Guanahaní está alejado más de 3° ½ en latitud de las costas de Cuba. Colón no fué directamente de Guanahaní á estas costas, sino navegó de Guanahaní á Concepción, de Concepción á Fernandina y de Fernandina á Isabela. Empleó además tres ó cuatro días para venir de Isabela al puerto de San Salvador de la isla de Cuba. El Diario del Almirante indica minuciosamente los frecuentes cambios de rumbos y las distancias recorridas en algunas de las rutas, pero no cita todas. Según Rennell y Owen, las corrientes se dirigen, 2° de Guanahaní al SE., cerca de Guanahaní, hacia el Sur de la Punta Columbus, al OSO. y al occidente de Guanahaní, en el canal entre Guanahaní y la Grande Exuma, al NNO. Más lejos, al Sur de Yuma ó Isla Larga, sobre todo en el Viejo Canal de Bahama, hacia las costas de Cuba, la dirección de las corrientes es de ONO. Singlando con frecuencia contra la corriente de las aguas y casi del viento, debió experimentar el Almirante el doble efecto de las corrientes y de la desviación; pero á pesar de estas incertidumbres, me parece que el Diario del gran navegante en los días 18 al 28 de Octubre de 1492 prueba, cuando se le examina atentamente, que Guanahaní está próximamente un grado al Oeste del meridiano de Punta Maysi.
He aquí los datos parciales que inducen al mismo tiempo á reconocer en la carta de Juan de la Cosa las cuatro primeras islas descubiertas por Colón.
El 15 de Octubre fué el Almirante de Guanahaní á Concepción, pasando cerca de otra isla situada al Este de Concepción. No dice el Diario cuál fué el rumbo desde Guanahaní á esta segunda isla; y la frase la marea me detuvo, podría hacer creer, como observa muy bien Mr. Washington Irving, ó mejor dicho, el oficial de la marina de los Estados Unidos que le proporcionó el excelente artículo sobre el lugar del primer desembarco, que la ruta fué á SE. Confirma esta opinión la posición de la isla, que aun hoy día se llama Concepción, y que probablemente es la misma á la cual puso el Almirante el nombre de Santa María de la Concepción. Don Fernando (Vida del Alm., cap. 24) da como distancia total de Guanahaní á Concepción siete leguas, y según nuestras mejores cartas es, en efecto, de 20 millas marinas, siendo el rumbo SSE. desde la Punta Columbus. Estando esta Punta unos 10′ en arco más occidental que el centro de Concepción, la incertidumbre en que deja el Diario de navegación del Almirante no es de grande importancia para la diferencia de longitud de Guanahaní y de un punto cualquiera de la costa septentrional de Cuba.
Desde la isla Santa María de la Concepción navegó Colón al Oeste, para arribar á una isla mucho más grande, que llamó Fernandina en honor del rey Fernando el Católico. Distaba de Santa María de ocho á nueve leguas. Á mitad del camino encontró Colón una canoa (almadia) de Guanahaní, que había tocado en Concepción para ir á Fernandina, y esta circunstancia pudo hacer creer á los tripulantes de los barcos de Colón que la isla de la Concepción estaba situada al Oeste de Guanahaní.
En todas estas islas Lucayas la fuerza de la vegetación respondía entonces á la frecuencia de las lluvias. Esta relación entre la humedad del aire y la sombra de los grandes árboles llamaba especialmente la atención del Almirante en las costas de Jamaica, que los indígenas llaman Yamaye. Admirado al ver la extensión de los bosques que cubren las Montañas azules, dice juiciosamente (Vida del Alm., cap. 58), que cuando se descubrió Madera, las Canarias y las Azores llovía mucho en aquellas islas, y que, en su tiempo, sufrían ya la sequía por haber talado gran parte de los bosques.
