El scherif Edrisi y Ebn-al-Uardi describen casi con las mismas palabras las aventuras de estos ocho árabes, que saliendo del puerto de Aschbona ó Lisboa, navegaron hacia el SO. durante treinta y cinco días, para descubrir la isla de los Carneros (Dgezirat alghanam). Ebn-al-Uardi indica claramente el objeto de la expedición. «Los navegantes, dice, parientes todos ellos, reunieron las provisiones necesarias para un largo viaje, jurando no volver antes de penetrar hasta la extremidad del mar Tenebroso (el Atlántico).» Edrisi se limita á añadir, según la versión de Gabriel Sionita, «Tenebrarum aggressi sunt mare, quid in eo esset exploraturi».
No pudiendo comer la carne demasiado amarga de los carneros de la isla Gana, bogaron aún doce días en dirección al Sur, y llegaron á una isla habitada por hombres de piel roja, gran estatura y cabellera no espesa, pero larga hasta los hombros. Estos rasgos característicos hicieron creer á Mr. Guignes, padre, quien nos ha dado los extractos de Ebn-al-Uardi, que los árabes llegaron, si no á la costa oriental de América, al menos á islas muy próximas á ella.
Ya hemos visto antes, al hablar del Fusang, que este mismo sabio creía descubierta por los chinos la América Occidental á fines del siglo V; pero esta hipótesis es tan cierta como la anterior.
El rey de la isla de los hombres rojos tenía á su servicio un intérprete que hablaba árabe, y esta circunstancia, unida al aserto de que los hombres rojos habían explorado el mar hacia el Oeste durante más de un mes, sin encontrar tierras, parece confirmar la opinión del sabio orientalista de Göttinga, M. Tychsen, repetida por Malte Brun, de que donde llegaron los Almagrurinos fué á alguna isla de la costa de Africa, por ejemplo, á las islas de Cabo Verde.
Edrisi dice que la tez de los habitantes era «una mezcla[314] de moreno y blanco». Acaso fuera la raza de los guanches, que me parece indicada por este carácter de la piel y la forma de los cabellos.
La objeción de que los árabes conocían demasiado las islas Canarias con el nombre de Khaledat, para que los aventureros navegantes de Lisboa no adivinaran á dónde habían llegado al término de su viaje, no la creo de peso. Seguramente el recuerdo de las islas Afortunadas no se borró nunca por completo en la Europa occidental desde los tiempos de griegos y romanos; no dudo que los árabes las hayan visitado algunas veces, pero la descripción vaga y confusa que de ellas hacen Edrisi, Ebn-al-Uardi y Bakoui (escritores de fines del siglo XII y principios del siglo XIII), prueba bastante bien cuán raras fueron las comunicaciones entre estas islas y el mar Mediterráneo.
Bakoui habla solamente de la amenidad del país y de la fertilidad del suelo; pero ni él ni sus antecesores conocen la colosal montaña del Pico, los fuegos de los volcanes de Canarias y el pueblo pastor de los guanches. Únicamente hacen mención de algunas estatuas simbólicas, de que trataré después, y de ese Alejandro (Dulcarnaïn) Bicornio que viajó más allá de las columnas de Hércules, hasta las islas Mesfahán y Lacos.
Los aventureros de Lisboa volvieron por la costa de Marruecos, llegando al puerto de Asfi ó Azaffi, en la extremidad occidental del Magrab; siendo no poco notable que, según Edrisi (páginas 72 y 78), la isla ó las islas de los Dos Hermanos, que el antiguo y excelente corógrafo de Canarias, el navegante escocés Jorge Glas y, en nuestros días, M. Hartmann[315] han tomado por las islas de Madera y de Porto Santo, estén situadas frente á Asfi, circunstancia que parece apoyar la idea de que los Almagrurinos volvían de la tierra de los guanches.
La expedición de los árabes á la isla de los carneros amargos y de los hombres rojos adquirió tanta celebridad, que á una de las calles de Lisboa se le dió el nombre de Calle de los que se engañaron, traducción exacta que Guignet da de la palabra almagrurino, mal interpretada por los traductores maronitas y los escritores modernos, quienes llaman á los Almagrurinos hermanos errantes.
Habiendo evacuado los árabes á Lisboa en 1147, la tentativa de descubrir el fin del Atlántico hacia el Oeste, necesariamente ha de ser anterior á esta época, y muy anterior, porque Edrisi, cuya obra fué terminada en 1153, no habla de ello como de suceso reciente.