Cuando, con arreglo al tratado de paz de Basilea de 1795, fué cedida á Francia la parte española de esta isla, el duque de Veragua, heredero de los bienes de Cristóbal Colón, quiso que las cenizas del héroe descansaran en tierra sometida á España y, á fin de conseguirlo, envió dos comisarios, los Sres. Oyarzábal y Lacanda, á Santo Domingo, para tratar con las autoridades que iban á salir de allí. Los comisarios encontraron poderoso apoyo en los patrióticos sentimientos del almirante D. Gabriel de Aristizábal, cuya escuadra se había concentrado en aquellas costas.
La traslación de los restos de Colón se verificó con gran pompa el 20 de Diciembre de 1795. Dice una relación oficial, que «se abrió[213] una bóveda que estaba sobre el presbiterio, al lado del Evangelio, pared principal y peana del altar mayor». En ella se encontraron algunos pedazos de planchas de plomo, restos de un ataúd, mezclados con pedazos de huesos, de canillas y otras varias partes de algún difunto. El buque San Lorenzo trasportó estos restos á la Habana, donde, el 19 de Enero de 1796, hubo otra pompa fúnebre en el puerto, en el muelle de la Caballería, en la plaza de Armas, cerca del Obelisco, donde se celebró la primera misa cuando la fundación de la ciudad, y en la Catedral.
En el territorio de los Estados Unidos, cuyo descubrimiento marítimo se debe á Sebastián Cabot, á Corteral, Ponce de León, Ayllón y Verrazano, hay más de veinte localidades que llevan el nombre de Colombus, Columbia y Columbiana. Después de fundar la independencia de la América del Sur, Bolívar enalteció la fama de sus victorias uniendo el gran nombre de Cristóbal Colón á una república cuya superficie es seis veces mayor que España; pero estas pruebas tardías de público agradecimiento recuerdan un género de homenajes prodigados con demasiada frecuencia á nombres que merecen poco respeto de la posteridad. Que se atraviese el Nuevo Continente desde Buenos Aires hasta Monterrey, desde la isla de la Trinidad hasta Panamá, y en ninguna parte se encontrará un monumento nacional de alguna importancia elevado á Cristóbal Colón. De esta ingratitud participan también España é Italia[214].
Durante mi permanencia en la Habana he preguntado algunas veces al almirante Aristizábal si, al abrir la bóveda que contenía los restos de Colón, se encontraron los grillos que, según dice su hijo, ordenó colocar en su tumba. El almirante Aristizábal y otras personas que asistieron á la exhumación, con el más vivo interés, me aseguraron no haber visto nada que indicara la presencia de hierro oxidado. ¿Los quitaron en la traslación de Valladolid á Sevilla, ó de Sevilla á Santo Domingo ó no fué obedecida una orden verbal, cuya ejecución podía lastimar la susceptibilidad de una Corte que pretendió haber sido extraña á las violencias ejercidas por Bobadilla, y que exigía testimonios de afecto de los mismos á quienes secretamente oprimía?
En los testamentos de Colón háblase de la construcción de una capilla en la Vega de la Concepción de Haïti, destinada á hacer decir diariamente misas por el descanso de su alma, de la de su mujer y de las de sus parientes; pero no se designa el sitio de su enterramiento. Fernando Colón nada dice de la traslación de los restos de su padre á Haïti, lo cual es una prueba más de que terminó su historia antes de 1536.
Las tres grandes figuras que fijan la atención con vivo interés en la historia del Nuevo Mundo, antes de la gloria de Washington y de Franklin, son: Cristóbal Colón, Cortés y Raleigh. Hombres de los siglos XV y XVI, pertenecientes por su origen á tres naciones distintas, cada uno de ellos tiene su fisonomía especial: en Colón sobresale la audacia del navegante lanzado á la carrera de los descubrimientos; Cortés es el conquistador y profundo político, y Raleigh ejerce una influencia inmensa en los destinos del género humano, por la colonización de Virginia. Todos ellos sufrieron grandes adversidades al fin de su vida. Cortés, después de errar largo tiempo por el mar del Sur, vióse expuesto como Colón al injurioso olvido de una Corte en que predominaba el disimulo y la ingratitud.
Más desgraciado que ellos, nacido cinco años después de la muerte del conquistador de Méjico, preséntasenos Raleigh bajo la influencia de una civilización y de una depravación de costumbres más modernas. Las victorias marítimas que ilustraron su siglo, los descubrimientos geográficos, el establecimiento de colonias cuya latitud favorecía los mismos cultivos de la metrópoli, son los títulos de gloria de Walter Raleigh. Mezclado á las sanguinarias intrigas de dos reinados; amigo de las letras y del geómetra Harriot, vemos á este hombre extraordinario repartir su tiempo en la prisión de Tower entre el estudio de la Historia del Mundo que él reconstruye y las operaciones químicas de un laboratorio[215].
Gran distancia hay entre las composiciones teológicas de Cristóbal Colón que contiene el Libro de las profecías, y las composiciones poéticas y las grandes miras de hombre de Estado de Raleigh, y si no es producto del progreso de los tiempos, al menos se debe á la diferencia de épocas, de costumbres y de opiniones desde 1501 hasta 1618, en que fué decapitado á los sesenta y seis años de edad el fundador de la memorable colonia de Roanoke.
Cristóbal Colón, Cortés y Raleigh han probado que el genio sólo reina en lo porvenir, y que su poder es tardío. Durante algún tiempo excitaron al más alto grado la admiración de sus contemporáneos; pero la benevolencia pública les abandonó en su vejez; si se acordaron de ellos fué para afligirles en su aislamiento. El siglo que les vió nacer no comprendió los cambios que su acción sucesiva iba á producir en el estado de los pueblos de Occidente. Lo que influyen estos pueblos en todos los puntos del globo, donde simultáneamente se hace sentir su presencia y, por tanto, la preponderancia universal que ejercen, data sólo del descubrimiento de América y del viaje de Gama. Acontecimientos ocurridos en el corto período de seis años (1492-1498) han determinado, por decirlo así, el repartimiento del poder en la tierra. Desde entonces el poder de la inteligencia, geográficamente limitado, pudo emprender libre vuelo, encontrando rápido medio de extenderse, de mantener y de perpetuar su acción.