La cuarta isla que descubrió Colón fué Saometo (Saomet, Saometro) ó Isabela, nombrada así en honor de Isabel de Castilla, la isla adonde es el oro. Claramente dice en el Diario (17 de Octubre) que Saometo está al Sur ó Sureste de Fernandina. Dos días después, el 19 de Octubre, encuéntrase también indicado el rumbo de SE., y después de tres horas de ruta en esta dirección, se navega unas dos horas hacia el E. La dirección SE., ó más bien ESE., de Fernandina á Isabela paréceme, pues, cierta[113], aunque Muñoz (lib. III, § 13), fundándose en los mismos documentos, dice ser SO.
Réstanos el examen de la travesía de Isabela á Cuba, por la cual la primera de dichas islas se relaciona con un punto fácil de conocer en la segunda. Escuchemos primero á Colón, que, en su Diario, anuncia con toda solemnidad su salida para la gran isla de Cipango (Zipangu, no Zipangrí, como dicen las malas ediciones de Marco Polo), que los indios llaman Colba (Cuba). «De allí tengo determinado ir á la tierra firme y á la ciudad de Guisay (Quinsaï ó Hangtcheufu[114], en China) y dar las cartas de Vuestras Altezas al Gran Khan, y pedir respuesta y venir con ella.» Estas cándidas ilusiones las originaban las relaciones de los viajeros venecianos: son recuerdos del siglo XIII, de la época en que la dinastía de los Tchinghis llegó al máximum de su poder, cuando Khubilaï-Khan, hermano del Khan Manggu, intentó la expedición al Japón. Ya he dicho que Colón jamás cita el nombre de Marco Polo; pero conocía, por su correspondencia con Toscanelli y por las noticias propaladas en las ciudades comerciantes de Italia, lo que desde Marco Polo hasta Conti se supo de la riqueza y poderío del Khatay. «Esta noche á media noche (el 24 de Octubre), continúa diciendo Colón, levanté las anclas de la isla Isabela, de cabo del Isleo, ques de la parte del Norte adonde yo estaba posado, para ir á la isla de Cuba, adonde oí de esta gente que era muy grande y de gran trato y había en ella oro y especerías y naos grandes y mercaderes; y me amostró que al Ouesudueste iría á ella, y yo así lo tengo, porque creo que si es así, como por señas que me hicieron todos los indios de estas islas (las Lucayas) y aquellos que yo llevo en los navíos, porque por lengua no los entiendo, es la isla de Cipango, de que se cuentan cosas maravillosas, y en las esperas (¿esferas?) que yo vi y en las pinturas de mapamundos es ella en esta comarca (Cipango, el Japón, donde reinaba entonces un daïrio tan pobre, que no se le pudo enterrar[115] decentemente), y así navegué fasta el día al Ouesudueste, y amaneciendo calmó el viento y llovió, y así casi toda la noche, y estuve así con poco viento fasta que pasaba de mediodía, y entonces tornó á ventar muy amoroso. Así anduve el camino fasta que anocheció, y entonces me quedaba el Cabo Verde de la isla de Fernandina, el cual es de la parte de Sur á la parte del Oueste; me quedaba al Norueste y hacía de mí á él siete leguas.» También en los días siguientes del 25 al 28 de Octubre el Diario de ruta marca los rumbos OSO., O. y SSO., con los cuales se reconoció primero las Islas de Arena y después la desembocadura de un río, un hermoso puerto rodeado de palmeras, que Colón llamó el Puerto de San Salvador, y que Navarrete cree ser el puerto de Nipe. Dominado constantemente Colón por sus ilusiones de geografía sistemática, creyó oir de boca de los indígenas que á este puerto de San Salvador llegaban los barcos del Gran Khan.
La isla de Cuba, la quinta de las primeras islas descubiertas por los españoles, recibió entonces el nombre de Juana, en honor del infante D. Juan, hijo mayor de Fernando el Católico, que falleció á los diez y nueve años, y cuya precoz muerte tan grande influencia ejerció en los destinos del género humano. El hijo del Almirante dice que su padre, para satisfacer igualmente la memoria espiritual y temporal, observa, en la serie de los nombres puestos á sus primeros descubrimientos, riguroso orden de preferencia, empezando por las personas celestiales, el Salvador y la Santa Virgen, y después el Rey, la Reina y el infante D. Juan, á quienes correspondió la parte más importante. La posteridad sólo ha respetado los dos primeros de estos nombres, correspondientes á islotes sin importancia y casi sin población. Diez y siete años después de la muerte del hermano de Juana la Loca, en 1514, ordenóse por una Real cédula que Cuba, en vez de Juana, se llamara Fernandina, y Jamaica Santiago (Herr. Dec. I, lib. X, c. 16).
