[70] Vida de D. Cristóbal Colón, cap. II. Aunque D. Fernando muestra generalmente altivez de sentimientos y declara que el hijo de Cristóbal Colón no necesita más gloria hereditaria que la que puede legar un grande hombre, su ira contra el obispo Giustiniano la exitó, según parece, un motivo poco filosófico. El Obispo había dicho en el salterio «que la familia del Almirante ejercía pobremente un oficio manual».

[71] Navarrete. Viajes y descubrimientos de los españoles, tomo III. Colección diplomática, págs. 539, 583, 586 y 587. «Estándo cerca de Paria, el Almirante demandó á los pilotos el punto de viaje que llevaban, é unos decian que estaban en la mar de España, é otros en la mar de Escocia» (sin duda á causa del mar alto y agitado que se encuentra en las inmediaciones de la isla de la Trinidad). «El Almirante (dice el testigo Bernardo de Ibarra) envió á España en una carta de de marear los rumbos y vientos por donde había llegado á Paria. Por aquella carta se habian hecho otras é por ellas habian venido Pedro Alonso Merino (Niño) e Ojeda.» Era más que la pintura de la tierra firme; era una carta de navegar. De igual suerte creo que lo dicho en una carta de la reina Isabel, recibida por Colón en Septiembre de 1493 en el Puerto de Santa María, respecto á la carta de marear que el Almirante había prometido á la Reina, y cuyo envío exige ésta con tantas instancias, no era más que el trazado de los descubrimientos del primer viaje. (Navarrete, t. II, pág. 107, núm. LXX.) Sería muy interesante encontrar estos diseños de mano de Colón, sobre todo los correspondientes á las tierras vistas el viernes 12 de Octubre de 1492.

[72] Plinio II, 68. Es el elocuente párrafo sobre la extrema pequeñez de los continentes que termina con estas palabras: «Hæc est materia gloriæ nostræ, hæc sedes; hic tumultuatur humanum genus, hic instauramus bella civilia mutuisque cadibus laxiorem facimus terram.»

[73] Colón, en la carta de 7 de Julio de 1503; Navarrete, tomo I, pág. 300; Barcia, t. I, pág. 6. La lectura de ciertos libros de filósofos (dice también su hijo D. Fernando) enseñó al Almirante que la mayor parte de nuestro globo estaba en seco.

[74] Es muy difícil clasificar, según sus épocas, los acontecimientos de la vida de Colón antes de que llegara á España. Con pocas excepciones, acepto el resultado de las investigaciones de Muñoz y de Navarrete. Fernando Colón, en la Vida del Almirante, cap. XIII, dice que el viaje á Thulé lo hizo en Febrero de 1477, citando una anotación de puño y letra de su padre; y Spotorno fija la fecha de una expedición á Túnez en 1478. (Códice diplomático Colombo-Americano, 1823, página XIII.) Si estos datos no son dudosos, porque Spotorno quiere también que el nacimiento de Cristóbal Colón fuera en 1447 en vez de 1436, los viajes á Thulé y á Tunez, como también los que hizo á la costa de Guinea, se habrían verificado después de la llegada del Almirante á Lisboa. Discutiremos en otro sitio la cuestión de si la isla que Colón llama Thyle ó Tile, cuyas costas meridionales se encuentran á 73 grados de latitud, y donde «tantos negociantes de Brístol llevan sus mercancías», puede ser la Islandia. No cito entre las aventuras de Colón la más extraordinaria, la que, fiando en la autoridad de Fernando Colón, repiten tantos biógrafos modernos, como si ignoraran las observaciones críticas del abate Ximénez y del historiógrafo D. Juan Bautista Muñoz. Preténdese que Colón, después de navegar largo tiempo con su pariente, el famoso corsario genovés llamado Colombo el Mozo, para no confundirle con su abuelo el Almirante que había vencido á los musulmanes, arrojóse al mar cuando el incendio de dos barcos sujetos con garfios de abordaje en un combate contra las galeras venecianas, verificado entre Lisboa y el Cabo de San Vicente. Fernando Colón dice que este suceso fué causa de que su padre fijase la residencia en Portugal, y que se refiere en la décima década del Tito Livio de su época, Marco Antonio Sabellico, bibliotecario de San Marcos. Pero Cristóbal Colón llegó á Lisboa en 1470, y Sabellico (Rhapsod. hist. en., dec. X, lib. 8; é Hist. ver. Venet., dec. IV, lib. 3) dice que el suceso ocurrió en 1485. (León Ximénez, Del Gnomone fiorentino, 1756, página XLVII; Muñoz, Intr., pág. VI.) Ahora bien: en 1485 encontrábase Colón hacía más de un año en España ganándose la vida con dibujos de cartas de marear y la venta de libros de estampas; probablemente habitaba en el Puerto de Santa María, en casa de su protector el Duque de Medinaceli.

