Expuestos ya los argumentos que hemos deducido de los mapas de Juan de la Cosa y de Rivero y del análisis del Diario de Colón, debemos mencionar el itinerario de Juan Ponce de León y el testimonio de Anghiera. Ambos son anteriores á 1514, y pertenecen á una época en que el recuerdo de los primeros descubrimientos estaba aún fresco en la memoria.
Juan Ponce de León, que desde 1508 empezó á colonizar la isla Borriquen[119] (San Juan), hizo en 1512 una expedición aventurera á costa suya, á las islas Lucayas y á la Florida, para buscar entre aquéllas la fuente que rejuvenecía[120] de Bimini y, en ésta, un río que tenía la misma virtud de rejuvenecer. Como la expedición salió de Puerto Rico[121] el diario de Ponce de León, que se conserva completo, tiene la ventaja de señalar por sus nombres los islotes y bajos opuestos á Haïti y á Cuba, tal y como se encuentran situados al Suroeste y Noroeste. Basta citar aquí estos nombres, para probar que la isla Guanahaní de Ponce es Cat Island de nuestros mapas, y no un islote al Oeste de los Caicos. He aquí el orden de la serie: los bajos de Babueca, indicados con igual nombre en el mapa de Diego Rivero de 1529, probablemente los Cayos de la Plata[122] (Silver Bank); el islote de las Lucayas, llamado Los Caicos[123]; la Yaguna, el primer Mayagon de Rivero (¿la isla Inagua?); Amaguayo (¿el segundo Mayagon de Rivero?); Manegua (Manigua de Rivero; ¿Mariguana de los mapas modernos?); Guanahaní, á la cual sitúa Ponce en latitud de 25° 40′. Parece que el famoso piloto de esta expedición, Antonio de Alaminos, determinaba todas las posiciones cerca de un grado más boreal, de suerte que su itinerario presenta próximamente la verdadera diferencia de latitud (3° 10′) entre las islas Turcas, cerca de los Caicos, y San Salvador ó Guanahaní.
La última autoridad, muy importante y completamente desatendida hasta ahora en el debate sobre el lugar del primer desembarco en América, es Anghiera.
El noveno libro de la tercera década, escrito probablemente después de 1514, contiene grandes detalles geográficos relativos á Haïti y Cuba, detalles que Anghiera debía á los relatos, á los mapas y á los cuadros de posiciones (indice et tabellæ quibus præbetur fides à naucleris, en español padrón) del célebre piloto Andrés Morales (Oceánica, Dec. II, lib. X, pág. 200; Dec. III, lib. VII, página 277; lib. VIII, pág. 298). Ahora bien; Anghiera, que había dado hospitalidad en su casa, como lo dice él mismo, á Cristóbal Colón, á Sebastián Cabot, á Juan Vespucci y á Andrés Morales, «distingue, por el conocimiento íntimo que tenía de las localidades, entre Guanahaní que llama Guanaheini[124] insulam Cubæ vicinam, y las islas que rodean Haïti, hacia el Norte (insulæ quæ Hispaniolæ latus septentrionale custodiunt), y que, á pesar de ser favorables á la pesca y al cultivo, las desdeñaron los españoles como pobres y poco dignas de interés.» (Oceánica, Dec. I, lib. III, pág. 37; Dec. III, lib. IX, página 308.)
Antes de terminar estos minuciosos detalles, relativos á la geografía de los primeros descubrimientos, debo echar la última ojeada al mapa de Juan de la Cosa. Se ven en él las cuatro islas nombradas por Colón antes de llegar á Cuba, pero sólo tres tienen las denominaciones indígenas. La isla sin nombre, situada al Suroeste de Guanahaní es probablemente Santa María de la Concepción. Debería estar situada al Sureste; pero como los indios de Guanahaní que Colón encontró en la isla de Fernandina, habían pasado por la isla de Santa María, se la podía creer en esta misma dirección. La Fernandina está en el mapa de Cosa como Yumai (Exuma ó Ejuma), al OSO. de Guanahaní, en vez de ser al SO. Al Sur de Yumai se ve Someto; es la Isabela de Colón, que también llama Saomete, Samaot y Saomet; finalmente, al Este de Someto (Long Island) y al Sureste de Guanahaní, por tanto, en su verdadera posición, se encuentra la isla Samaná, nombre que ha conservado hasta hoy día.