La gran probabilidad de la opinión de Muñoz, para quien la isla Isabela es la Isla Larga, y la indicación de algunos islotes (Islas de Arena) que Colón vió la víspera de su llegada á Cuba, hacen creer que el desembarco se verificó, no en la bahía de Nipe, sino á 1° 42′ más distante, al Oeste de la punta de Maternillos, acaso á la entrada de Carabelas grandes, que en mi mapa de Cuba (edición de 1826) se llama Boca de las Carabelas del Príncipe, cerca de la isla Guajaba. Este es el resultado obtenido por el oficial de marina de los Estados Unidos, cuyas juiciosas observaciones consignó Washington Irving. Por medio de una sencilla construcción gráfica se prueba que con los rumbos y las distancias antes indicadas, según el Diario de Colón, el punto de estima del arribo no corresponde al puerto de Nipe, y que las Islas de Arena no son los cayos de Santo Domingo, á la extremidad SE. del Gran Banco de Bahama, sino los peligrosos islotes Mucaras, en el meridiano de la Punta Maternillos. Para ver primero la tierra de Nipe al SSE. de la Punta de Mulas, hubiera sido preciso navegar desde la Isla Larga hacia el SSO. (distancia casi de 2° ¼ de latitud), mientras la construcción gráfica prueba que la dirección media era casi OSO., y la acción de la corriente debía impulsar el rumbo aun más hacia el O. ¼ SO. Ahora bien; si el puerto de San Salvador y las Islas de Arena son las Carabelas grandes y los islotes Mucaras, resultará, conforme á las indicaciones del mismo Colón, que Guanahaní estará algo más de un grado al Oeste del cabo Maysi, lo que no dista mucho de su verdadera posición, porque Guanahaní (cabo SE.) se encuentra á 77° 37′, y el cabo Maysi á 76° 27′.
El resultado de la posición que hemos deducido de los itinerarios del 20 al 28 de Octubre, lo confirma otra indicación del yacimiento de las islas Isabela y Guanahaní con relación á Puerto Príncipe, que accidentalmente contiene el Diario de navegación en los días 29 de Octubre y 20 de Noviembre. Colón navega primero siete leguas[116] al NNE., después diez y ocho al NE. ¼ N. Desde allí no quiso ir (según dice el extracto de Las Casas) á la isla Isabela, que sólo distaba doce leguas, porque temió la deserción de los intérpretes indios de Guanahaní, quienes, desde Isabela, sólo distaban ocho leguas de su patria. Conforme á estos datos, la distancia desde Puerto Príncipe, llamado con frecuencia Puerto de Nuevitas[117] ó de las Nuevitas del Príncipe (long. 79° 30′), para distinguirla de la Boca de las Carabelas del Príncipe (long. 79° 49′), á la isla Isabela es 37 leguas, y á Guanahaní 45, ó reduciendo las leguas de Colón á verdaderas millas marinas, 127 y 154. El error es, por tanto, según el mapa de Owen, para Isabela de 18 millas y para Guanahaní de 30[118], es decir, de 1⁄7 y 1⁄5, y cartas marinas modernas hay que difieren respecto á la isla Guanahaní ó San Salvador casi en una cantidad tan considerable. La dirección de la ruta que da Colón por punto de estima en la mañana del 20 de Noviembre (los rumbos hacia la Isabela y Guanahaní no los menciona en este momento) es también satisfactoria. La ruta seguida desde Puerto Príncipe á la Isla Larga era, como acabamos de ver, entre NE. ¼ N. y NNE. El verdadero rumbo sería, pues, NE. Cuando se reflexiona sobre el efecto de las corrientes y sobre la perfecta ignorancia de la variación magnética en los tiempos de Colón, sorprende una concordancia debida en parte á felices compensaciones de errores.