Paréceme que esta última circunstancia resulta probada por una carta del Duque de Medinaceli, fechada el 19 de Marzo de 1493, en la que reclama de la corte algún privilegio de comercio, «por ser el primero que dió á conocer al Gobierno español este Colomo (El Duque transforma el apellido Colón casi en el de uno de los hombres más influyentes en aquella época, Juan de Coloma) (Códice diplomático Colombo-Americano, página 55) que ha hallado tan grande cosa». En 20 de Enero de 1486 encontramos ya al Almirante al servicio de los Reyes Católicos. (Navarrete, t. I, pág. XLII, t. II, Documentos dipl., núm. 14, pág. 20.)

En cuanto á los estudios, parece que Colón los continuó celosamente, viviendo en intimidad durante su permanencia en España con algunos religiosos muy instruídos como el franciscano Juan Pérez, guardián del convento de la Rábida, cerca de Palos, convento en el que Colón pidió un pedazo de pan para su hijo, durante la para él triste época en que, al exponer sus proyectos, se le respondía que todo era un poco de aire. Consultó también al padre dominico Diego Deza, profesor de Teología de la Universidad de Salamanca, que tenía á su cargo la educación del infante D. Juan, y fué después arzobispo de Sevilla; y finalmente, al cartujo Fr. Gaspar Gorricio, que trabajó con el Almirante en el libro de las Profecías. (Manipulus de auctoritaribus, dictis ac sententiis et prophetiis circa materiam recuperandæ Sanctæ Civitatis et montis Dei Sion; ad Ferd. et Helisab. reges nostros).

Estos religiosos ayudaron á Colón á aplicar las citas de los profetas á su empresa del descubrimiento del Nuevo Mundo. Colón dice, al principio de la relación de su tercer viaje, que cuando todos se burlaban de él, sólo dos frailes fueron constantes amigos suyos. Las Casas en su Historia cree que el Almirante alude á Diego de Deza y á Fr. Antonio de Marchena, que acaso sea el guardián del convento de la Rábida Juan Pérez. El Almirante debió nombrar también al médico García Hernández (de Palos), que asistió á las primeras conferencias de la Rábida, y que, como testigo en el pleito con el fiscal del Rey, prestó tan señalados servicios á D. Diego Colón y á sus herederos. (Navarrete, t. III; Colección dipl., páginas 561, 596 y 604.)

[75] Las versiones latinas de los libros de Aristóteles De Cœlo, De Meteorología y De Animalibus, hechas sobre las de Averroës, se publicaron en 1473, 1474 y 1476. Circulaban además en la Edad Media muchas traducciones manuscritas de los libros de física de Aristóteles, entre ellas la versión de Miguel Scott. Strabón no fué publicado en griego hasta diez años después de la muerte de Colón, pero pudo éste aprovechar las traducciones latinas de Roma (1467) y de Venecia (1472). Los clásicos latinos eran los de más circulación, especialmente Séneca, que tanto animaba al paso desde España á la India, cuyas obras fueron impresas en 1475; Solino, que vió la luz en 1473; Pomponio Mela en 1471, y Plinio desde 1469.

[76] Encuéntrase en Joannis Schoneri Carolostad, Opusculum Geographicum, 1533, parte II, cap. I, gran número de citas falsas de autores clásicos aplicadas «á la América que no es una parte de la India superior.» Esta «India superior», denominación de la Edad Media, designaba las tierras al Nordeste de la India, extra Gangem; y como de muy antiguo y hasta los tiempos de Cosmas, por la confusión homérica de la Etiopía y de la India, la India exterior abarcaba al Oeste la Arabia y la Troglodítica (Letronne, Christ. de Nub., 1832, páginas 33 y 130), de igual manera en tiempos posteriores fué aplicado el nombre de India á las tierras más orientales. Esta extensión del mismo nombre influyó en las denominaciones dadas á América. De las tres Indias de Marco Polo (II, 77; III, 39 y 43; Africa, Edrisi, pág. 81, Hartm.), la segunda ó media (la Albisinia) era la India interior de Philostorgo y de muchos escritores eclesiásticos; pero no de Cosmas, cuya otra India ó India interior es el país de la seda, es decir, la India superior de los geógrafos de los siglos XV y XVI. El conocimiento de estas diferencias es indispensable para el estudio de los escritos geográficos é históricos de la Edad Media.