Recapitulando cuanto sabemos acerca de los primeros descubrimientos de las islas de la India occidental, no veo en qué podría apoyarse la opinión de que Colón mismo llamó Antillia á las islas Caribes. El primer indicio de dicha aplicación lo encuentro en estas palabras de Las Oceánicas, de Pedro Mártir de Anghiera[370]: «In Hispaniola Ophiram insulam sese reperisse refert (Colonus), sed cosmographicorum tractu diligenter considerato, Antiliæ insulæ sunt illæ et adjacentes aliæ,» He aquí la denominación geográfica de Antillas en plural. Pero hay más; la única vez que se encuentra en las cartas de Amérigo Vespucci el nombre de Colón, va unido al nombre de Antillia. «Venimus ad Antigliæ insulam quam paucis nuper ab annis Christophorus Columbus discooperint.» Estas palabras[371] están tomadas de la relación del (supuesto) segundo viaje de Vespucci, del que dice haber terminado el 8 de Septiembre de 1500.
La correlación que existe entre los acontecimientos prueba que el nombre de Antillia lo dió Vespucci á la isla Hispaniola, y que su relación es la del viaje que hizo con Ojeda; porque en el (supuesto) primer viaje, cuya fecha de partida fija Vespucci en 20 de Mayo de 1497 la Hispaniola se llamaba pura y simplemente Ity, corrupción sin duda de Aïty[372]. Bartolomé de las Casas nos dice que[373] eran los portugueses quienes aplicaban con preferencia á la Hispaniola el nombre de Antillia.
Estas aplicaciones de nombres geográficos eran muy arbitrarias en los primeros tiempos de la conquista. Schoner[374] toma todavía, en 1533, la ciudad de Méjico (Temistitlán) por el Quinsaï de Marco Polo, la célebre ciudad china de Hangtcheu-fu. Gomara, que no duda de la identidad[375] de la América y la Atlántida, hace derivar este último nombre de la palabra mejicana alt (agua), fantasía etimológica repetida muchas veces en nuestros días, recordando además el nombre tártaro del Volga, Attel, la grande agua.
Por lo demás, con la denominación de islas Antillas ha sucedido, como con la de América. Estos nombres fueron propuestos, el primero, como hemos visto, por Anghiera, en 1493, y el segundo por Ylacomylus, en 1507, y sin embargo, fué preciso que transcurriera más de un siglo para que su uso se generalizara. Cristóbal Colón no dió jamás una denominación al conjunto de las Islas de la India que había descubierto. En los primeros tiempos de la conquista no se conocen más que los nombres de Islas de Lucayos[376] (las islas Bahamas) y de Islas de Barlovento[377] ó Islas de los Caribes y de los Caníbales[378] aplicadas al grupo que se extiende desde la Trinidad á Puerto Rico (Boriken).
En los mapas de Juan de la Cosa y de Rivero no hay ni rastro del nombre de Antillas. La reseña italiana de todas las islas del mundo por Benedicto Bordone[379], no lo conoce, ni tampoco el Isolario, de Porcaccio[380], el Ptolomeo italiano, de Antonio Mangini, de 1598, la Cosmographie, de Andrés Thevet[381] y la Descripción de las Indias occidentales, del historiógrafo Herrera[382], terminada en 1615.
Es verdaderamente extraordinario, que después de tan largo olvido durante todo el siglo XVI, un nombre, que por primera vez había aparecido en un mapa de 1436, sea el que al fin haya prevalecido en Europa. Este nombre era sin duda más sonoro que el de islas Camercanas que conocemos por el Breviario geográfico de Bert., y por el viaje de un religioso carmelita; pero ignoro en absoluto su etimología[383]. Probablemente lo que más contribuyó á poner el nombre de Antillas en los mapas de América fué la gran celebridad de los mapas de Cornelio Wytfliet y del Theatrum Orbis terrarum de Ortelio[384].
En cuanto al origen del mito geográfico de la Antillia, de Andrés Bianco, preciso es distinguir, como en todos los mitos, el elemento ideal y la aplicación de este elemento á una localidad determinada. Un acontecimiento verdadero, una emigración por mar, cuando los árabes invadieron la península ibérica, dejó vagos recuerdos que han sobrevivido á las desgracias públicas. Los emigrados tuvieron quizá el deseo de ir á las islas Afortunadas, de buscar un asilo, como Sertorio cuando huía de las tropas victoriosas de Sila, y la imaginación de los pueblos, que embellece las tradiciones nacionales, trasladó un hecho histórico natural al país de las ficciones. Se suponía que los fugitivos habían fundado una colonia floreciente en el centro del Atlántico, pero cuando se supo, y no tarde, que dicha colonia cristiana no estaba en las islas Canarias, archipiélago muy visitado á causa del comercio de esclavos guanches, fué preciso suponerla más lejos y asignarle una posición determinada.
Descubiertas las Azores, ó mejor dicho, encontradas de nuevo varias veces, pudieron engendrar la idea de una tierra muy extensa, porque se suponía la continuidad de la costa correspondiente á distintas islas. En este sentido, yo creo que todo el archipiélago de las Azores ocasionó que se fijara la posición de la Antillia ó isla de los Siete Obispos y de las Siete Ciudades, pues no me atrevo á conjeturar, como M. Buache[385], que la Antillia de Bianco, ancha como España, sea la isla de San Miguel, por la única razón de que los portugueses, aun hoy, dan á una parte de esta isla el nombre de Sete Citades. Lo único que prueba esta denominación es que los navegantes y los colonos portugueses no olvidaban las antiguas tradiciones populares. El razonamiento de M. Buache nos llevaría también á buscar la Antillia y las Siete Ciudades á la península del Yucatán ó al Norte de Méjico en el seno del Nuevo Continente.