[113] Aunque al escribir estos párrafos (Febrero de 1834) no ha desembocado ningún buque por el canal de Barrow en el mar de Kamtchatka, ó costeado América desde la península de Melville y el Príncipe Regent-Inlet hasta la bahía de Kotzebue, los brillantes descubrimientos de Parry, Franklin y Beechey no dejan, al parecer, duda acerca de la comunicación entre el mar de Baffin y el estrecho de Behring.

[114] Pedreio de Covilham y Alonso de Payva se embarcaron en Barcelona en 1487 para saber noticias del Preste Juan. Los dos judíos se unieron á Covilham en el Cairo á su vuelta de Sofala y de Adem.

[115] Según d’Herbelot, la isla Seranda de Edrisi (Hartmann rechaza este sinónimo, Africa, pág. 115); Magastar ó Madaigascar (corrupción de la palabra Madagache) de Marco Polo, llamada después, á principios del siglo XVI, isla de San Lorenzo de los Portugueses. Con esta última denominación encuentro la isla de Madagascar en un mapa-mundi dibujado en Sevilla en 1527, y por tanto, anterior en dos años al célebre mapa de Diego Rivero, conservado también en la Biblioteca de Weimar Ambos mapas presentan ya también la posición de las islas de Francia y de Borbón con los nombres de Mascarhenas y de Santa Apollonia.

[116] Gama partió de Portugal el 8 de Julio de 1497, y llegó á la bahía de Santa Elena en Noviembre de 1497 á la desembocadura del Río de Buenos Señalis, donde tuvo la primera noticia de la proximidad de hombres blancos y de barcos de construcción europea, el 25 de Enero de 1498; á Calicut el 18 de Mayo de 1498, y volvió á Portugal el 19 de Julio de 1499. Duró esta expedición memorable, según datos exactos, dos años y nueve días; el viaje de Portugal á las Indias á (Calicut) 314 días, mientras hoy (en 1834) la duración media de esta travesía en los buques de Liverpool es de 95 días.

[117] Dec. I, lib. III, cap. 4, pág. 190. Como Toscanelli aconsejó á los portugueses buscar el camino de la India, no por la ruta de Guinea, sino por la del Oeste, es muy extraño error atribuir á este astrónomo el conocimiento del Cabo de Buena Esperanza desde 1474 y la creencia de que pudo comunicarlo á los venecianos. Le Bret. Gesch. von Venedig, t. II, pág. 226; Sprengel Gegch. der geogr. Eutd., 1792, pág. 390.

[118] «Os envío otra carta de marear, semejante á la que yo le envié al Canónigo.» Me ha parecido extraordinario que en la frase que indica la distancia de Lisboa á Quisai, diga Toscanelli «hallaréis en un mapa», en vez de «en mi mapa ó carta de marear».

[119] El mapa de Martín Behaim, que expresa las creencias geográficas del siglo XV, da una diferencia de longitud de 13 grados.

[120] Diario de 1492: «Viernes 5 de Agosto. Anduvimos (desde la barra de Saltes) con fuerte virazón 60 millas, que son 15 leguas (Navarrete, t. I, pág. 13).

[121] Comparando atentamente la carta que publica el abate Ximénez en su Gnomone Fiorentino, con la que Fernando Colón encontró entre los papeles de su padre, y era conocida de Las Casas, encuentro muchas adiciones y alteraciones del texto. Sabemos por la Vida del Almirante, que la célebre carta de Toscanelli estaba escrita en latín, conforme á la costumbre que prevalecía entonces entre los sabios. Puede esto causar sorpresa al recordar que se trata de un italiano de Florencia, el cual escribe cartas á un italiano de Génova, que habitaba en Lisboa desde 1470, y que esta correspondencia pasaba por manos de Lorenzo Giraldo, indudablemente de la familia de los Giraldi, originaria de Florencia (Barcia, t. I, págs. 5-6); pero Toscanelli recordaba tan poco la nacionalidad italiana de Colón, que á juzgar por la frase con que termina su segunda carta pudiera presumirse que en Florencia se tenía á Colón por portugués. «Estad seguro de ver (en el Cathay) reinos poderosos, cantidad de ciudades pobladas y ricas provincias que abundan de toda suerte de pedrerías, y causará grande alegría al Rey (el Gran Can) y á los Príncipes que reinan en estas tierras lejanas, abrirles el camino para comunicar con los cristianos á fin de hacerse instruir en la Religión Católica y en todas las ciencias que tenemos. Por lo cual, y otras muchas cosas que podrían decirse, no me admiro tengáis tan gran corazón como toda la nación portuguesa, en que siempre ha habido hombres señalados en todas empresas.» No teniendo á la vista en este momento la traducción italiana de la Vida del Almirante, publicada en Venecia, en 1571, por Alfonso de Ulloa con el título de Istoria del Sr. D. Fernando Colombo nelle quali si ha particolare e vera relazione della vita de’fatti dell’Ammiraglio, no puedo comprobar si las alteraciones del texto en la carta italiana que presenta el Gnomone de Ximénez, son efecto de la negligencia del Abate ó de la de Ulloa. Se ha hecho decir al astrónomo florentino, que los 26 espacios de distancia que hay desde Lisboa á Quinsay tienen cada uno 250 (en vez de 150) millas; se han añadido palabras sin sentido, por ejemplo, los 10 espacios de distancia de Cipango á Antilia hacen «2.500 millas», ó 225 leguas. Más adelante (y en contradicción notoria con las cifras que preceden) la gran ciudad de Quinsay tiene «100 millas» ó 35 leguas de ámbito. En fin, y como glosa puesta por acaso en medio de la descripción de Quinsay, «este espacio es casi la tercera parte de la esfera.» Las frases puestas entre comillas son variantes lectiones, ó mejor dicho, falsificaciones del texto. Conforme á estos datos falsos, la longitud de una legua sería unas veces de once y un décimo millas, y otras de dos y ocho décimas. El abate Ximénez deduce del modo más arbitrario (páginas 92-94) que un espacio equivale á cinco grados de longitud; que cincuenta millas ó veintidós y media leguas de Toscanelli forman un grado, y que la distancia desde Lisboa á Quinsay es de 130 grados. Fúndanse estas conclusiones, en parte, en la analogía de las proyecciones de Ptolomeo (Geogr., I, 23), que dividía el cuarto de la circunferencia ecuatorial en 18 partes, como Eudoxio dividía (Geminus, Elem. Astr., capítulo 15) toda la circunferencia polar en 60 partes iguales, lo cual da diferencias de cinco grados de longitud y seis de latitud. Pero aunque Toscanelli valúa «un espacio de su mapa en veintidós y media leguas», la suposición de cinco grados de longitud daría, para el paralelo de 38 grados y 42 minutos al que se refiere este cálculo, tres y media leguas por grado de longitud, resultado absurdo, porque no concuerda con ninguna extension que en cualquier tiempo se haya llamado legua. Termino esta larga disertación numérica haciendo observar que si Toscanelli tomó la descripción de Quisai (Kinsai) de Marco Polo (lib. II, cap. 68), encontró el circuito de los muros valuado solamente en 100 li chinos, y que estos 100 li, llamados millas chinas en los manuscritos del viajero veneciano, los tradujo vagamente por 35 leguas, ignorando que 192 li forman un grado ecuatorial.

[122] Digo en el texto: tres días después que Colón creyó haber observado por primera vez la declinación magnética, porque Peregrini había observado ya esta declinación en Europa en 1269.