Las emigraciones de los pueblos, las expediciones guerreras en el interior de un continente, las comunicaciones por medio de caravanas y por caminos invariablemente seguidos desde hacía siglos, sólo produjeron efectos parciales y generalmente menos duraderos. Las expediciones más lejanas fueron devastadoras, recibiendo el impulso de los que nada tenían que añadir á los tesoros de la inteligencia ya acumulados.

En cambio los acontecimientos de fines del siglo XV, separados sólo por un intervalo de seis años, preparáronse largo tiempo durante la Edad Media, que á su vez había sido fecundada por las ideas de los siglos anteriores y excitada por los dogmas y los ensueños de la geografía sistemática de los helenos. Desde esta época la unidad homérica del Océano hace sentir su feliz influencia en la civilización del género humano. El elemento móvil que baña todas las costas llega á ser el lazo moral y político; y los pueblos de Occidente, cuya inteligencia activa ha creado este lazo y comprendido su importancia, se elevan á una universalidad de acción que determina la preponderancia del poder en el globo.

La gloria popular de Cristóbal Colón conservó todo su esplendor hasta el fin de su tercer viaje, cuando llegó á la tierra firme de Paria.

La cuarta expedición, en que el Almirante desplegó más que en las anteriores la energía de su carácter y la habilidad de marino, no pudo producir grande efecto, pues, aunque extendió las primeras nociones positivas de un mar al Occidente de Veragua, no consiguió su principal objeto: el descubrimiento de un paso directo, el secreto del estrecho.

Dos años antes, Rodrigo de Bastidas (que partió de Cádiz en Octubre de 1500), después de pasar más allá del Cabo de la Vela, y de descubrir las costas de Santa Marta, el Río Sinu y el golfo de Darien, había llegado en el istmo de Panamá hasta el Puerto de Escribanos y Nombre de Dios.

La importancia de los descubrimientos, que continuaron rápidamente desde 1497; el viaje de Gama á Calicut, cuyas consecuencias hiciéronse sentir en seguida en el comercio del mundo; la tardía acumulación de los metales preciosos de América; los trabajos de Cabral y de Solís; el descubrimiento del mar del Sur por Balboa, siete años después de la muerte de Colón, distrajeron el interés público é hicieron olvidar por largo tiempo al que había dado el impulso á estas maravillosas empresas.

Pedro Mártir de Anghiera, como lo prueban las fechas de muchas de sus cartas, encontrábase en Valladolid, desde el 10 de Febrero al 26 de Abril, en el mismo punto donde habitaba entonces su amigo Colón, atacado de enfermedad mortal, y ni menciona la dolencia, ni da cuenta de la muerte del grande hombre, cuya noticia debió saber en Astorga ó en la Coruña. El naufragio del archiduque Felipe, su llegada á La Coruña y las cuestiones entre yerno y suegro eran, al parecer, lo único que inspiraba interés á Anghiera.

De igual manera Fracanzio de Montalboddo no conoció hasta 1507 el cuarto viaje del Almirante, comenzado en 1502, y mucho menos su muerte. Fracanzio vivía, sin embargo, en Vicenza, y las comunicaciones entre España é Italia eran, por desgracia, demasiado frecuentes, porque la Lombardía sufría el yugo de los franceses y las Dos Sicilias el de los españoles.

Encuentro en la traducción latina cuyo prefacio firmó Madrignano el 1.º de Junio de 1588, «que hasta dicho día Cristóbal Colón y su hermano[216], libres ya de los grillos, vivían honrados en la corte de España.»