»
La expedición á la costa de Guinea y «al fuerte de San Jorge de la Mina» del Rey de Portugal, necesariamente es posterior á 1481, porque hasta entonces, según dije antes, no se construyó esta fortaleza.
Cualquiera que sea el año en que Colón hizo su viaje al Norte (Muñoz y Barrow[300] lo suponen antes de la llegada del Almirante á Portugal), «nada indica que este viaje le haya conducido á la costa de Groenlandia, más allá del limite occidental del mundo conocido por Ptolomeo, y que llegara al Nuevo Mundo, sin advertirlo, quince ó veinte años antes del descubrimiento de las Antillas»[301]. Se ha interpretado muy mal el único párrafo de las cinco zonas en que se trata de la expedición al Norte y que copié anteriormente. Colón distingue con gran sagacidad dos islas de Thulé (para nombrarla usa la ortografía de muchos manuscritos antiguos que escriben Thyle, Thile y Tyle)[302], una mas septentrional situada al NO., grande como Inglaterra, y otra más meridional y más pequeña, llamada Frislanda. Considera esta última como la Thulé de Ptolomeo, y añade que está situada donde Ptolomeo indica, á los 63° de latitud. Yo creo que lo que distingue es la Thulé de Dicuil (Islandia), y las Færoe ó Mainland, la isla principal del archipielago de las Shetland la Thulé de Plinio de Tácito, de Solino, y verosímilmente de Pytheas, si Solino no tomó los datos de dos relaciones, una de las cuales se refería á Islandia[303]. Podría decirse que Colón había adivinado lo que las investigaciones geográficas han hecho cada vez más probable en los tiempos modernos.
Cierto es que las latitudes que Colón atribuye á las dos islas de Thulé no convienen ni á la costa meridional de Islandia ni al grupo de las islas Shetland. La primera se encuentra á 63½° y no á 73°; las Shetland están á los 60½° y no á los 63°; pero las posiciones que el Almirante indica no son resultado de observación propia de las alturas meridianas del sol durante una navegación invernal en climas brumosos. Al identificar Frislanda con la Thulé de Ptolomeo, adopta también Colón la latitud de este geógrafo, y supone Islandia 10° más al Norte que Frislanda, mientras que desde Mainland á la costa más boreal de Islandia apenas hay 6½°. Esta exageración no es extraña respecto á la última Thulé.
Tampoco se debe pedir cuenta á Colón de las cien leguas que se alaba haber navegado más allá de la Thulé más septentrional, y que le llevaron, según su cálculo, hasta los 78° de latitud, bastante más lejos de los paralelos de las tierras de Scoresby y de Edam. La vaguedad de estas valuaciones numéricas no debe obligarnos á rechazar el hecho de una expedición á los mares de Islandia, á una isla muy grande donde el comercio y la pesca atraían á los comerciantes de Bristol. Olafsen nos enseña que, desde la primera mitad del siglo XV, los ingleses frecuentaban mucho los puertos meridionales de Islandia, sobre todo Thorlaks-Hafn, y que los obispos del país favorecían el comercio británico.
Un antiguo poema inglés (The policie of keeping the sea), que Hakluyt nos ha dado á conocer, confirma la frecuencia de las comunicaciones entre Brístol é Islandia, en la época de los primeros viajes de Sebastián Cabot.
Lo que Colón dice de grandes mareas y del mar libre de hielo al Norte de Thulé, refiérese sin duda á lo que había leído en las compilaciones geográficas de la Edad Media, sobre la concreción de los elementos ó el pulmón marino del Océano boreal, como acerca del æstus supra Britanniam octogenis cubitis intumescentes. Era costumbre de entonces tener siempre á la vista los asertos de los antiguos para confirmarlos ó rectificarlos según se presentaba la ocasión.
La hipótesis enunciada por Malte Brun de que Colón hubiera sabido en Frislanda ó en Islandia el viaje de los hermanos Zeni y el descubrimiento de la América septentrional por los escandinavos, es muy poco probable. Colón buscaba el camino de la India para llegar por el Oeste al país de las especias, y aunque supiera que los colonos escandinavos de la Groenlandia habían descubierto el Vinland, y que los pescadores de Frislanda habían llegado á una tierra llamada Drogeo, no creería seguramente que tales noticias tuvieran relación alguna con sus proyectos. Vinland y Drogeo tuvieron interés para nosotros cuando se adquirió la certidumbre de la continuidad de las costas desde el cabo de Paria hasta la desembocadura del San Lorenzo.
Además, en la segunda mitad del siglo XV, cuando hacía ya trescientos cincuenta años que toda navegación al Vinland estaba interrumpida, el recuerdo de los descubrimientos groenlandeses no podía permanecer tan vivo en Islandia que llegara la noticia á conocimiento de un marino genovés, al cual seguramente le importaban tan poco los Sagas del país, como los manuscritos de Adam de Brema.