El mapa de Juan de la Cosa, veintinueve años anterior al de Rivero, presenta estas posiciones de Yumai, Someto y Samaná que Rivero no conocía, y reaparecen en el mapa del siglo XVII del veronés Pablo de Forlani[125]. Juan de la Cosa sitúa al Norte de la Tortuga, una islilla Baaruco, y después una grande con el nombre de Haïti. ¿Será ésta la grande Inagua[126] que en el orden de extensión relativa de las Islas Antillas está situada entre los 12° y 23°, inmediatamente después de Puerto Rico?
La verdadera Haïti tiene por nombre, en el mapa de Juan de la Cosa, Española, que es el que Colón le dió el 9 de Diciembre de 1492. Por regla general no emplea éste el nombre de Haïti en el Diario de su primer viaje de navegación, aunque Manuel Valdovinos, uno de los testigos en el pleito de D. Diego Colón, declara que los habitantes de Guanahaní lo dieron á conocer á los españoles cuando el primer desembarco, el viernes 11 de Octubre de 1492. Cristóbal Colón, Anghiera y todos los escritores contemporáneos sólo emplean las palabras Española ó Hispaniola; Colón sólo menciona Haïti (Hayti) en su segundo viaje, y para aplicar esta denominación á una provincia de la Española, la más oriental y la más próxima á la provincia de Xamana (Samaná). Acaso una islilla próxima á la Española tuviera el mismo nombre que una de las provincias de ésta, porque en el mapa de La Cosa encuentro algo á Sureste de la islilla de Haïti, á que aludimos, otra isla llamada Maguana, nombre que igualmente corresponde á una de las provincias de la Española. (Pedro Mártir, Oceán., Déc. III, lib. VII, pág. 286.)
Cuando las denominaciones geográficas son significativas, indicando, por ejemplo, producciones naturales, determinados objetos de comercio[127] ó una propiedad de la superficie del terreno, pueden repetirse muchas veces donde existe el mismo idioma ó lenguas que se diferencien poco[128]. Desgraciadamente la palabra Haïti en la lengua de esta comarca indica lo que es áspero y montañoso[129], y no puede aplicarse á la isla de la Grande Inagua, cuyas colinas, según las últimas medidas de M. Owen, apenas tienen de 15 á 20 toesas de altura.
No resuelve la dificultad convertir en Iti la islilla de Haïti, de La Cosa; porque el curioso itinerario del obispo Alejandro Geraldini[130], escrito en 1516, dice expresamente que Iti ha recibido el nombre de Española (la Hispana[131], como dice la traducción latina de la carta de Colón al tesorero Sánchez); Iti y Ha-iti son indudablemente sinónimos. Los comentadores de las cartas de Vespucci, para poner á salvo su veracidad en la de 1497, admiten que el navegante florentino estuvo en una isla de Iti, que no es la Española, ó la Iti de Geraldini; sostienen también que Antilia, quam paucis nuper ab annis Christophorus Columbus discooperuit (son las propias palabras de Vespucci en la relación de su segundo viaje), es una tercer isla distinta de las que acabamos de nombrar[132]. Esta hipótesis de la pluralidad de las islas Hiti ó Haïti creo que arroja alguna luz sobre la rareza que advertimos en el mapamundi de Juan de la Cosa; pero el razonamiento en que la hipótesis se funda es tan poco sólido como todo lo demás que se alega en favor de la opinión de que Vespucci hizo su primer viaje en 1497.
Tampoco puedo explicarme las dos banderas con las armas de Castilla y de León que Juan de la Cosa ha colocado con preferencia, no sobre la isla Guanahaní, como debía esperarse á causa de la importancia histórica del primer desembarco y de la primera toma de posesión, sino sobre Yumai (la Fernandina) y sobre la pequeña isla de Haïti. Ninguna otra isla de todo el archipiélago de las Antillas tiene pabellones ó banderas de colores; y en las costas del continente inmediato hacia el Sur y el Norte la distribución de estas banderas parece también puramente accidental. Su verdadero objeto es sin duda impedir que se confundan los descubrimientos españoles de Colón, Ojeda y Vicente Yáñez Pinzón, con los descubrimientos ingleses de Sebastián Cabot.