Cuando admiró á Francisco Hernández de Córdoba (en 1517) el aspecto de los templos (teocallis) construídos con piedras labradas y la civilización de los pueblos del Yucatán; cuando descubrió las grandes cruces que adoraban, creíase generalmente, dice Gomara[386], «que los españoles que huyeron de su patria al ser invadida por los árabes, en tiempo del rey Rodrigo, llegaron á aquellas lejanas costas.»

En la expedición aventurera que hizo el Padre franciscano Marcos de Niza[387] á Cibola (el país de los bisontes, ó vacas corcovadas), más allá de los 36° de latitud, buscábanse también las Siete Ciudades; «al rey Taratax (especie de Preste Juan), que adoraba una cruz de oro y la imagen de una mujer, Señora del Cielo».

Si la isla Antillia hubiera sido igual á la de San Miguel de las Azores, no es probable que figurase en mapas que, como el de Bianco, presentan simultáneamente todo el archipiélago de las Azores[388]. Mejor se comprende que la Antillia, primitivamente señalada como una gran tierra por confundirse las costas mal conocidas de las Azores, fuera puesta al Oeste de dicho archipiélago cuando con precisión se reconoció su pequeñez y los contornos de cada una de las islas que lo forman. Para comprender bien la fuerza de este argumento preciso es recordar las fechas verdaderas de los descubrimientos hechos por los portugueses en la región templada del Océano Atlántico. Estas fechas son las siguientes: descubrimiento del escollo de las Hormigas, en 1431; de la isla de Santa María, 1432; de la de San Miguel, 1444; de Terceira, San Jorge y Fayal, 1449; de Graciosa, 1453. El descubrimiento de las islas más occidentales, Flórez y Corvo, parece ser anterior á 1449; pero esta fecha es menos precisa[389]. El mapa de Bianco estaba terminado[390] cuando el Infante, «guiado por mapas antiguos, sólo había hecho reconocer la isla de Santa María, la única cuyo suelo no es volcánico». Este mapa presenta á la vez los nombres árabes y cristianos: los de Bentufla[391] y San Jorge (San Zorzi), y sitúa con bastante corrección las nueve islas en tres grupos parciales; pero en vez de estar orientados estos grupos de Sudeste á Noroeste, se encuentran casi de Sur á Norte. El islote más lejano llámase ya Corvos Marinos. Los nombres de San Jorge y de Corvo no fueron, pues, dados por los portugueses en 1449, sino por otros pueblos de la Europa latina.

Los dos pueblos rivales y aventureros en la Edad Media, los normandos y los árabes, fueron, sin duda, los que entonces[392] propagaron noticias ciertas acerca del archipiélago de las Azores. Algunos historiadores[393] suponen en el siglo IX el descubrimiento hecho por los normandos. El geógrafo de Nubia, que es del siglo XII, conoce en el Atlántico (en el mar Tenebroso) «la isla de Raka, que es la de las Aves, habitada por grandes águilas ó buitres, que se alimentaban con pescados y volaban de continuo alrededor de la isla[394]. Ebn-al-Uardi[395] conoce, según parece, esta misma isla con el nombre de Thouïur (ó de las Aves), y dice que las águilas rojas, provistas de enormes garras, se reunen allí y cazan lejos de las costas en plena mar. Un rey de los francos (según dice Hucaïli) envió á dicha isla un barco para ver aquellas aves; pero el buque naufragó».

Los comentadores de los geógrafos árabes reconocieron desde hace largo tiempo que la denominación de isla de los Azores (Insule Accipitrum) no es más que la traduccion portuguesa de islas de los Buitres, ó de los Halcones de Edrisi.

Las tres islas del Brasil (Brazie, Brazir ó de Mayotas), que señalan casi todos los portulanos[396] del siglo XIV (por ejemplo, el de Pizigano, trazado en 1367) entre los paralelos del cabo de San Vicente y de Irlanda, son, sin duda, también islas del grupo Raka y de las Azores[397]. Quizá el nombre mismo de Antillia, que por primera vez aparece en un mapa veneciano de 1436, es sólo una forma portuguesa dada á un nombre geográfico de los árabes. La etimología que se arriesga á dar M. Buache paréceme muy ingeniosa, y, sobre todo, resulta probable si se la adapta con alguna más precisión al carácter propio de las lenguas semíticas. «En el número de las islas desconocidas que describe Edrisi (Pars prima, Climatis tertii, p. 71), y que son, al parecer, dice M. Buache[398], las Azores, hay una llamada Mustaschin; Ebn-al-Uardi la llama Tinnin[399], lo cual significa isla de las Serpientes. Es creíble que la palabra Antillia tenga la misma significación, y que se derive de la palabra tinnin, como la de Anjuan se deriva de la de Juan, que se encuentra en muchos mapas antiguos». La última analogía no es afortunada. La sílaba inicial paréceme mejor una corrupción del artículo árabe de Al’-Tinnin, y de Al-tin se habrá hecho poco á poco Antinna y Antilla; como, por un cambio análogo de consonantes, los españoles hicieron, de crocodile, corcodilo y cocodrilo. El dragón se llama en árabe Al Tin, y la Antilia es quizá la isla de los Dragones Marinos[400]; interpretación que parece confirmada por la figura de hombre que es arrastrado hacia el mar por un grupo de serpientes, figura puesta por Pizigano cerca de su isla de Brazir, y por las grandes serpientes esculpidas en un monumento hecho de piedra, de que habla Thevet, asunto que discutiremos más adelante. También puedo citar la isla Danmar (isla del vaso ó receptáculo de serpientes), que el mapa de Bedrazio, de que antes he hablado, sitúa al lado de Antillia[401].

La palabra Antillia, sustituída por Antilha, puede, sin duda, descomponerse en dos palabras portuguesas: ante é ilha; pero, conforme á la analogía de Antiparos, Anticirrha y Antibacchus[402], significa, no lo que es opuesto á un continente, sino á otras islas[403]. Nunca pusieron un nombre tan general y dogmático los marinos, que individualizan todo, y atienden con preferencia á las condiciones de forma, de color ó de producciones.

La lectura de los últimos capítulos de Marco Polo podía infundir esperanzas á un geógrafo teórico, como lo era Toscanelli, de que, navegando desde Portugal hacia el Oeste, se encontraría, antes de llegar al continente de Asia, la larga serie de islas que se extiende desde Zipangu á Selendiv; pero ¿por qué dar á una sola grande isla, que se suponía situada en el archipiélago de las Azores, ó cerca de él, el nombre sistemático de Antilha?

Un literato distinguido creyó descubrir recientemente la explicación del enigma en un pasaje de la obra de Aristóteles De Mundo[404], que antes he examinado, y que trata de la existencia probable de tierras desconocidas opuestas á la masa de continentes que habitamos. «Estas tierras, grandes ó pequeñas, cuyas orillas están frente á las nuestras, encuéntranse señaladas, dice, con la palabra antiporthmoi, que en la Edad Media se tradujo Antinsulæ

Esta traducción es, para mí, injustificada. La Beocia y la Eubea, separadas por un estrecho (el Euripo), son recíprocamente antiporthmoi, y la palabra portuguesa inusitada de Antilha no tiene significación en griego. La traducción latina del libro De Mundo, atribuída á Apuleyo, no ha podido dar origen á la denominación de Antínsula, porque Apuleyo no fijó bien la atención[405] en la palabra ἀντίπορθμος, y su libro es, además, una paráfrasis, suprimiendo ó añadiendo lo que se le antoja[406].